
Charles Spencelayh (1865 – 1958) fue un pintor británico especializado en escenas domésticas, que retomaba la tradición del género victoriano y la actualizaba con cierta cuota de humor, mezclando objetos de aquella época con los de su momento, que hoy también son de otra época. También, en su obra, abundan las personas mayores como sujetos, en otra expresión de esa transición.
Los críticos en general le dieron la espalda, a fin de cuentas en su estilo no había nada innovador, era netamente académico. Spencelayh era con sus obras como aquello que representaba, algo demodé, olvidado, una habitación arrumbada de memorias, como sucede en La vieja tienda de curiosidades.
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Hoy, esa imágenes tienen algo de entrañable. Una sensibilidad por un tiempo en que todo era más sencillo. Sus obras, en sí, apelan al corazón británico, porque replica temas u objetos que les son profundamente familiares, accesibles en los recuerdos.
Su biógrafo, Aubrey Noakes, escribió en Charles Spencelayh y sus pinturas: “Gran parte del trabajo de Spencelayh ahora me parece que posee una cualidad nostálgica. El agradable desorden de posesiones heredadas, bastante común en la mayoría de los hogares a principios de este siglo, e incluso entre las guerras, se está convirtiendo cada vez más en un recuerdo a medida que la gente se encuentra apiñada en apartamentos y presionada para la compra de muebles modernos hechos a medida”.
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En ese sentido, La vieja tienda de curiosidades fue descripta por Noakes como “la obra que transmite el sabor por excelencia de Spencelayh en su mejor momento desenfrenado... su obra maestra".
La pieza fue exhibida por primera vez en la Royal Academy en 1925 con el título The Old Dealer (El viejo vendedor) y fue un gran éxito. En ésta se aprecia al vendedor levantar la vista, mientras pinta una vieja jaula de alambre, para saludar a un posible cliente que ingresa al local, interpelado así al espectador.
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La variedad de objetos representados, muchos de los cuales eran cosas que el visitante promedio de la Academia en 1926 reconocería como artículos que tenían en sus propios hogares, generó que Spencelayh se convirtiera en una persona popular. En esos días, se vio inundado de cartas de admiradores, muchos de los cuales preguntaban si podrían comprar algunos de los objetos de la pintura.
Spencelayh comenzó a exponer en la Royal Academy en 1892, pero recién en la década de 1920 encontró su mecenas: Mr. Levy, un comerciante de algodón de Manchester que había comprado su cuadro titulado Cenicienta cuando estaba de vacaciones. Él y su esposa habían visto otras imágenes de sus obras en la Academy, pero se habían vendido cuando preguntó por ellas.
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Así que consiguió su dirección y le compró inmediatamente dos cuadros. En palabras de la señora Levy; “durante un tiempo siguió comprándolos. Luego, tuvo una onda cerebral, escribió y le preguntó al Sr. Spencelayh si podía ir a verlo a Manchester. Le ofreció una casa gratis para la señora Spencelayh y para él, y se ofreció a duplicar la suma de dinero que ganaba”.
Levy disfrutaba viendo trabajar a Spencelayh y le sugirió varios temas judíos para pintar, lo que se vendieron muy bien. También encargó retratos de miembros de su familia y organizó la exposición de veintitrés de sus cuadros en el Midland Hotel de Manchester. Y siguió comprándole obra, por supuesto, entre ellas La vieja tienda de curiosidades, que salió subasta por primera vez en 1946, alcanzando entonces £ 11.025 (unos USD 14.134 de hoy). Volvió a salir en 2009, en la casa Sotheby’s y continua en manos privadas por el precio de £ 337.250 (USD 432.354).
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