
En el marco de la programación de arteba y en un encuentro intergeneracional plagado de coincidencias y sintonía, la reconocida artista Marta Minujín dialogó con los integrantes del colectivo Mondongo, Juliana Laffitte y Manuel Mendanha, y juntos abordaron los procesos creativos, el rol del arte, las estrategias para poder vender obras y la importancia de abocarse a la tarea con dedicación pero siempre desde el humor.
La charla, que se concretó por zoom, comenzó con el pedido de Minujín de que solo durara media hora porque se había levantado con la presión alta y quería descansar. Contó, ante los oyentes y sus interlocutores, que estaba muy contenta por haber podido viajar a ver el Minucode, una videoinstalación que realizó en 1968 en Nueva York para explorar los códigos sociales de algunas figuras en una serie de cócteles y happenings, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) como parte de la transformación dinámica de su colección en salas.
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“De todo lo que vi en el MoMA siento que el Minucode es lo único realmente inmersivo. Me puso muy feliz”, confesó Minujín.
Laffitte, integrante del colectivo de artistas que trabajan juntos desde 1999, se reconoció en ese gesto y en esa “herencia”: “Marta, prendiste una gran cantidad de antorchas que nosotros pudimos retomar. Tu gran influencia fue abrir el camino”.
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Las obras de Mondongo ponen en tensión la relación conceptual entre la materialidad y la imagen, debaten temas como el poder, el trabajo, la economía, la sexualidad, y desarrollan diferentes lecturas a través de la libertad en el uso de los materiales poco convencionales como espejitos de colores, galletitas dulces, pan, carne, hilos y plastilina.
“Más que en las puertas que abrí, tal vez se inspiraron en lo que hacía con la comida”, les sugirió ella. Mendanha se sintió aludido: “¡Exactamente! Tenemos una obra entera pintada con pan tostado. Y también incorporamos la idea de que la obra es inmersiva, es para compartir y dar un grano de arena. Para que la gente pueda compartir”. Minujín aceptó el piropo: “Sí, siempre me gustó eso. Desde la Menesunda, quiero que el arte sea transformador. Que alguien entre de una forma y salga distinto”.
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Entonces, Minujín nombró su Partenón de libros prohibidos y Mendanha la recordó como una obra muy significativa para su biografía: “Me llevaron mis padres, yo era chico. Esa construcción enorme hecha de libros prohibidos me interpeló mucho porque ellos habían tenido que esconder sus propios libros en casa”.
Después, los tres artistas abordaron la difícil tarea de vivir del arte y dialogaron sobre cómo vender obras y sobre cómo esa dinámica cambió con los años.
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“Yo empecé tarde -se quejó Minujín-. Recién vendí a los 41 años mis primeras obras. Antes de eso, era pobre en Nueva York, pobre en París y pobre en Buenos Aires. Y tenía algunas veces pero con eso nunca me alcanzaba para mucho”.
Los integrantes de Mondongo se definieron como “pésimos sacando becas”, lo que generó una carcajada automática en la artista. Laffitte y Mendanha contaron que tuvieron la suerte de comenzar a vivir del arte desde jóvenes y que el punto determinante fue cuando en 2003 recibieron el encargo de retratar a los reyes de España. “Nos pareció un absurdo, pero con el correr de los días iba tomando forma. Nos pidieron, además de la obra, una carta en la que contáramos qué nos había inspirado”, recordó Laffitte.
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Los integrantes de Mondongo ya sabían que querían retratarlos con “espejitos de colores”, en un homenaje histórico al imaginario de la Conquista de América. El concepto, sin embargo, era complejo para plasmar en una carta sin ofender a los retratados. “Entonces, pusimos algo así como que usábamos espejos porque el pueblo español gozaba de verse reflejado en la monarquía. ¡Y pasó!”, recordó Mendanha y sostuvo que esa voluntad de intentar y de ir atrás de cuestiones que parecen imposibles también los une a la obra de Minujín.
Entonces, Minujín celebró esa actitud y aclaró que en el mundo “hay muy buenos escultores y pintores pero hay muy pocos artistas”: “El artista tiene que inventar algo único. Con carisma se puede contagiar a otros y entusiasmarlos. Muchas veces, con mis grandes obras no gano un centavo, pero las hago porque gano otras cosas y porque ganan otros”. Para esta instancia de la charla, los organizadores le ofrecieron a Minujín cerrar el diálogo para cumplir con aquel primer pedido de la artista de que fuera breve. “Ah, no, sigamos, sigamos. ¡La charla me hizo bajar la presión”, lanzó fiel a su estilo.
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Mendanha contó que últimamente les gusta trabajar con plastilina porque “es como un óleo lento”, a pesar de que lleva mucho tiempo y esfuerzo la preparación de los colores. “Ustedes son como artesanos, pero también tiene algo de infantil trabajar con plastilina”, les dedicó Minujín.
Al habilitarse las preguntas del público, consultaron a la mítica artista sobre por qué creía que el arte efímero volvía a instalarse ahora con tanta fuerza. “Creo que es porque condensa el presente. Mi sensación cuando estoy con la obra es que tengo 25 años, aunque yo sé que me queda poco tiempo. Pero habito un presente y me interesa que a la gente le pase lo mismo. Entonces, por ejemplo, se llevan una parte de la obra y la obra desaparece. Presente puro, por encima de la política, la economía y las religiones”, explicó.
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Minujín y los integrantes de Mondongo coincidieron en la necesidad de hacer arte con “fe, concentración y trabajo”. “Es necesario enunciar el deseo. Aunque sea imposible. Siempre nos estamos metiendo con una pequeña balsa en el mar”, ensayó Laffitte. Minujín, por su parte, contó que trabaja en una inmensa obra azul índigo sobre la vacunación global y sumó dos requerimientos para hacer arte: tener humor y animarse a bailar.
Fuente: Télam
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