
Con muchas películas que pueden acceder a los premios de las competencias dentro de una muy buena selección, la 37ma. edición del Festival de Mar del Plata, dedicada a la figura de Leonardo Favio, llega a su fin. Este sábado es la ceremonia de premiación y el domingo 13, la última jornada de proyecciones. Pese a las dificultades pandémicas, presupuestarias y de todo tipo, se trató de una valiosa edición, llena de grandes films, descubrimientos, confirmaciones y sorpresas.
En lo que respecta a las secciones que ofrecen premios, la Competencia Internacional se destacó por un sólido grupo de cuatro películas argentinas, más y mejores que las que habitualmente se ven allí, en especial al tratarse de estrenos mundiales sin reconocimiento previo en festivales del exterior. Son, a la vez, películas de cuatro jóvenes realizadores, todos ellos transitando su segunda película.
Cambio cambio, de Lautaro García Candela, acaso la mejor de las cuatro, trae a la memoria clásicos como Nueve reinas al contar las vidas de un grupo de jóvenes que trabajan de “arbolitos” en el microcentro porteño. Se trata de un drama con toques policiales en el que los protagonistas se enredan en una complicada situación cuando intentan ganar dinero con las subidas y bajadas del dólar para poder viajar al exterior, algo que termina siendo más difícil de lo que suponían.
Adaptada de la popular novela de Pedro Mairal, La uruguaya, de Ana García Blaya, se centra también en el movimiento de dólares, solo que acá el eje pasa por un escritor que tiene que ir a buscarlos al Uruguay y, de paso, encontrarse con una chica con la que mantiene un affaire virtual. A lo largo de un día lleno de curiosas peripecias, la película pasa de comedia romántica a un thriller que pone el acento en las absurdas decisiones que va tomando su protagonista.
Tres hermanos, de Francisco J. Paparella, también funciona a mitad de camino entre el drama y el thriller, solo que en un marco patagónico. Acá se cuenta la tensa relación entre tres hermanos adultos, problemáticos y violentos, que lidian con un pasado familiar difícil y con dificultades generadas por los desastres naturales que ponen en peligro su subsistencia económica. Una película dura e intensa que pone en discusión tóxicos conceptos de la masculinidad clásica.
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El rostro de la medusa parte también de un concepto apto para un film de género pero su directora, Melisa Liebenthal, elige contarlo desde un costado entre cómico y experimental. Todo empieza cuando la protagonista se levanta y se da cuenta de que su cara ha cambiado, que no luce como siempre. No es una leve diferencia, sino que directamente es la cara de otra persona. A partir de esta rara situación la película –que, a su manera, analiza cuestiones ligadas a la identidad– sigue las desventuras de esa chica tratando de adaptarse (o no) a su nuevo rostro mientras los que la rodean tampoco saben muy bien qué hacer.
Además de la muy sólida presencia argentina tienen chances de pelear por el Astor de Oro películas como la portuguesa Lobo e cão, de Cláudia Varejão, drama acerca de dos adolescentes queer que viven en un pueblo muy tradicional de las Islas Azores; la brasileña Saudade fez morada aqui dentro, de Haroldo Borges, centrada en un adolescente bahiense que está perdiendo de a poco la vista; y How to Blow a Pipeline, de Daniel Goldhaber, thriller centrado en un grupo de jóvenes ambientalistas que se reúne con la intención de destruir un oleoducto en Texas. Como siempre, la selección de los premios dependerá de los jurados, cuyas elecciones muchas veces tienden a ser un tanto caprichosas.

Una competencia con excelentes títulos –quizás la mejor, en términos estrictos– fue la latinoamericana. Allí tienen chances de pelear por premios la ambiciosa película argentina de cuatro horas Trenque Lauquen, de Laura Citarella; el explosivo drama político brasileño Mato seco en chamas, de Adirley Queiros y Joana Pimenta; el duro documental colombiano Anhell69, de Theo Montoya; el film de terror mexicano Huesera, de Michelle Garza Cervera y el drama familiar costarricense Tengo sueños eléctricos, de Valentina Maurel, dentro de una selección de muy alta calidad.

Otros diez títulos estuvieron en la Competencia Argentina, bastante ecléctica, en la que participaron films de muy distintos formatos, tonos y temas. Sin dudas la película más ambiciosa fue Sobre las nubes, de María Aparicio, un drama de dos horas y media sobre las vidas de un grupo de diversos personajes que viven en la ciudad de Córdoba, una película que, de no haber tenido un estreno mundial previo, debería haber estado en la competencia internacional.
Más allá de esa obvia candidata a ganar la sección, hubo muchas películas valiosas como la poética El amor es un incendio forestal, de Laura Spiner; la comedia absurda Hace mucho que no duermo, de Agustín Godoy; y los documentales Herbaria, de Leandro Listorti; Náufrago, de Martín Farina y Willy Villalobos; Luminum, de Maximiliano Schönfeld y Te prometo una larga amistad, de Jimena Repetto, todos muy distintos entre sí.

En el festival, que este sábado presenta el estreno de Hasta los huesos, la nueva película del realizador italiano Luca Guadagnino (Llámame por tu nombre), se exhibieron muchos de los títulos más importantes vistos en festivales a lo largo del año, algunos de los cuales llegarán a las salas cinematográficas en los próximos meses mientras que otros (como Pinocho, de Guillermo del Toro, o El prodigio, de Sebastián Lelio, entre otras) se verán en distintas plataformas de streaming. Entre los grandes títulos que se vieron aquí estuvieron As bestas, de Rodrigo Sorogoyen; No Bears, de Jafar Panahi; Pacifiction, de Albert Serra; Un beau matin, de Mia Hansen-Løve; Walk Up, de Hong Sangsoo; Los espíritus de la isla, de Martin McDonagh; Alcarrás, de Carla Simón y Unrest, de Cyril Schäublin.
Entre los eventos y los invitados más convocantes estuvieron el realizador estadounidense John McTiernan, que habló con el público y presentó a sala llena sus clásicos Duro de matar y Depredador; la presentación de la película argentina El efecto Tangalanga, ficción inspirada en la vida del famoso comediante; el premio a la carrera a Ricardo Darín (con presentación de Argentina, 1985″ ante una sala colmada) y la retrospectiva de Leonardo Favio, del que se vieron en copias fílmicas tres de sus grandes clásicos: El dependiente, Juan Moreira y Nazareno Cruz y el lobo. Con estos films y los clips que se veían al comienzo de cada proyección, el gran Favio fue, a diez años de su fallecimiento, la indudable figura del festival.
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