
Sobre la Ruta Nacional 33 un cartel reza: “Visite General Villegas. La ciudad del escritor Manuel Puig”. Y es que allí nació y en ella se inspiró el escritor argentino para muchas de sus obras y allí, donde hoy sobrevuela su fantasma entre el afecto y el rencor, sus pobladores lloran, debido a que durante los últimos días su casa de nacimiento fue demolida, sin aviso previo, destruyendo para siempre un pedazo del patrimonio histórico de esta ciudad que se encuentra a más de 500 kilómetros de la CABA.
Este año se cumplieron tres décadas del autor de Boquitas pintadas y El beso de la mujer araña, entre otras, y General Villegas lo festejó, con homenajes para el más ilustre de sus hijos, aunque hoy el espíritu es otro.

Puig vivió sus primeros años en Villegas, donde su madre lo llevaba religiosamente a ver una película cada tarde de su infancia. Como en el pueblo no tenía colegio secundario, se marchó para estudiar y luego volvió, ya hecho un escritor, pero se fue otra vez para nunca regresar.
Allí quedaban las tres casas que habitó: la de su nacimiento, demolida este fin de semana, y la que habitó durante sus primeros años de vida y donde hoy vive Patricia Bargero, quien está al frente del cuidado de su legado. La tercera, donde vivió hasta 1949, también fue demolida hace varios años ya.

“Puig nació ahí, en esa misma casa, y en todo el mundo las casas natales de los escritores son museos. Eso es lo que duele. La gente que viene a Villegas busca esa casa", escribió Barguero en sus redes sociales. Posteriormente, Puig se "vivió desde los 6 meses hasta los 3 o 4 años” en la casa que hoy pertenece a Bargero. Y agregó: “Después vivió en la casa de la vinería, hasta los 16, pero esa casa ya no existe desde hace mucho más tiempo”.
Bargero nació en el pueblo vecino de Emilio V. Bunge, que pertenece al partido de General Villegas. Allí se mudó años más tarde tras sufrir un accidente automovilístico que la dejó cuadripléjica. Lo primero que supo de Puig fue que era candidato al Nobel. Eso fue antes, cuando estudiaba bibliotecología en la Ciudad de Buenos Aires. Luego, mientras se recuperaba del accidente, se convirtió en una lectora compulsiva de su obra, y la lectura devino misión: transmitirla a las nuevas generaciones.

En la actualidad, Bargero dicta talleres sobre el autor y se tomó muy seriamente preservar su legado simbólico. En ese sentido, relata que realizó, junto a un grupo de vecinos, muchas gestiones para evitar la demolición del edificio de Arenales 401, que ya se encontraba en estado de abandono y señala que no importó el color político, todos los partidos desoyeron el pedido.
“Hicimos muchas gestiones. La asociación civil Te Queremos Tanto surgió para promocionar su obra y no solo lleva a cabo el Programa Puig en Acción cada dos años con todo tipo de eventos, también se ha movido al respecto. Pero la casa seguía allí y manteníamos las esperanzas. Nos sorprendió ver que la demolieran durante el fin de semana. Pasaron muchos años acá y distintos partidos políticos... esto no hace más que mostrar quiénes somos”, sostuvo.

Cuando se enteró de la mala noticia, los vecinos se acercaron hasta la casita, pero era tarde, ya no tenía puertas, ni ventanas, ni techo. Bargero, imposibilitada de salir por la pandemia, pidió que saquen fotos, que le trajeran algo, como quien necesita despedirse. Así lo hicieron varios vecinos, quienes le acercaron las imágenes que ilustran esta nota.
Dice que el actual propietario, Bartolomé Grosso, padre de Guillermo Grosso, Subsecretario de Gobierno de la Municipalidad, prometió donar “rejas y puerta a la biblioteca pública” de la ciudad. Y agregó: “Es una tristeza muy grande. Van a hacer departamentos en el lugar”.

La primera partida de Puig de Villegas fue en 1946 para cursar el secundario, pero regresó en el ’68, año en que publicó su ópera prima, La traición de Rita Hayworth. Un año después, salía el clásico Boquitas Pintadas, y la conmoción en el “infierno grande” fue total.
La relación de Puig con su pueblo se retrata en Regreso a Coronel Vallejos (el nombre de fantasía con la que el pueblo natal de Puig aparece en sus novelas), documental de 2018 del también villeguense Carlos Castro.
En éste, del que participa Bargero como narradora, se recupera esa pulsión de odio y amor por el autor, quien había utilizado a muchos de los personajes de la sociedad en la que nació y creció como inspiración para la ficción. Novelas de corte autobiográfico (sobre todo la primera) que visibilizaron las entrañas sucias del pueblo.
El rechazo que provocaron esos dos libros que mostraban la cara oculta de los habitantes de Villegas se evidenció en una doble página de un diario local que la película “lee”, y que lleva como título General Villegas no es como dice Manuel Puig. La producción periodística incluye la voz airada de los vecinos, en lo que parece un juicio popular, y termina con una amenaza de uno de ellos destacada en negritas: “Mejor que no vuelva por aquí”. Y Puig nunca lo hizo.
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