
Con unos 30 kilómetros de tela de jean cortada en tiras y cosidas, Maria Lai (Ulassai, 1919 – Cardedu, 2013), figura clave de la historia del arte italiano de la segunda mitad del siglo XX, ató —junto con los vecinos de Ulassai, en Cerdeña— todas las puertas, calles y casas de su pueblo en Italia, que hoy por la pandemia registra datos que estremecen: 69.176 contagios y 6.820 muertos.
Con esta acción colectiva junto con los vecinos, la artista creó una obra monumental que puso el foco en las relaciones interpersonales y que hoy sería imposible imaginar. Lai pautó un código para evidenciar el vínculo entre ellos: un nudo entre las casas significaba amistad; la ausencia de nudo, rivalidad; un pan, amor. Cada uno debía sumar a la cinta el signo que, en su caso, correspondía. Luego, tres andinistas llevaron la cinta que unía a los habitantes del pueblo hasta la cima del Monte Tisiddu: pueblo y naturaleza quedaron ligados. Legarsi alla montagna (Atarse a la montaña), esta obra colectiva a gran escala hecha en 1981, hoy, en tiempos de pandemia, nos interpela sobre los vínculos sociales, sobre algunas formas de egoísmo latentes y otras que iluminan.
La video - performance y las fotografías que registran esta acción colectiva ya están disponibles en la visita virtual de Los diarios del alma, de Lai. Integra el programa #MiráMUNTREF con recorridos virtuales por las exhibiciones de sus diferentes sedes, a través de las redes sociales (Instagram Live @muntref) y desde hoy en la web en versión extendida de veinte minutos. Montada en Muntref Centro de Arte Contemporáneo, la exhibición —que no llegó a inaugurarse por el brote de coronavirus— cuenta con la curaduría de Luigia Lonardelli y de Bartolomeo Pietromarchi, director del MAXXI (Museo Nacional de Arte del siglo XXI, Roma), que realizaron un completo recorrido por la obra de esta artista conceptual, precursora del arte relacional.

Legarsi alla montagna está inspirada en una antigua leyenda de Cerdeña que narra la historia de una niña que logra salvar su vida, en una montaña, aferrándose a una cinta de tela celeste. Tras cortar las telas y coserlas, Lai acordó con todos los habitantes del pueblo hacer esta performance, que recrea la leyenda, incluyendo las cintas y la montaña (símbolo de salvación).
La exhibición hace eje en la obra de Lai a partir de los años sesenta, cuando abandonó la pintura y empezó a trabajar sobre diferentes prácticas cotidianas y domésticas. Recuperó la memoria de narraciones populares para reinventarlas en acciones públicas (como en el caso de Legarsi alla montagna), realizó trabajos en terracota y en textiles con telas encontradas, y libros con textos bordados de un lenguaje indescifrable que apela a la curiosidad del espectador.
Los libros bordados y teñidos con diferentes colores son objetos bellos con texturas visuales: una escritura inventada ilegible. Con este mecanismo paradojal, la artista desata la intriga del espectador y, al tiempo, le otorga la capacidad de dotar a esa escritura ficticia de múltiples contenidos. Cada uno le da su propio sentido, según sus sensaciones y vivencias. Es por esto que los curadores de la exhibición se refieren a estas piezas como diarios del alma, anclados en experiencias singulares de cada espectador. Otro conjunto de libros expuestos contiene paisajes hechos con collages con diferentes telas superpuestas. Estas son piezas que Lai comenzó a hacer en los años sesenta y continuó hasta sus últimos días.

Están sus tapices no convencionales que evidencian la transición entre la pintura geométrica (que la artista realizó hasta los años sesenta) y la incorporación de una composición en la que las tensiones y direcciones de los hilos cumplen un papel central. Hay, además, tapices de gran tamaño hechos con telares y métodos tradicionales que suman imágenes contemporáneas.
A partir de las composiciones con líneas en tensión que desarrolló en sus tapices, surgió su serie de mapas (en textiles, superficies transparentes y en esculturas con piedras talladas y terracotas con inscripciones antiguas) en los que une la cartografía terrestre con la cartografía de las constelaciones. “Son mapas que tienen un sentido político - utópico: Lai está inventando mapas donde se unen los modos de reconfigurar cielo y tierra —dice en diálogo telefónico con Infobae Cultura Diana Wechsler, directora artística de Muntref, a cargo de la visita virtual por la exhibición—. El hecho de que sea una mujer es bien interesante porque quienes históricamente han tenido el poder de mapear el mundo y decirnos cómo se transita, de dibujarlo y de crear todas las reglas para transitarlo, no sólo es el Norte sino que son los varones. Esta asunción desde el lugar de una mujer para reinventar los mapas es un gesto político”.
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