La Semana del Arte en Buenos Aires interviene el paisaje urbano e invita a redescubrir la ciudad

Hasta el martes 4, el espacio público de la capital argentina luce trastocado. Obras de gran tamaño y diversa concepción estética, que abarcan la pintura, la escultura, la fotografía y la performance, modifican la perspectiva cotidiana

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A pocos metros del Monumento a Simón Bolívar, cuatro antiguos faroles se levantan formando los vértices de un cuadrado e iluminando un colorido barril metálico sujeto por cadenas, el “tambor oscilante” de las plazas de juegos infantiles, más conocido como el “caballito”, entre niñas y niños que disfrutan de su desequilibrio controlado. En este caso, sin embargo, se ubica varios centímetros por encima de la altura de la vista, cancelando toda posibilidad de sentarse sobre su superficie. De noche, las lámparas lo tiñen de un amarillo brillante proveniente del vapor de sodio, sustancia que antiguamente alimentaba al alumbrado público. Mientras tanto, el resto del equipamiento lumínico del parque destella rayos led, en tonos fríos.

“El Caballito fuga hacia un espectro fuera de uso” –comenta el artista y dramaturgo Julián D’Angiolillo, creador de esta pieza, que llamó Un caballito se escapa (2006). Y prosigue: “Desde arriba gradúa el horizonte cubierto por la implosión inmobiliaria, chillando en sigilo”. Realizada con materiales reciclados a partir de una investigación histórica sobre el Parque Rivadavia, ahora la obra se repone en ese mismo parque en el marco de la Semana del Arte (SDA), en marcha hasta el martes 4 de octubre. Paseantes y transeúntes se toparán en esos días con extraños objetos de grandes dimensiones en emplazamientos que se integran al tejido urbano, pero modificando la perspectiva cotidiana sobre los espacios que suelen frecuentar o proporcionando una excusa para alterar los trayectos habituales.

Julián D’Angiolillo, Un caballito se escapa, 2006, ensamblaje, postes de alumbrado público, hierro, farolas con lámparas de sodio, cadenas y barril, 200 x 200 x 350 cm. Vista de instalación en Parque Rivadavia. (Foto: Ary Gutiérrez. Gentileza de SDA)
Julián D’Angiolillo, Un caballito se escapa, 2006, ensamblaje, postes de alumbrado público, hierro, farolas con lámparas de sodio, cadenas y barril, 200 x 200 x 350 cm. Vista de instalación en Parque Rivadavia. (Foto: Ary Gutiérrez. Gentileza de SDA)

Este gran evento de arte público organizado por el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires aspira a “redescubrir la Ciudad a través de 10 obras de artistas locales”, seleccionados entre más de 300 proyectos a través de una convocatoria abierta. En 2022 conformaron el comité evaluador la curadora Carla Barbero; el artista visual ganador de Semana del Arte 2021, Luis Terán; y el arquitecto y subsecretario de Paisaje Urbano, Juan Pablo Vacas. Para Barbero, se trata de una oportunidad para “pensar la dimensión ciudadana de las prácticas artísticas”; Terán sostiene que este tipo de convocatorias “son esenciales para instalar diálogo entre lxs transeúntes de la ciudad y el trabajo de lxs artistas contemporáneos”; y Vacas enfatiza el crecimiento del evento, que “quedó demostrado en la pluralidad y calidad de las propuestas.” La selección de obras explora diversas técnicas y estrategias, que abarcan la pintura, la escultura, la fotografía y la performance, entre otras. Además, durante la semana, un mediador o mediadora permanece en cada locación para dialogar con el público interesado.

En la histórica Plaza de Mayo se ubica Mi Sueño (2022), del colectivo artístico de Benjamín y Felipe Álvarez, un emprendimiento que surgió en el marco de la plataforma de experimentación e investigación en arte, economía y trabajo “Las deudas”. Con forma de carro, se presenta como un mercado alternativo, un almacén y una galería de arte ambulante, generando un espacio de comercialización para artistas que se encargan de la producción de bienes de consumo, al tiempo que permite que productores de este tipo de mercaderías puedan introducirse en el mercado del arte. Durante la SDA, ofrece obras con certificado de autenticidad a un precio justo y otros artículos elaborados artesanalmente, haciendo prevalecer su carácter estético. Puede visitarse el primer fin de semana de octubre de 14 a 20.

Otro colectivo artístico, Tótem Tabú, de Hernán Soriano, Malena Pizani y Laura Códega, presenta Pira de la gran bruja (2019), una escultura monumental que se levanta en el Jardín Botánico porteño, representando un personaje femenino sobre ramas secas. “La figura de una mujer exaltada, poderosa, sexualizada y autónoma fue combatida a lo largo de la historia hasta verse convertida en cenizas. Cualquier mujer que saliera de los estrictos roles sociales prescriptos para ella podía ser considerada una bruja. Así, un espectro muy variado de mujeres se convirtió en víctima de la persecución y el exterminio” –subraya el grupo–. En exposición hasta el martes 4 de octubre de 14 a 18 en Av. Santa Fe 3951 (lunes cerrado).

Totem Tabú, Pira de la bruja, 2019, escultura monumental, madera, yeso, alambre, leña y ramas, 200 x 200 x 400 cm. Vista de exhibición en Jardín Botánico (Foto: Ary Gutiérrez. Gentileza de SDA)
Totem Tabú, Pira de la bruja, 2019, escultura monumental, madera, yeso, alambre, leña y ramas, 200 x 200 x 400 cm. Vista de exhibición en Jardín Botánico (Foto: Ary Gutiérrez. Gentileza de SDA)

Ricas, el dúo que forman Clara Campagnola y Dana Ferrari, creó Plantasía (2022), dos arcos o “portales” instalados en el hall del entrepiso del Teatro San Martín. Las piezas parten de un registro ornamental de tradición barroca, un encadenamiento multicolor de flores y plantas, que incorpora objetos de diferente procedencia, prescindiendo de materiales tradicionales en favor de objetos precarios y de reciclaje, además de las producciones de niños y niñas que han participado de los talleres de escenografía Pluto, que las artistas desarrollan en el Barrio Fraga. “Estos portales tienen la capacidad de deconstruir el lugar en que se erigen coyunturalmente, para resignificarlo” –dicen–. Hasata el 4 de octubre de 14 a 20 en Corrientes 1530.

En otro teatro porteño, ubicado en el barrio de La Boca, el colectivo abierto de artistas Esmeralda Mugre, que nació en 2020 de la unión de Mdanielapr y Dagurke, explora la teatralidad y la belleza oculta en las calles de la ciudad. En este caso, exhiben su proyecto fotográfico Cartoneros de 11 (2021) que busca visibilizar a recuperadores urbanos. Exponen cinco retratos individuales y dos puestas en escena creadas con los trabajadores, a quienes se les propuso imaginar cómo les gustaría ser retratados. Las imágenes dan cuenta de este intercambio, con puestas en escena construidas con Endi Ruiz y el dúo Ricas. En Teatro de la Ribera, Pedro de Mendoza 1821, hasta el martes 4 de octubre de 14 a 20.

En el mismo barrio, Verónica Gómez expone Los misterios de Udolfo (2016), un óleo de gran formato basado en la lectura del libro del mismo nombre de la escritora británica Ann Radcliffe. La artista procedió a anotar aquellas descripciones de la atmósfera y el paisaje que daban cuenta del estado mental de los personajes de la novela mientras que, sin boceto previo, iba realizando la pintura, que ahora exhibe en Colón Fábrica, acompañada de sus notas. Hasta el domingo 2 de octubre de 15 a 18 en Avenida Don Pedro de Mendoza 2163.

Verónica Gómez, Los misterios de Udolfo, 2016, óleo sobre lienzo, 200 x 500 cm y citas del libro de Ann Radcliffe, 15 páginas de 22 x 34 cm cada una. Vista de instalación en Colón Fábrica (Foto: Gentileza de SDA)
Verónica Gómez, Los misterios de Udolfo, 2016, óleo sobre lienzo, 200 x 500 cm y citas del libro de Ann Radcliffe, 15 páginas de 22 x 34 cm cada una. Vista de instalación en Colón Fábrica (Foto: Gentileza de SDA)

En la zona de Abasto, Silvina Babich instaló Urdimbre (2022), un enorme tejido de fibras de mimbre que interviene la fachada del Centro Cultural El Zorzal. La obra parte de las ramas de un árbol que crece sobre la vereda y trepa por los balcones del primer piso, extendiéndose en complejas ondulaciones enramadas que recuerdan el capricho de las plantas y de las costas, con la intención de descontracturar el estrato urbano, generando un diálogo con el entorno. Hasta el martes 4 de octubre de 14 a 20 en Zelaya 3002.

Silvina Babich, Urdimbre, 2022, tejido en mimbre. Vista de instalación en Centro Cultural El Zorzal (Foto: Mauricio Sandoval Ron. Gentileza de SDA)
Silvina Babich, Urdimbre, 2022, tejido en mimbre. Vista de instalación en Centro Cultural El Zorzal (Foto: Mauricio Sandoval Ron. Gentileza de SDA)

También hay exhibiciones en el transporte público: Nina Kovensky muestra los registros de Interferencias, una serie de intervenciones performáticas realizadas en subtes y otros medios de locomoción entre 2018 y 2022 en una propuesta de “habitar el espacio público de manera reflexiva”. Las exhibiciones se realizan en el último vagón y se anuncian públicamente con los horarios de salida del tren. En Subterráneos de Buenos Aires (SBASE), hasta el martes 4 de octubre de 14 a 20.

Se suma como espacio de exhibición la estación Lima de la línea A, donde Andrés Piña presenta una serie de esculturas realizadas a partir de objetos corrientes, pero generando parentescos visuales con el sistema óseo (Sin título, 2022). El montaje emula una vidriera deshabitada, estableciendo a su vez un paralelismo entre las alteraciones de una ciudad y los síntomas de una enfermedad en el cuerpo de sus habitantes. Hasta el martes 4 de octubre en la intersección de Avenida de Mayo y Lima.

Lolo y Lauti, Fechorías, 2021, video instalación, obelisco de madera con pintura poliuretánica, proyector, media player. Vista de instalación en Casa de la Cultura (Foto: Mauricio Sandoval Ron. Gentileza de SDA)
Lolo y Lauti, Fechorías, 2021, video instalación, obelisco de madera con pintura poliuretánica, proyector, media player. Vista de instalación en Casa de la Cultura (Foto: Mauricio Sandoval Ron. Gentileza de SDA)

A pocos metros, el dúo Lolo y Lauti presenta su video-instalación Fechorías (2021), que definen como “una oda a la noche porteña ligada a la escena del teatro de Avenida Corrientes”. En medio de la sala, una réplica del Obelisco porteño “observa” una proyección en que un grupo de bailarines se mueve al ritmo de una música silenciada portando sobre sus cabezas a los edificios más emblemáticos de la ciudad, “un skyline performático que le rinde culto al patrimonio arquitectónico y artístico de la Ciudad de Buenos Aires”. Hasta el martes 4 de octubre de 14 a 20 en Casa de la Cultura, Avenida de Mayo 575.

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