
Con paridad de género en el sector de arte contemporáneo, un protagonismo otorgado a figuras como la argentina Marta Minujín que busca atenuar la mirada eurocéntrica y el alojamiento de nuevas temáticas como la emigración y el colonialismo, el Museo Reina Sofía de Madrid –uno de los más visitados entre los museos españoles– presenta un reordenamiento de su colección que incluye más superficies de exhibición y una relectura de su acervo que asimila las transformaciones sociales de los últimos años.
Menos el Guernica, la monumental obra que Pablo Picasso pintó en 1937 para reflejar el impacto de los bombardeos alemanes sobre la villa vasca que da nombre a la obra, todo ha cambiado de lugar y de contexto en el emblemático espacio madrileño que en marzo pasado encaró un rediseño de sus tesoros para ofrecer un recorrido temático antes que cronológico, con especial énfasis en la presencia de artistas mujeres.
Y aunque desde su fachada imponente y simétrica luce casi como desde que abrió sus puertas, en 1990, el interior de las cuatro plantas del edificio Sabatini y las dos del anexo construido por Jean Nouvel en 2005 se reformularon completamente para alojar un nuevo guion impregnado por el signo de los tiempos, con nuevas problemáticas que cobran dimensión como el colonialismo, la emigración, la ecología o la identidad de género. No solo eso: también la arquitectura, el cine y la fotografía han ganado espacio en este predio que celebra tres décadas de vida.
El resultado es una nueva conversación entre artistas, investigadores, historiadores y el público que no se producía desde 2010, última reordenación de la pinacoteca. “Un museo público debe tratar de aportar las herramientas para que entendamos mejor la época en la que vivimos. Nuestra misión es intentarlo desde la cultura, en concreto el arte”, explicó al periódico El País el director de la institución, Manuel Borja-Villel.
En el nuevo ordenamiento que comprende el período 1881-2021, se ganó espacio de exhibición a partir de la habilitación de nuevas salas en un predio que totaliza 12.000 metros cuadrados: el Reina Sofía logró sumar 21 salas y más de 2.000 metros cuadrados de arte a su extensión, y cuenta ya con más de 2.000 obras, muchas de ellas firmadas por mujeres. “Hay una paridad absoluta en la parte contemporánea. En la histórica ha sido más trabajoso conseguirlo”, señaló Borja-Villel.
En el reordenamiento, otro de los objetivos es sin duda equilibrar el peso de la perspectiva eurocéntrica con la jerarquización de la producción latinoamericana, como lo marca la incorporación de un espacio donde se exhiben obras como El dorado-Ecuación (1991), una instalación de Liliana Maresca (1951-1994) que se expone en una sala dedicada para ella. Esta iniciativa se entronca con otras recientes, como la inauguración de la muestra Los enemigos de la poesía: Resistencias en América Latina, un recorrido que incluye piezas de Marta Minujín, Roberto Jacoby, Edgardo Vigo, Horacio Zabala, David Lamelas y Oscar Masotta.

Precisamente, Minujín, con su obra Amor a primera vista, un colchón donado por el empresario argentino Jorge Pérez en 2020, es uno de los puntos fuertes del nuevo guion. También hay obras de León Ferrari que se incorporan a la exhibición permanente del Reina Sofía, además de obras de Marcia Schvartz, Sonia Abián y Vivian Suter que tienen un rol destacado.
Con esta nueva apuesta, queda explicitado el objetivo de alejarse de una mirada eurocéntrica y proponer nuevas lecturas de la relación entre arte y territorio para derribar mitos y fronteras, según ha remarcado en varias ocasiones la argentina Ana Longoni, directora de Actividades Públicas del Reina Sofía.
Fuente: Télam
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