Astérix “feminista”: presentan a Adrenalina, el personaje que aggiorna el clásico cómic francés a los nuevos tiempos

El lanzamiento de “La Hija de Vercingetorix” en Latinoamérica presenta un protagónico femenino que busca su realización personal en conflicto con el mandato social y paternal

"La Hija de Vercingetorix" saldrá en varios países de la región por editorial El Zorzal
"La Hija de Vercingetorix" saldrá en varios países de la región por editorial El Zorzal

Sabemos que, como humanos, nos es imposible alcanzar la perfección absoluta y que esta solo les está permitida a divinidades como Tutatis o Júpiter. En este sentido, son contadas con los dedos de las manos las obras de arte que pueden ser catalogadas con el rótulo de ferpectas, es decir, que casi casi, por un cachitín mínimo, son perfectas. Nos referimos a esas historietas por las que nos sentimos atraídos, atrapados y definitivamente conquistados por sus encantos, en las que sus autores pueden festejar un definitivo Veni, Vidi, Vici sobre lectores de todas las generaciones.

Una historieta es ferpecta cuando el guion y el dibujo se encuentran exquisitamente balanceados, sin competir entre ellos, fusionados en una compleja danza de increíbles sensaciones visuales. Eso es Asterix en su conjunto. Una obra narrativa, entretenida para todas las edades, clásica pero a la vez con elementos que parecen nuevos, actuales, que se van (re)descubriendo con el paso del tiempo. Para que los lectores de estas latitudes del sur del mundo lo entiendan mejor, podríamos decir que las aventuras del valiente galo serían comparables con la querida Mafalda de Quino, ya que, en definitiva, estamos hablando de clásicos arraigados en lectores de todo el planeta por cuestiones muy similares. En ambos casos, nos referimos a la ferpección hecha cómic, bande dessinée, manga o como se le denomine según la geografía en que nos encontremos.

Cada título de Asterix es un universo por descubrir que nos lleva a palpitar las andanzas de estos galos que solo quieren vivir en paz y en armonía con sus propias tradiciones en el año 50 a. C., cuando las legiones romanas ya habían tomado posesión de todo el territorio celta. La libertad y la lucha por la identidad cultural de un pueblo siempre es una idea que atrae a los lectores de todas las geografías.

El suceso de la serie fue -y es- monumental. Los álbumes creados por la dupla ferpecta René Goscinny y Albert Uderzo fueron veinticuatro. Tras el fallecimiento sorpresivo de René el 5 de noviembre de 1977, Albert también se hizo cargo, en solitario, de los guiones, realizando nueve libros de historieta más (fue asistido con entintados por Frédéric Mébarki). Y cuando el dibujante decidió que ya estaba grande y necesitaba dar un necesario paso al costado, la posta se la trasladó a la dupla Jean Yves Ferri y Didier Conrad, que a la fecha llevan creadas cuatro nuevas aventuras de Asterix, Obelix y compañía.

La última de ellas, es nada más y nada menos que La Hija de Vercingetorix, álbum muy mentado por la crítica mundial y que recientemente los argentinos tenemos el placer de atesorar en nuestras bibliotecas gracias a su edición nacional, con traducción propia, llevada a cabo por Libros del Zorzal. Por si fuera poco, esta casa editorial también anunció su plan de relanzamiento de toda la colección de los galos, junto con la del cowboy Lucky Luke y la del visir Iznogud. Un rescate para celebrar en todo el sur de Sudamérica, ya que el emprendimiento nutrirá de estas grandes lecturas también a Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia.

La Hija de Vercingetorix fue publicada hace muy poco en Francia, en 2019. En ella, Ferri y Conrad no sólo intentan mantener vivo el espíritu que enamoró a los lectores de antaño (ellos mismos fueron capturados por Asterix y los suyos en su niñez), sino que también buscan atrapar a las nuevas generaciones. No por nada la protagonista en esta oportunidad es Adrenalina, una adolescente rebelde, de alma sensible, portadora de un gran carácter –tal vez comparable en ese punto con Cleopatra- y, como reza el título del álbum, vástago de Vercingetorix, el gran héroe mítico de los galos. Vemos en la sucesión de viñetas el debate interno de la joven, dado entre el mandato social y paterno y su realización como persona, su elección de vida. El peso de convertirse en el símbolo de la resistencia de su pueblo ante la opresión romana versus la búsqueda de su propio destino, es el leit motiv de esta historieta, en donde también se hacen presentes la aventura y los divertidos gags de siempre.

Adrenalina
Adrenalina

Una dupla autoral ferpecta

Asterix nació en 1959 en el número 1 de la revista francesa Pilote, en donde aparecía en entregas semanales. Si bien por temática, lugar de creación y publicación es considerada una obra francesa por excelencia, hay que tener en cuenta que sus autores tienen orígenes muy diversos: René Goscinny nació en París, era hijo de una familia judeopolaco/ucraniana emigrada a la Argentina y posteriormente se afincó en Estados Unidos por un tiempo.

René vivió en Buenos Aires toda su infancia y adolescencia, de punta a punta. Es el lugar en donde creció, donde recibió su educación y su formación cultural primigenia, y donde nació su vocación artística. Llegó a las costas del Río de la Plata en julio de 1928, y se quedó aquí hasta septiembre de 1945. Los que bregamos por el reconocimiento popular de la argentinidad de Goscinny, a punto de considerarlo un autor franco argentino, siempre destacamos que durante ese larguísimo período vivencial y fundacional de poco más de 17 años, la Argentina poseía una efervescente vida cultural, con el tango brillando en primera línea, junto con otras expresiones, entre ellas la historieta y el humor gráfico (el tango acompañó al guionista de Asterix durante toda su existencia, al igual que el dulce de leche y las empanadas). Estamos hablando de los años del suplemento de historietas a todo color del Diario Crítica, de la mítica revista Patoruzú semanal, de Pif Paf, El Tony, Billiken, entre muchas otras. E incluso René, cuando ya era un joven mayor de 18 años y se desenvolvía con sus primeros textos de humor e ilustraciones en las publicaciones del Colegio Francés de Buenos Aires, llegó a convivir con el primer año de la revista Rico Tipo, de Divito, otro gran suceso editorial argentino.

Albert Uderzo también nació en Francia, donde vivió toda su vida, pero era hijo de una familia italiana véneto-ligur; incluso su hermano mayor nació en la tierra de Julio César. Goscinny recién se asentaría definitivamente en Francia casi llegando a sus 27 años de edad. Pero algo más allá que una nacionalidad y un idioma en común los unía: el lenguaje universal de la comedia, con El Gordo y el Flaco (Laurel and Hardy) a la cabeza y, por supuesto, la obra de Walt Disney y los cómics norteamericanos.

René Goscinny y Albert Uderzo (AFP)
René Goscinny y Albert Uderzo (AFP)

Al momento de crear al galo más famoso del mundo, René y Albert estaban en el punto profesional justo de sus carreras. Eran jóvenes, con enorme ímpetu y mucha experiencia a cuestas. Ya habían realizado varias series juntos, como Jehan Pistolet, Benjamín y Benjamina, Luc Junior y, sobre todo, Umpah-Pah, además de haber oficiado como socios de su propia agencia de prensa Edipress y Edifrance, realizando trabajos para campañas publicitarias, ilustraciones e historietas, como algunas de las mencionadas, entre otros. René, por su parte, poseía un amplio camino trazado en el campo de la coordinación editorial, además de que ya se encontraba desde hacía tiempo realizando los guiones del Lucky Luke de Morris en la revista Spirou y, en paralelo, trabajando para una amplia gama de series aparecidas en la revista Tintin, como Modeste et Pompon, de Franquin, Prudence Petitpas, de Maréchal, Monsieur Tric, de Bob de Moor, Spaghetti, de Dino Attanasio, etcétera.

Al igual que los ferpectos Lennon y McCartney, Goscinny y Uderzo siempre funcionaron como una sola entidad creativa, de ahí el equilibrio y el alto nivel de calidad literario-gráfica de la obra en su conjunto: el primero aportaba datos históricos y situaciones humorísticas, juegos de palabras, gags y miles de ideas para argumentos, volcados en el guion con un profesionalismo magistral y una constancia entusiasta; el segundo sumaba más ideas a las de su amigo, pero al mismo tiempo cultivaba un dibujo de humor muy profesional que, con el tiempo, fue mutando en un estilo semi-funny, es decir, un dibujo cómico pero con algunos rasgos más realistas. Basta con ver cómo Uderzo visualizaba las escenas, los enfoques, la construcción de los cuerpos, las manos, el movimiento, las expresiones… Es que, en la obra de Uderzo, un joven aspirante a dibujante puede aprender todo lo que debe hacerse en su profesión, como una enciclopedia didáctica del dibujo humorístico.

Uderzo nos dejó el 24 de marzo de 2020, pero el suceso de Asterix está más vivo que nunca y en constante crecimiento, como desde hace 62 años. Ediciones en todos los idiomas, películas animadas en 2d, en cga y también con actores, videojuegos, merchandising, parque temático, homenajes… No es poco. Un crecimiento ferpecto, por cierto, porque es nutrido y fortalecido por el amor de millones y millones de humanos imperfectos de todo nuestro planeta.


*El autor es dibujante y divulgador cultural de historietas (Buenos Aires,1973). Profesor egresado de Bellas Artes. Dibuja chistes con ideas del catalán Faro, y ha realizado ilustraciones didácticas para editoriales nacionales y del exterior. Es co-coordinador de una colección de libros de historieta para niños, llamada “Colección ¡Toing!” (Comiks Debris Ediciones, Argentina). Es el autor de “Midi Bujo”, historieta publicada durante 10 años en la revista escolar interCole. Es co-fundador de “Banda Dibujada”, un movimiento cultural para incentivar a los chicos –y a sus docentes y padres- a que lean historietas. Ejerció el cargo de Consejero cultural del Museo de la Caricatura Severo Vaccaro de Buenos Aires (durante el período 2003-2010).

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