
A Rafael Romero Barros (1832-1895) suele encasillárselo como pintor costumbrista. Y si bien es cierto, quizá esta etiqueta tampoco le hace demasiada justicia a su obra o, por lo menos, a ciertos abordajes que realizó.
lnició sus estudios en el arte bajo la tutela del paisajista Manuel Barrón y Carrillo y en la Academia de Bellas Artes de Sevilla, cuando el costumbrismo era el lenguaje oficial de la pintura.
Durante su primeras etapa tiene una mirada hacia la pintura social y allí se encuentran Vividoras del amor, una pieza en la que presentó a un grupo de prostitutas en la entrada de un prostíbulo. Las mujeres tienen la mirada clavada hacia el afuera, por lo que los clientes serían aquellos que mirasen la pintura.
Si bien las prostitutas como modelo no eran un tema nuevo, yendo más atrás Caravaggio las utilizó para representar a santas, la pieza fue escandalosa para la época. Romero Barros la presentó para la Exposición Nacional de 1906 y fue rechazada por “inmoral”.
Aquella muestra fue histórica por su conservadurismo. Vividoras del amor no fue la única pintura rechazada, sino también otras que con el tiempo ganaron su lugar en el arte español, como El sátiro, del valenciano Antonio Fillol, y Nana, de José Bermejo. En una muestra retrospectiva de Romero Barros realizada en 2019, en Valencia, se reunió a estas obras por primera vez.

Entonces, el curador, Francisco Javier Pérez Rojas, comentó: “Fue un artista provocador que mezcló lo profano y lo sagrado. Creó un universo propio que pivotaba sobre la mujer, que protagoniza gran parte de su producción. En su obra hay una sublimación del mundo regional pero también un tratamiento de lo femenino que hace necesario romper todos los tópicos y encasillamientos que no reflejan al artista, así como una visión trágica de la vida y la fatalidad”.
La pintura de Romero Barros fue vista como parte de costumbrismo andaluz, pero con el tiempo su sensibilidad y su mirada para expresar las tensiones psicológicas y la cuestión social fueron ganando espacio. Hoy, sus obras son consideradas como un valioso testimonio gráfico de la sociedad del sur de España del periodo de entresiglos. Vividoras del amor pertenece a los Fondos de Arte de la Caja de Las Palmas de Gran Canaria y se expone en el Museo de la Casa de Colón, en Las Palmas de Gran Canaria.
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