“Teresa durmiendo”. Balthus. 1938
“Teresa durmiendo”. Balthus. 1938

¿El arte necesita ser trasgresor? Esa es una pregunta que no sólo compete a los estudiantes de Historia del Arte o a los artistas, ensimismados en su obra, o a los periodistas culturales, que caminan y caminan por museos, congresos, teatros y recitales. También es un interrogante que aparece en la sociedad toda: ¿debemos exigirle a una obra de arte que vaya más allá de lo esperable y nos haga tambalear los estantes de las convenciones?

La pregunta que se hicieron unas 10 mil personas sobre Teresa durmiendo, la obra de Balthus exhibida en el Metropolitan Museum de Nueva York fue completamente al revés: ¿por qué tiene que ser tan transgresor? A partir de un petitorio, una gran cantidad de personas le solicitó al Met que retire el mencionado cuadro por ser "perturbador, ofensivo e inquietante" y porque "romantiza la sexualización de los niños". El museo se negó a hacerlo alegando "respeto por la expresión creativa". La pregunta se renueva: ¿por qué una obra realizada en 1938 molesta 80 años después?

“La partida de naipes”. Balthus. 1948-1950
“La partida de naipes”. Balthus. 1948-1950
“La lección de guitarra”. Balthus. 1934
“La lección de guitarra”. Balthus. 1934

Balthus nació bajo el nombre de Balthasar Kłossowski de Rola un 29 de febrero de 1908 en París, Francia. Murió días antes de cumplir 93 años, un 18 de febrero de 2001). Desde sus inicios contó con el patrocinio de Rainer Maria Rilke y Pierre Bonnard, y con el apoyo de su padre, Erich Klossowski (un destacado historiador de arte), y su madre, Elisabeth Dorothea Spiro (intelectual conocida como Baladine Klossowska), ya que eran parte de la élite cultural de París.

Comenzó pintando con gran interés por las posiciones eróticas y voyeurísticas, sobre todo con mujeres jóvenes como protagonistas. Ya en 1934, su obra La lección de guitarra causó una gran controversia en París por lo explícito del lesbianismo entre una joven y su profesora. En seguida, André Breton y Pablo Picasso lo admiraron profundamente. También artistas como Man Ray, Antonin Artaud y Joan Miró fueron sus amigos y formaron parte de su círculo intelectual. Cada vez se había más inmenso, como personaje y como artista: se codeó con Albert Camus, Federico Fellini y Renato Guttuso. Sus sutiles y sensuales provocaciones seducían a aquellos que le exigían eso al arte: transgresión.

“Thérèse retratada”. Balthus. 1938
“Thérèse retratada”. Balthus. 1938
“El salón”. Balthus. 1941-1943
“El salón”. Balthus. 1941-1943

Desde luego que fue atacado, al igual que hoy, por lo que representaban sus obras. "Las niñas son las únicas criaturas —respondía Balthus— que todavía pueden pasar por pequeños seres puros y sin edad. Las jóvenes adolescentes nunca me interesaron más allá de esta idea". En otra ocasión dijo: "Las niñas para mí son sencillamente ángeles y en tal sentido su inocente impudor propio de la infancia. Lo morboso se encuentra en otro lado".

En este sentido, Camus lo defendió: "No es el crimen lo que interesa, sino la pureza". También el escritor español Vicente Molina Foix: "Balthus no llegó a pecar, y estoy seguro de que era, como le gustaba a él decir, un pintor religioso. ¿No es, al fin y al cabo, la religión el ejercicio de una mirada fija y persistente a un punto inalcanzable? El culto misterioso de las niñas".

Joan Miró y su hija Dolores. Balthus. 1937
Joan Miró y su hija Dolores. Balthus. 1937
“Chica y gato”. Balthus. 1937
“Chica y gato”. Balthus. 1937

Para algunos, las obras de Balthus son dañinas. Pero de esta forma, ¿no estaremos pidiéndole al artista que sus obras digan todo lo que queremos escuchar? ¿Acaso no necesitamos un poco de transgresión para que el arte, para bien o para mal, nos muestre algo que vaya más allá de lo esperable?

 

_____

LEA MÁS

_____

Vea más notas en Cultura