
Hijo de expatriados polacos, Balthasar Klossowski, Balthus, creció en un ambiente privilegiado, con padres intelectuales que formaban parte de la élite cultural parisina. Solo por citar un ejemplo, el escritor francés Jean Cocteau se inspiró en él y en su hermano filósofo Pierre Klossowski, futuro filósofo, para escribir Los infantes terribles.
Tras la separación de sus padres, se mudó a Génova con su madre, quien entonces comenzó un romance con el poeta austriaco Rainer Maria Rilke, con quien a pesar de tener una relación conflictiva lo apoyó y publicó sus dibujos en uno de sus libros.
Comenzaba así la carrera del artista nacido en 1908 y que, a pesar de haber sido una figura pública, de haberse rodeado de otros grandes artistas como André Breton, Pablo Picasso, Man Ray, Antonin Artaud, Joan Miró, Alberto Giacometti y Albert Camus, mantuvo siempre su vida privada en secretismo.
Teresa soñando (Thérèse rêvant) es una de sus famosas -y polémicas- obras de los años 30, en los que retrató a niñas en extrañas poses, que nunca sonríen y que aparecen acompañadas de gatos lamiendo leche.
La obra volvió a cobrar notoriedad hace tres años, cuando 12 mil personas firmaron una petitorio para que fuera retirado de las colecciones del Metropolitan de Nueva York, situación que finalmente no sucedió.
La modelo fue Thérèse Blanchard, de 11 años, vecina del artista, quien aparece en muchas otras pinturas del francés nacionalizado polaco. Allí, ella posa en una postura algo incómoda, levantando la pierna y enseñando su ropa interior.

En su trabajo, Balthus no tomó la estética de la vanguardia cubista, sino que eligió el realismo surrealista, más cercano a Dalí, donde desarollaba deseos, sueños o cuestiones psicológicas a partir de figuras reconocibles.
En el pedido al MET, alegaban que el cuadro “es una imagen perturbadora, sexualizada e inapropiada, al retratar una joven de 12 o 13 años en una pose sugerente que hace visible su ropa interior”. La creadora de la petición, Mia Merrill, explicaba entonces que “dado el clima actual en cuanto al acoso sexual, el museo está romantizando el voyeurismo y la cosificación sexual de los niños”.
Este no fue el primer escándalo referido a una de sus obras, en su primera exposición en París La lección de guitarra (1934) generó una gran controversia debido a sus sadismo sexualmente explícito.
Para Balthus no había nada oscuro ni sexualizado en sus cuadros. Para él las niñas que pintaba eran “seres puros, y su inocente impudor es propio de la infancia. Lo morboso se encuentra en otro lado”.
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