120 años sin Oscar Wilde: la genialidad, la literatura provocadora y la muerte

Pocos artistas han tenido la agudeza literaria de este escritor, poeta y dramaturgo de origen irlandés. Su obra trasciende su época y hoy se lee con mucho interés por su profunda actualidad. ¿Quién fue, qué escribió, por qué fue condenado? Breve recorrido por una vida inquietante

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Oscar Wilde
Oscar Wilde (Foto: Shutterstock / Granger)

El mundo está lleno de artistas, pero como Oscar Wilde... ninguno. Nació en 1854 en la ciudad irlandesa de Dublín, por aquel entonces pertenecía a Reino Unido. De este escritor sabemos muchísimo: escribió cuentos, poemas, obras de teatro, ensayos y novelas. Se lo considera el dramaturgo más destacado del Londres victoriano tardío. También un ingenioso y agudo constructor de epigramas y aforismos.

“No debe olvidarse que, a pesar de que por cultura Wilde era un ciudadano de todas las capitales civilizadas, de raíz era un irlandés muy irlandés y, como tal, un extranjero en todas partes menos en Irlanda”, dijo George Bernard Shaw.

Escribió mucho, muchísimo. Sólo por nombrar algunas: La importancia de llamarse Ernesto, El príncipe feliz y otros cuentos, Balada de la cárcel de Reading, De profundis, El crimen de lord Arthur Savile y otras historias y Una casa de granadas, entre tantas otras.

Oscar Wilde
Oscar Wilde (Foto: Shutterstock / Universal History)

Quizás su obra más recordada sea El retrato de Dorian Gray, publicada en 1890 como cuento en la revista Lippincott’s Monthly, una revista mensual literaria estadounidense. Luego Wilde le hizo varias modificaciones, agregó nuevos capítulos y publicó el texto como novela por el sello Ward Lock & Co en abril de 1891.

El argumento es así: Basil Hallward es un artista que queda fuertemente impresionado por la belleza estética de un joven llamado Dorian Gray. A su vez, Dorian se fascinaba por las palabras de Lord Henry, quien asegura que lo único importante en la vida es la belleza y el placer. A partir de entonces, Dorian busca mantenerse siempre joven; el cuadro envejece por él.

Es considerada una de las últimas obras clásicas de la novela de terror gótica. El libro causó gran controversia en la sociedad de su tiempo. Calificativos como “empalagoso”, “nauseabundo”, “afeminado”, “sucio” y “contaminante” inundaron las páginas de los diarios y folletines que hablaban de la novela y sus tintes homoeróticos.

Oscar Wilde
Oscar Wilde (Foto: Shutterstock)

Con la fama en su espalda, Wilde se movía con la soltura de una gacela: vestía extravagante, polemizaba con todo el mundo, provocaba a los pacatos. Como todo personaje destacado, tenía sus detractores. Tipejos que amaban el orden, que se ofendían con todo aquello que reflejaba algo fuera de la serie. Entonces lo atacaron. Por aquellos tiempos la homosexualidad era un tabú. Nadie se anima a salir del closet porque, claro, las represalias no sólo merecían cárcel, también el escarmiento de toda una sociedad.

Alfred Douglas era un joven escritor de la nobleza escocesa. Era amigo y amante de Oscar Wilde. Su padre lo sospechaba y le parecía una herejía. Entonces, sin más paciencia que la de un padre defraudado, le escribió una carta a Wilde, que estaba en ese momento en la cresta de la ola: lo trato de “aquel que presume de sodomita”. Así comenzó todo.

El contraataque fue una denuncia por calumnias. Llegaron los juicios y finalmente la cárcel, acusado de sodomía y de grave indecencia. Las repercusiones se desplegaron como un dominó y la intolerancia hacia los homosexuales —no existía algo llamado “comunidad gay”— recrudecieron en Europa llevando a muchos artistas e intelectuales al exilio.

Oscar Wilde
Oscar Wilde y Alfred Douglas (Foto: Shutterstock / Granger)

Oscar Wilde estuvo dos años en la cárcel y ese fue el final de su personaje. Claro, su obra continuó y continúa siendo una de las más influyentes de la historia del Occidente moderno, pero ese encierro lo dejó abatido emocionalmente. Su familia desaprobó el incipiente romance, su esposa le prohibió ver a sus hijos (Wilde tenía dos niños).

Al salir de la cárcel, se reencontró con Alfred Douglas en la ciudad francesa de Ruan y vivieron juntos, unos meses, en un pueblo italiano cerca de Nápoles. Finalmente, se separaron. Luego todo es borroso. Poco se sabe de los últimos días de Wilde. Estuvo en París donde prefirió hacer una vida tranquila y silenciosa. Se cambió el nombre: se puso Sebastián Melmoth, por el personaje de la novela de Charles Maturin. También decidió convertirse al catolicismo.

Si bien se dice que fue una meningitis lo que lo terminó matando (infección causada por una intoxicación) no está del todo claro. El rumor más fuerte es el siguiente: pidió champán en la habitación de un hotel y, ya muy enfermo, dijo: “Estoy muriendo por encima de mis posibilidades”. Eso fue un 30 de noviembre de 1900, hace 120 años. Sus últimas palabras. Tenía apenas 46 años.

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