
I
Frida Kahlo y Diego Rivera, Gala y Salvador Dalí, Robert Rauschenberg y Jasper Johns, Françoise Gillot y Pablo Picasso, Rosa Bonheur y Anna Elizabeth Klumpke... la lista de historias de amor entre pintores es largo y podría escribirse, no sólo un libro, no sólo una película, ni siquiera una serie... un diccionario completo. ¿Qué tendrá el arte plástico que hace del amor un torbellino de sensaciones?
Louise Catherine Breslau y Madelaine Zillhardt se conocieron en la Academia Julian a fines de la década de 1870. Habían llegado por diferentes caminos pero ambas tenían la convicción de que el arte era la máxima experiencia humana posible. Claro, luego llegaría el amor. Rodolphe Julian había abierto la academia en 1867 para, entre otros motivos, darle lugar a las mujeres, ya que la Escuela de Bellas Artes, la escuela de “arte oficial”, no les permitía ingresar.
II
Louise nació en 1856 en Alemania pero se crió en Suiza porque su padre, un respetado obstetra y ginecólogo, aceptó el puesto de profesor y médico jefe en la Universidad de Zúrich. Ella tenía dos años y al poco tiempo, a los diez, su padre murió repentinamente. Entonces fue enviada a un convento cerca del Lago de Constanza. Tenía asma crónico y pasaba tardes enteras dibujando en su cama.
Era buena retratando figuras. Eso le decía todo el mundo. A los 18 empezó a tomar clases con Eduard Pfyffer y rápidamente se dio cuenta que si quería dedicarse a la pintura debía viajar al centro del mundo artístico: París. Además, allí existía un lugar donde podían estudiar las mujeres. Convenció a su familia, se preparó el bolso, cargó los pinceles y las demás materiales en su valija y partió a Francia, a vivir la Belle Époque.
Madeleine Zillhardt nació en la comuna francesa de San Quintín en 1863 y a una temprana edad se anotó en la Academia junto a su hermana. Allí conoció a jóvenes artistas como Anna Klumpke, Hermine David, Agnes Goodsir, Sarah Purser, Marie Bashkirtseff y Louise. Al principio, ambas fueron rivales. Pero como suele decirse, los que se pelean se aman: un día se miraron a los ojos y, en vez de discutir, de gritar, de maldecir, se besaron.
III
Madelaine se dedicó a la decoración de interiores y se convirtió en una más originales de su época; también a la escritura. Louise, por su parte, se especializó en el retrato, participó del Salón de París y comenzó a colaborar con la revista de los impresionistas La Vie Moderne. Juntas formaron una pareja esencial en la escena artística parisina, recibiendo a artistas como Henri Fantin-Latour, Auguste Rodin o Edgar Degas, de quien Madelaine escribió una biografía.
Louise la comenzó a retratar; el primero es de 1884. El que aquí presentamos, nuestra belleza del día, que hoy se encuentra en una colección privada, se titula El tocador. Es un óleo sobre lienzo de 1898 que muestra una escena íntima donde la modelo, envuelta en un camisón con transparencias, se coloca una corona y se ata un enorme rodete. Hay sensualidad, sí, mucha, pero también una confidencia sutil y una dulzura peculiar que le dan un fuerte tinte romántico a la imagen.
IV
Estuvieron juntas cuarenta años. Fueron destacadas artistas y militantes políticas durante la Primera Guerra Mundial. Pintaron retratos de soldados, enfermeras y médicos para que sus familias tengan un recuerdo vivo antes de que se vayan al frente. La primera en morir fue Louise Catherine Breslau en 1927. Madelaine Zillhardt donó varias obras de su compañera en distintos museos para que su legado no termine. De no ser por eso, su obra habría quedado olvidada.
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