
Se cumple un nuevo aniversario de la muerte de Julio Galán en 2006, uno de los pintores mexicanos más interesantes de las últimas décadas, con una obra muy personal, plena de fantasías, que vivía entre el sarcasmo y el drama, con una fuerte carga autobiográfica, a partir de la que representaba la idea del narcisismo en el artista.
“Nunca lo niego, mis obras son un espejo de mi propio dolor, es así como exorcizo mis fantasmas para abrirme al abismo de una nueva vida que son aventuras. Es la forma de mimetizarme con el ambiente, eso me encanta, me escondo de mis propios reflejos, igual me escondo tras la máscara de estrafalario”, dijo en una entrevista.
Galán le dio aire fresco a la pintura mexicana de los ’80 en adelante, retomando la tradición fantástica, con ese cruce con lo surreal, donde se rompe con la idealización y aparecen los símbolos y los sueños se cuelan en los bastidores. En este caso, se trata de Retrato de Elizabeth, que se encuentra en el Museo Amparo (Puebla), y en la que representa a su hermana “Lissi” en el centro de la composición, sentada en un sillón canapé Luis XV de dos cuerpos, y vestida con ropas típicas.
Detrás de ella un telón con montañas, como si fuera una de esos viejos daguerrotipos con escenografías, donde se puede ver la firma del autor, en una composición que pone en debate cuál es su obra, si aquello que es lo secundario o lo que vemos al centro. El tipo de retrato es un clásico Galán, con rostros blancos, muy blancos, casi llegando a lo fantasmagórico, con un contraste pronunciado con los pies.
Sobre su obra, el autor Carlos Monsivais escribió: “Pintura engañosa y subversiva que causa adicción, que repite sus temas y los transforma hasta volverlos irreconocibles, la obras de Galán mezcla, con gracia y sabiduría, los mitos y las referencias nacionales, el teatro y la sinceridad, el transformismo y la transparencia”.
Sin formación académica -abandonó la carrera de arquitectura-, Galán vivió la mayor parte de su vida en Monterrey, con estancias en Nueva York -donde su obra ganó notoriedad internacional- y Europa. Fue en si un personaje en sí mismo, disfrutaba de ser el centro de atención en los eventos, donde solía aparecer con una vestimenta glam gótica y maquillaje que buscaba la expresión andrógina.
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