120 años de Pedro Curutchet, la historia desconocida del cirujano que operaba sentado

Conocido por la casa que Le Corbusier le realizó en La Plata, el médico argentino revolucionó la intervención quirúrgica desde Lobería, sin pertenecer a la academia

120 años de Pedro Curutchet, la historia desconocida del cirujano que operaba sentado
120 años de Pedro Curutchet, la historia desconocida del cirujano que operaba sentado

Ya antes de iniciar la investigación entre ámbitos y disciplinas para una biografía social de la Casa Curutchet, el comitente me resultaba mucho más interesante que la estrella internacional.

Tiempo después, ver las primeras fotos de Pedro Domingo Curutchet operando sentado a una mujer que está acostada, elevada y apenas anestesiada localmente, pienso que la razón de esa atracción por su figura estaba más en la intuición que en la sonoridad de su apellido o en el interés por el diálogo cultural entre el centro y la periferia.

Comitente es alguien que encarga algo, una palabra de poco uso salvo entre los arquitectos, que identifican así a quienes les solicitan proyectos. Cuando esta solicitud es de viviendas unifamiliares, los arquitectos las nombran (y anotan en sus planos) con el apellido del o de la comitente.

Así, ubicada en un borde de la ciudad de La Plata y a bordo del apellido del hijo de un inmigrante vasco francés, la Casa Curutchet trascendió internacionalmente por su diseñador: el maestro suizo Charles-Édouard Jeanneret-Gris (1887 -1965) más conocido como Le Corbusier, autor y divulgador del movimiento moderno en la arquitectura, cuya obra fuera declarada Patrimonio de la Humanidad en 2016.

Fachada de la Casa Curutchet en La Plata
Fachada de la Casa Curutchet en La Plata

Entre las 17 obras de Le Corbusier que la UNESCO distinguió hace cinco años con su comité patrimonial reunido en Estambul están, desde los edificios oficiales para la ciudad que el suizo planificó en la India (Chandigarh, llamada a suplantar a la Lahore y celebrar la independencia del país con el nuevo concepto de ciudad-jardín), hasta una vivienda unifamiliar en el lejano sur.

La mentada Casa Curutchet le fue encargada a Le Corbusier en 1948 por un médico oriundo de Las Flores que había estudiado medicina en La Plata en la segunda mitad de los años 20. Hacia el fin de la década Pedro Domingo Curutchet se terminó doctorando en la UBA, porque la escuela de medicina de la Universidad Nacional de La Plata no tenía aún el rango de facultad. El pedido de una casa consultorio al maestro internacional, Curutchet lo hizo de puño y letra a través de una carta que escribió en Lobería y que su hermana llevó a París y le entregó en mano a Le Corbusier, en su estudio del 35 de la rue de Sèvres.

Pedro Domingo Curutchet se había destacado en la universidad con notas altas y una atracción hacia la práctica quirúrgica que sus maestros celebraban con el clisé de la contradicción: entre el festejo y el temor a la competencia.

De estudiante, Curutchet ya era un melómano declarado, buen dibujante y amante de las artes plásticas, un costado que pocos años más tarde lo hizo trabar una amistad franca con Emilio Petorutti, recién regresado de Europa junto a Xul Solar y muy comprometido en la divulgación de las vanguardias plásticas del siglo XX. Tanto como para ser nombrado primer director del Museo Provincial de Bellas Artes en la flamante y moderna capital provincial; el museo hoy lleva su nombre.

Pedro Domingo Curutchet
Pedro Domingo Curutchet

Pero a poco de graduarse en Medicina, al salir desfavorecido en un concurso académico cuyo resultado entendió fraudulento, Curutchet decidió marcharse al medio en el que había nacido: un pueblo bonaerense. No fue Las Flores sino Lobería donde se radicó en 1929 para ocuparse de la típica enfermedad rural de la pampa: la hidatidosis o equinococosis, provocada por el contacto con heces de animales contaminadas con huevos de tenias, que se transmite a través del agua, los alimentos sucios o la piel de los bichos. Hagan cuentas de los estragos que habrá causado en el campo.

Es que los quistes con las larvas de tenias se alojan en los órganos y pueden crecer en el cuerpo durante años sin que aparezcan los síntomas. Avisan con nauseas, dolores de cuerpo y abdomen. El tratamiento puede incluir cirugía, eliminación de líquidos de los quistes y medicamentos. A ese combate le entregó su vida Pedro Curutchet. Para eso, además de sus conocimientos de medicina se valió de su habilidad manual y su interés por el diseño, sin duda un homo faber con marcada vocación de proyectista, que lo llevó a diseñar y fabricar él mismo, con asistencia de herreros y relojeros de Lobería, su instrumental quirúrgico. Pero no sólo eso: creó un nuevo sistema instrumental anatómico y además, como tituló uno de sus ocho libros, un nuevo arte de operar.

El sistema aximanual, que termina con el sistema que aprisiona los dedos en las tijeras (el usado en la peluquería o corte y confección), permite una costura lateral y el uso ambidiestro. ¡Bingo para los cirujanos zurdos! “Técnica axial, axiryhtmia: simplicidad, sinergia, simetría, funcionalidad rítmica y relajada, que permite una periodicidad natural e ininterrumpida, donde las dos manos pueden trabajar al mismo nivel tecnológico”, promocionaba Curutchet su técnica en el libro Cirugía aximanual / tecnología e historia, que por supuesto tradujo al inglés como la mayoría de su libros.

Diferentes libros publicados por Curutchet
Diferentes libros publicados por Curutchet

Sin duda, 1929 había sido un año desgraciado para Curutchet. La sospecha de fraude en aquel episodio académico, le plantó un golpe cuyos ecos regurgitaría con amargura toda su vida. El concurso para Jefe de Trabajos Prácticos en Operatoria de la UBA que desmoralizó a Curutchet, lo ganó un cirujano que había sido profesor suyo en La Plata y con quien, años más tarde, terminaría trabando una amistad cultural: el muy reputado Federico E.B Christmann, a la sazón abuelo del prestigioso cirujano platense Federico Deschamps quien, muchas décadas después, ya a fin de los años 80, le alquiló a Curutchet su fabulosa casa desocupada para albergar la Fundación Christmann.

Sin saberlo, con este proyecto Deschamps daría lugar al germen de dos películas simbólicas de la cinematografía argentina contemporánea: El hombre de al lado (2009), dirigida por Mariano Kohn y Gastón Duprat, y La obra secreta (2018), dirigida por Graciela Taquini, ambas guionadas por el arquitecto Andrés Duprat, actual director del Museo Nacional de Bellas Artes. Es que, mientras se preparaban las obras de reparación, Christmann le prestó esta nave insignia del movimiento moderno a su cuñado menor, Eduardo Bretal, para que pudiera reunirse con sus compañeros de estudios de toda la carrera para terminar la entrega final. Entre esos compañeros, estaba Andrés Duprat.

Pero volvamos a 1929. Jamás hubiera podido saber Curutchet que mientras él decidía emprender su trayecto higienista en un pueblo de la pampa atlántica, Le Corbusier estaba arribando a la Argentina por barco y quedaba tan impactado por el llano continuo entre río y horizonte, que acuñó una imagen famosa “la horizontal insignie”. Por una tarde de aquella visita, Le Corbusier se tomó el tren a La Plata: estaba en el país promocionando los CIAM (Congreso Internacional de Arquitectura Moderna) y no podía dejar de conocer esa innovadora capital, el primer experimento urbano en el mundo de una ciudad prediseñada. Según los dibujos del breve paseo que hizo el Corbu, entre otras cosas le impactaron las calles desembocando en plazas y “un delicioso cilindro: un tanque de agua sobre la terraza de una casa”, detalla el Corbu en su libro Precisiones respecto de un estado actual de la arquitectura y el urbanismo.

Cirugía Santiago Lahore, 24 noviembre 1976 (2)
Cirugía Santiago Lahore, 24 noviembre 1976 (2)

Así aquel año, 1929, el médico de Las Flores se casó con Alcira García Romero, del mismo pueblo. Tuvieron dos hijas: Leonor Amalia y Alcira del Carmen, ambas nacidas en La Plata, en 1932 y 1934, aunque la familia ya estaba instalada en Lobería, según consigna la biografía de Eliana Segovia, museóloga de esa localidad. “Fue la vida en el pueblo la que le permitió cultivar pasatiempos. Como la música clásica y del cuidado de sus hijas, de la naturaleza y de la equitación. De igual modo, profundizar el estudio sobre quistes hidatídicos pulmonares y pensar la forma de mejorar sus instrumentos de cirugía”, señala el texto que integró la muestra virtual el día 4, por los 120 años de Curutchet.

Sobre la cirugía “aximanual”, tecnología y técnica del arte operatorio. Según él, tuvo que crear la palabra para significar que los instrumentos quirúrgicos debían alinearse en el eje longitudinal de la mano a fin de que apuntaran hacia adelante, como el cuchillo y el tenedor. La dirección contraria, es decir, cruzada al eje longitudinal de la mano, corresponde llamarla crucimanual; así se cruzan el martillo y los instrumentos de anillos que apuntan hacia el costado. Consideraba que la cirugía era un arte aximanual para instrumentos que apuntan hacia adelante, pero se operaba con instrumentos crucimanuales, de puntas al costado.

Instrumentales de Curutchet, en el museo de Lobería
Instrumentales de Curutchet, en el museo de Lobería

“Ésta falla esencial de la cirugía de todos los tiempos, que pasó inadvertida a los más ilustres cirujanos, tuvo la gloria, modesta pero legítima, de haber sido descubierta y corregida por alguien que está aquí, a solo 200 metros de este Museo y a muchas leguas de este mundo”, escribió el mismísimo Curutchet

Desde su pueblo adoptivo, el Museo Histórico de la Lobería Grande lo homenajea con una producción impulsada por su museóloga Eliana Noelia Segovia quien, además de promover una historiografía muy dinámica, se compromete con la estela biográfica de las personas que han hecho en el pueblo para ir tejiendo con los mismos habitantes la trama de la historia local.

“Daba gusto verlo trabajar, muy hábil. Me contó el Dr. Jorge Rossi, yo no llegué a verlo. Para operar con anestesia local una vesícula… además de muy hábil, tiene que ser alguien muy tranquilo y que le transmita esa paciencia al paciente: hoy en día no hay nadie que pueda hacer eso”, detalló el cirujano Horacio Cherencio, propietario en Lobería de una suerte de museo galpón impecable donde se cruzan sus dos pasiones quirúrgicas: los autos y la medicina. Allí, por encima de cupés Fiat perfectamente actualizadas, Cherencio mantiene un entrepiso con la historia quirúrgica de Lobería donde, por supuesto, Curutchet tiene el espacio mayoritario. Están su instrumental, sus cajas de vendas, los químicos que usaba, sus lentes de aumento y estetoscopio.

Apuntes de Curutchet
Apuntes de Curutchet

Los testimonios sobre el Dr Curutchet abundan en el pueblo: no hay quien no tenga para contar la operación de algún familiar con anestesia local -sea de apendicitis o alguna otra dolencia menor-, a quienes Curutchet mandaba a la casa caminando. Las aguas se dividen entre “era un genio” y “era un loco”. El abono para esta última versión era que, a veces, Curutchet deambulaba en pijama.

Cuentan también en Lobería que el 24 de noviembre de 1976 el Dr. Joel Marck Noé (1943 -1991), profesor de Harvard, llegó al pueblo para ver ejecutar en el quirófano del Hospital Municipal Gaspar Martín Campos la técnica de Curutchet con su instrumental aximanual en una cirugía de próstata con anestesia local. El norteamericano expresó entonces “lo que vi es suficiente para afirmar que se acaba de inaugurar para la cirugía una nueva era, la tecnología”.

Era la primera vez que Curutchet pisaba el nosocomio municipal pues, convencido de que la técnica era más importante que la asepsia, las prácticas quirúrgicas las realizaba en su consultorio, en el domicilio de sus pacientes o en la pieza de un hotel. Recuerda el Dr. Matías Martín, director del Centro de Salud en aquel entonces que mucho antes de obtener el título colaboró con él y que, efectivamente, cualquier sitio se convertía en quirófano. “Cubría el cielo raso de la habitación con una sábana, colocaba una camilla portátil que trasladaba en un Chevrolet 42 y realizaba la cirugía. A mi hermano lo operó en su consultorio, lo puso de costado, le aplicó anestesia local, le extirpó el apéndice y lo mandó a su casa”.

Cuenta Eliana Segovia en la biografía de Curutchet que “durante la visita de Noé el traductor entre los eminentes cirujanos fue el médico Jorge Rossi, quien evoca con admiración la delicadeza técnica, el brillante conocimiento de la anatomía que poseía Curutchet y hace hincapié en el carácter de su colega con un guiño a la célebre cita ‘Yo soy yo y mi circunstancia; si no la salvo a ella, no me salvo yo’ que lo pinta. Solitario, arrogante y vanidoso. Es de presumir que su temperamento fue motivo más que sobrado para que su técnica e instrumental aximanual no se difundiera”.

Desde el enclave al que se retiró en 1929, iba y venía a La Plata, sobre todo a funciones del Teatro Argentino y muestras del Museo Provincial. Y en 1948 pensó en encargarle esa casa a Le Corbusier. La aventura cultural tuvo tantas direcciones de obra como idas y vueltas y decepciones.

A una construcción compleja en la que fue fundamental la figura de Amancio Williams como intérprete de Le Corbusier -así titula su obra monumental el especialista Daniel Merro Johnston: El autor y el intérprete. Le Corbusier y Amancio Williams en la Casa Curutchet-, se sumaron problemas económicos y tensiones que hicieron cambiar tres veces la direccción de la obra. Todo este proceso demoró la terminación de la casa hasta pasado el 1953. La familia se mudó entre 1954 y 1955 (aquí el desacuerdo entre las fechas que aporta otro libro fundamental y maravilloso como es La red austral / obras y proyectos de Le Corbusier y sus discípulos en la Argentina, de Pancho Liernur con Pablo Pschepiurca).

Entre las decepciones, la casa-consultorio que ¿desafiaba? desde un borde del bosque al Instituto Médico Platense que había fundado Christmann con otros colegas, era más luminosa que lo previsto: Los Curutchet se vieron obligados a plantar un álamo que trajera sombra. Eligieron la variedad “Mussolini” a pesar del sentir anti nacionalista de Curutchet, que también lo mantenía lejos del peronismo.

Casa Curutchet (Mario Chierico)
Casa Curutchet (Mario Chierico)

La casa de la Avenida 53 Nº 320, entre 1 y 2, es reflejo directo de la materialización de cada uno de los cinco puntos de la nueva arquitectura que promovió Le Corbusier. Además, se considera como la evidencia construida del vínculo que estableció el maestro suizo con Argentina, manifestado en todala correspondencia que mantuvo con Amancio Williams pero también con Victoria Ocampo y luego, con sus discípulos del Grupo Austral: Antonio Bonet , Juan Kurchan y Jorge Ferrari.

En el homenaje de su pueblo adoptivo puede leerse que en 1978 Curutchet escribió: “Soy un investigador que en su larga vida jamás tuvo ayuda económica para la onerosa tarea vocacional de toda una vida; y no pidió nunca esa ayuda, ni la pedirá, ni la aceptará”. A sus 84 años, en un epitafio a su frustrada carrera en el país, se describió como un cirujano de un modesto pueblo rural como resultado de los fraudes en los concursos, determinantes para su ostracismo definitivo en Lobería y reconoció que, su tecnología quirúrgica y la invención de formas instrumentales revolucionarias se salvaban al ser reivindicadas por ilustres científicos fuera del país.

Al final de su vida fue atendido por el Dr. Herminio Torres. Falleció en Lobería el 5 de julio de 1992, a los 91 años. Sus restos descansan en el cementerio municipal.

“Es éste nuestro homenaje al hombre que defendió la libertad y la dignidad profesional, al que se exilió tierra adentro y alternó la cirugía con la investigación instrumental, a su ingenio y creatividad puesta al servicio de la ciencia y la tecnología a solo 200 metros de este museo y a muchas leguas de este mundo….”

Lo cierto es que, aventura arquitectónica estelar mediante, Curutchet volvió a ese pueblo marítimo que lo había cobijado. La casa gesta frente al bosque de La Plata podrá no haber sanado la herida que le provocó no integrar la academia. Pero se convirtió en un tesoro para la humanidad, que no deja de susurrar su nombre.

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