La belleza del día: “Aqueloo y Hércules”, de Thomas Hart Benton

En tiempos de incertidumbre y angustia, nada mejor que poder disfrutar de imágenes hermosas

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“Aqueloo y Hércules” (1974) de
“Aqueloo y Hércules” (1974) de Thomas Hart Benton

En el centro de toda narración siempre hay un mito. La Mitología de Bulfinch se publicó tras la muerte del banquero y latinista estadounidense Thomas Bulfinch en 1867. Según el historiador Carl J. Richard, es “uno de los libros más populares jamás publicados en los Estados Unidos y el trabajo estándar sobre mitología clásica durante casi un siglo”. Ese libro llegó a las manos de Thomas Hart Benton y desató una poderosa idea.

Benton nació en 1889 en Neosho, Misuri. Su padre fue Maecenas Benton, abogado y cuatro veces elegido congresista estadounidense y le puso a su hijo el nombre de su tío abuelo, Thomas Hart Benton, uno de los dos primeros senadores elegidos por Missouri. Se crió en una familia donde se respiraba política, convicción, debates, intelectualidad. Su infancia, debido al trabajo de su padre, transcurrió yendo y viniendo de Missouri a Washington.

El destino estaba escrito, por eso lo enviaron a la Western Military Academy, para que tenga una próspera carrera política. Pero ocurrió lo opuesto: Benton se rebeló contra su padre. ¿Qué quería ser? Artista. Su madre lo apoyó desde el principio y lo envió a la Escuela del Instituto de Arte de Chicago. Comenzó trabajando como caricaturista para el periódico Joplin hasta que consiguió un pasaporte a Europa. Mientras tanto, leía como si el mundo nunca terminara.

Detalle del extremo izquierdo de
Detalle del extremo izquierdo de “Aqueloo y Hércules”, de Thomas Hart Benton

Cuando llegó a París en 1909 estudió en la Academia Julian. Allí conoció a otros artistas norteamericanos, como el mexicano Diego Rivera y el estadounidense Stanton Macdonald-Wright. Regresó a su tierra en 1913 y se instaló en la gran capital artística, la París que brillaba del otro lado del Atlántico: Nueva York. Allí fue que comenzó a dar clases y tener alumnos que luego se convertirán en grandes artistas, como Jackson Pollock.

De a poco se fue interesando y apasionando por el muralismo. Es allí donde parece haber un retorno a las ideas de su infancia, la tradición familiar, el suelo americano, las mitologías, la épica, el arte como motor de cambio. Entonces recuerda aquel libro que tanto había releído, La Mitología de Bulfinch, la historia de Hércules, de Aqueloo, y de a poco, a partir de esa idea, comienza a configurar un enorme mural que será, posiblemente, su mejor obra.

Aqueloo y Hércules fue pintado en 1947. Es una pintura ejecutada en temple al huevo y óleo sobre lienzo, y pegada a un panel de madera contrachapada que mide 159,6 centímetros de alto por 671 de ancho. Fue un pedido de la empresa Harzfeld en Kansas City para una tienda especializaba en ropa de prêt-à-porter (”lista para llevar”) para mujeres. La tienda cerró en 1984 y le donó la obra al Smithsonian American Art Museum donde hoy se exhibe.

Detalle del centro de “Aqueloo
Detalle del centro de “Aqueloo y Hércules”, de Thomas Hart Benton

La figura central des un Hércules descamisado y con jeans que lucha con un toro —le toma fuerte los cuernos—, que es en realidad el dios del río Aqueloo, que se convirtió en aquel animal para bajar a la tierra y destruirlo todo. De esa lucha surge el origen del mito de la abundancia agrícola. Benton da cuenta en esa escena de la época de la cosecha en el oeste de Estados Unidos. Es una postal actualizada llena de épica, dramatismo y valor.

Hacia el lado izquierdo, la postal se completa con un segundo hombre, también vestido con jeans y sin camisa, que sostiene una soga de un extremo, mientras que del otro hay otro hombre, de camisa arremangada naranja y sombrero que, parece, acaba de interrumpir su tarea: cortar leña. Atrás de ambos, hacia la izquierda, un hombre de piel oscura que salta la cerca de madera para ayudar. Hércules es el héroe, pero combatir al toro es una tarea colectiva.

Del otro lado de la pintura hay una cornucopia —el cuerno de la abundancia— que produce recompensas. Dos mujeres yacen arriba en diferentes poses. También hay un niño de piel más oscura y un hombre afroamericano que observa la escena con la cabeza levantada. En el centro del mural, arriba, pequeño y lejano, sobre el horizonte, un hombre sin camisa sobre un caballo agita su sombrero en una señal auspiciosa de alegría triunfadora.

Detalle del extremo derecho de
Detalle del extremo derecho de “Aqueloo y Hércules”, de Thomas Hart Benton

Según la mitología narrada por Thomas Bulfinch, Aqueloo, el dios del río, planeaba inundar las tierras sembradas, pero antes se convierte en un toro para destruir todo. Entonces Hércules se enfrenta al animal y le arranca un cuerno conquistando el río. De ese cuerno nace la cosecha, la abundancia, el alimento, la prosperidad. “La historia es, por tanto, aplicable a nuestra propia tierra. Se adapta a nuestro río Missouri, que aún necesita la atención de un Hércules”, escribió Benton.

En palabras de la directora del Smithsonian American Art Museum, Elizabeth Broun, Aqueloo y Hércules es un mural “estridente, llamativo, vibrante, lleno de formas y ritmos agitados”. Quizás haya que agregarle unos cuantos adjetivos más. Por empezar: imponente. El tamaño de la obra hace que haya que mover la cabeza hacia varios lados para apreciarla. Es un mural grandilocuente y totalizante, pero a la vez —o tal vez por eso mismo— lleno de detalles minuciosos.

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