La belleza del día: “La cuenca del Don", de Aleksandr Deineka

En tiempos de incertidumbre y angustia, nada mejor que poder disfrutar de imágenes hermosas

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“La cuenca del Don" (1947)
“La cuenca del Don" (1947) de Aleksandr Deineka

I

La vida de Aleksandr Deineka grafica y explica muy bien lo que significó ese gran fenómeno político y cultural del siglo XX que algunos miran con nostalgia y otros con asco: la Unión Soviética. Nacido en Kursk en 1899, Deineka era un adolescente cuando ocurrió la Revolución de Octubre. Le interesaba el arte y la época habilitaba mentes creativas que pudieran poner en el lienzo las sensaciones revolucionarias.

Estudió en la Facultad de Arte de Járkov y fue alumno de Aleksandr Lubímov, de quien aprendió muchísimo. Siguió sus estudios en la Vjutemás (Talleres de Enseñanza Superior del Arte y de la Técnica) de Moscú, pero cuestionó su pedagogía. Por eso, junto a otros artistas, fundó el grupo OST primero, y más tarde el Oktyabr.

Sus primeros trabajos mantienen la épica del período postrevolucionario. La socialización de los medios de producción y la importante mejora de las condiciones laborales fueron algunas de las inspiraciones. El trabajo como modo de dignidad fue el concepto que más representó en sus primeras obras, así como también el deporte y algunas postales históricas, como La defensa de Petrogrado (1928).

II

Con la muerte de Lenin y el exilio de Trotsky, el rumbo socialista quedó en manos de Stalin. Fue entonces cuando empezó un lento pero intenso período de burocratización que, no sólo persiguió disidentes, también impuso una cultura oficial. En el arte, se llamó realismo socialista, cuyo propósito era expandir la conciencia de clase y el conocimiento de los problemas sociales.

Dicho así no parece presentar problema alguno, sin embargo esto dio lugar a un gran debate en el mundo respecto de la función del arte. ¿La expresión artística tiene un rol social? ¿Debe estar en función de ciertos intereses o debe, por el contrario, fluir libre y permitirse cuestionar absolutamente todo, incluso al arte mismo y a quienes intentan darle un rumbo?

En 1938 Trotsky y André Breton escriben el Manifiesto por un Arte Revolucionario Independiente, un texto que busca oponerse no sólo a lo que consideraban el “arte burgués decadente” sino también al realismo socialista. Allí la apuesta teórica pero también práctica era la libertad del arte bajo cualquier circunstancia. Una defensa cerrada de la autonomía del artista.

Hay una anécdota conocida que dice que durante la redacción final del manifiesto, Breton quiso agregarle la frase “siempre y cuando no atente contra la revolución”. Es decir, que la libertad del arte debe ser total, salvo cuando que “atente contra la revolución”. Trtosky se negó rotundamente a esa modificación. El estalinismo perseguía artistas. Era necesario dejar las cosas claras.

III

Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Deineka realizó pinturas monumentales exaltando el tono patriótico y épico. Algunos ejemplos son Noviembre (1941), La ciudad quemada (1942) y La defensa de Sebastopol (1942). Para entonces, lo que hacía este gran artista soviético era seguir al pie de la letra la dirección oficial del Kremlim.

“Los últimos años del gobierno de Stalin, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta su muerte en 1953, se conocen como el apogeo del estalinismo: un período señalado por el conformismo y el conservadurismo extremos en la cultura”, explica el crítico de arte Manuel Fontán, quien fue curador de una reciente muestra de Deineka.

Para muchos es el gran representante del realismo socialista (otros lo llaman “el Hopper ruso”). Allí, en su patria, obtuvo varias distinciones: el Premio Lenin, el título de Artista Meritorio de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, el de Artista del Pueblo de la URSS y el de Héroe del Trabajo Socialista, entre otros. Murió en 1969 en Moscú a los 70 años. Sus restos están en el Cementerio Novodévichi de Moscú.

IV

¿Acaso alguien puede decir que Aleksandr Deineka era un mal artista? Al contrario, los trazos, la elección de los colores, las escenas, la forma en que diseña cuerpos contrastados con paisajes es realmente impactante. Fontán destaca también “el modelo de superficie estrictamente ordenada con líneas verticales, diagonales, y el corte horizontal del puente" y su "sensibilidad precursora del pop”.

“Las severas limitaciones que imponía el realismo socialista durante el apogeo del estalinismo le hicieron diluir su antiguo estilo, pero una forma inesperadamente soberbia de realismo moderno ocupó su lugar”, agrega. Es decir, si bien sigue los gustos del Kremlin, Deineka expone en su obra una subjetividad muy particular que lo vuelven un artista notable.

Entre las tantas obras que hizo este ilustrador, pintor y escultor “al servicio de la utopía comunista”, como escribió Ángeles García, está La cuenca del Don, un cuadro pintado con témpera sobre lienzo (180 x 199,5 cm) que hoy permanece en la Galería Estatal Tretyakov de Moscú. Es una obra bellísima que no vale la pena describirla. Basta con posar los ojos sobre ella y dejarse llevar.

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