
Truman Capote consideraba que Niños en su cumpleaños era uno de sus mejores cuentos y el responsable de que lo leamos en castellano es Juan Villoro, uno de los máximos referentes de la crónica en español, quien asegura que “pocos relatos logran tal fuerza con elementos tan delicados” como éste, ahora reeditado por el sello Nórdica en una publicación especial.
Escritor, ensayista y periodista, Villoro (Ciudad de México, 1956) dice que la tarea de traducción de este cuento y de los que componen el segundo libro de Capote “Un árbol de noche” fue un trabajo que le confió Jorge Herralde, el mítico editor de Anagrama, editorial que los difundió inicialmente en español.
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Ahora, Nórdica publica por separado este cuento escrito por Capote (Nueva Orleans, 1924 - Los Ángeles, 1984) en 1948, en su colección Minilecturas y es una oportunidad para volver o para descubrir esa mirada del célebre cronista acerca de la infancia como un lugar alejado de la pura inocencia, ya que, a través de los amigos llamados Billy Bob Murphy y Preacher Star, complejiza la forma en la que los niños se relacionan con la frustración y la proyección.
“Niños en su cumpleaños es un cuento sobre el fin de la inocencia y las ilusiones perdidas. En un entorno donde nada apunta a la grandeza y todo es cotidiano, ocurre la tragedia de que chicos de pueblo conciban una ilusión desmedida y la tragedia superior de que la chica que les revela la existencia del amor y la idolatría muera atropellada. Pocos relatos logran tal fuerza con elementos tan delicados”, señala el autor de El testigo y Los culpables.
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Así describe el autor mexicano la ficción creada por Capote ubicada en el verano de 1947 en un pueblo de Alabama, donde dos amigos ven alterados sus días con la llegada de Lily Jane Bobbit, una niña que baja de un micro junto una madre que no habla y se instala en esas vidas logrando capturar de ellos una mirada idealizada pero también profundamente humana.
Con una obra en la que confluyen géneros de ficción y no ficción, Villoro cuenta que comenzó escribiendo cuentos y justamente entre sus favoritos estaban Katherine Mansfield y Scott Fitzgerald, “dos autores que influyeron mucho en Truman Capote”, advierte.
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¿Cómo fue su acercamiento a esta tarea de traducción del autor de A sangre fría? “La traducción fue un aprendizaje esencial para mí. Sergio Pitol, que entre otras muchas obras había traducido Transatlántico y Cosmos de Gombrowicz, me dijo que esa era la mejor escuela para un autor y me presentó con Jorge Herralde, director de Anagrama”.
A partir de ese encuentro, Villoro tradujo del alemán Memorias de un antisemita, de Gregor von Rezzori y confiesa que pensó que no le ofrecerían un libro en inglés, “porque abundan los traductores en esa lengua”, pero Herralde le confió Un árbol de noche.
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El autor de los ensayos literarios Efectos personales, De eso se trata y La utilidad del deseo dice que ese libro de Capote, que llegó después de su debut con Otras voces, otros ámbitos, es “de una gran sutileza estilística” y asevera que traducirlo “fue entrar en una escuela de tono, matices, detalles mínimos pero significativos”.
Dos de los cuentos publicados en Un árbol de noche, Miriam y Cierra la última puerta, fueron galardonados con el prestigioso Premio O’Henry, destinado a reconocer cuentos o relatos breves que debe su nombre al maestro estadounidense del género, O. Henry (pseudónimo de William Sydney Porter, 1862-1910).
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“Desde su novela Otras voces, otros ámbitos, Capote se ocupó de personajes muy parecidos a él, chicos de provincia, suficientemente raros para querer ver el Gran Mundo”, sostiene Villoro y señala que este cuento, una pintura de la vida en el sur de Estados Unidos a mediados del siglo XX.
Para el ganador del Premio Herralde 2004 por su novela El testigo, en la que un intelectual emigrado investiga la figura del poeta Ramón López Velarde a su regreso al México posterior al PRI, este cuento “recrea con minucia un microcosmos donde todo parece estable y tedioso y donde el único drama es que un toro muere por beber un bote de pintura. Pero de pronto llega una chica excéntrica, pretenciosa y fascinante que hace que todos la miren. Las niñas la miran con tal atención que por una vez ignoran a las avispas que zumban en el aire”.
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En ese sentido, el escritor se detiene en explicar que “la exactitud con que escribe Capote recuerda un consejo de Quiroga al cuentista: hay que escribir como si uno formara parte de ese mundo. Los sueños de Capote están en ese cuento, con la diferencia de que no fueron atropellados, al menos no por mucho tiempo”.
Truman Streckfus Persons creció, al igual que estos protagonistas, en un pueblito de Alabama pero más tarde se traslado con su madre a Nueva York, donde ella se casó con el cubano Joe Capote, quien le dio su apellido y una paternidad legal. Fue autor de novelas como El arpa de hierba (1951), que puede leerse como una continuidad de Otras voces, otros ámbitos, por esos personajes cuyo espacio de refugio es una casa construida en lo alto de un árbol.
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Su primer trabajo de no ficción fue Se oyen las musas (1956), una crónica de sus días como parte de una comitiva de artistas afroamericanos se disponía a interpretar en la Unión Soviética la ópera de George Gershwin Porgy and Bess; sin embargo uno de sus trabajos más conocidos es Desayuno en Tiffany´s (1958), la novela protagonizada por una joven neoyorquina que tuvo su versión cinematográfica en 1961, dirigida por Blake Edwards y protagonizada por Audrey Hepburn y George Peppard.

Más tarde llegó su obra cumbre: A sangre fría, la crónica que había sido publicada en cuatro entregas en The New Yorker sobre el asesinato de una familia de un pueblo rural de Estados Unidos y cómo los asesinos son capturados y sentenciados a pena de muerte. Este trabajo fue publicado como libro en 1966 y marcó un camino en un género que en la Argentina ya había tenido a Operación masacre, la investigación de Rodolfo Walsh y Enriqueta Muñiz, como punto de inflexión.
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Acerca de su encuentro con el universo de Capote, Villoro cuenta que lo primero que leyó fue Otras voces, otros ámbitos, que recupera el opresivo ambiente de la provincia, poblado de espectros, del que hay que huir, y luego Desayuno en Tiffanys, donde la protagonista, probablemente influida por la Sally Bowles de Christopher Isherwood, es alguien que se reinventa a sí misma con atrevida sofisticación y rompe los códigos comunes. Estos dos temas se condensan en Niños en su cumpleaños”.
Después siguió “con las extraordinarias obras sin ficción, A sangre fría, Ladran los perros, hasta llegar a Música para camaleones’, obra muy sugerente donde el cuentista alterna con el cronista”, que cuenta que tuvo “la suerte de verle leer en Nueva York”.
“En fin, Capote fue parte esencial de mi escuela. Curiosamente, en cuarenta años de escritura nadie me había preguntado al respecto”, sintetiza el autor de las crónicas Dios es redondo, de temática futbolística, y El vértigo horizontal; las novelas El disparo de argón y Arrecife.
Fuente: Télam
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