
¿Qué enseñanzas dejó la crisis de 2001? ¿El neoliberalismo es un partido político o un dispositivo de subjetivación que apunta a adecuar nuestras vidas? ¿Se puede tener una vida no-liberal al margen del bombardeo mercantilista? Todos estos interrogantes encuentran respuestas en un concienzudo análisis que desgrana Diego Sztulwark en su reciente trabajo, La ofensiva sensible. Neoliberalismo, populismo y el reverso de lo político, de la Editorial Caja Negra.
Tomando como punto de partida la crisis de 2001, el autor asegura que a partir de ese momento “la voluntad de inclusión” por un lado y la “cultura del orden neoliberal” por otro, se disputaron la reescritura “desde cero del campo social”. Esa pelea que plantearon los políticos que se encaramaron en el poder desde proyectos políticos muy distintos en las últimas décadas y sus políticas de Estado están a la vista. ¿Pero qué pasa en el medio con nuestras vidas, con nuestros lazos sociales, el uso que damos al tiempo y hasta las amistades? ¿La ofensiva neoliberal termina cuando sus dirigentes abandonan el poder?
La batalla está dada ahí, plantea Sztulwark, que remarca algunos de los “dispositivos individualizadores” que usa el “comando neoliberal” para ganar la ofensiva sensible: mecanismos financieros de endeudamiento, racionalidad seguritista, representación política y mediatización de la existencia. Mecanismos que apuntan a adecuar la intimidad de nuestros afectos y deseos a la valoración mercantil.
Aquí entra en juego entonces la diferencia entre modo y forma de vida. El primero, vinculado a los modelos de consumo y la segunda, a una autonomía, al darse uno mismo las normas. En el medio aparece el malestar o síntoma, la resistencia a la adecuación. El juego está abierto. A continuación, el diálogo de Infobae Cultura con el autor.
-En base al análisis realizado en el libro, ¿cree que en Argentina el llamado populismo tomó nota de lo ocurrido en los años anteriores? ¿Está para otra cosa que ser una alternativa débil al fenómeno neoliberal? ¿Será consciente de los puntos ciegos que explotó el neoliberalismo?
-El kirchnerismo fue una voluntad de inclusión vía consumo y derechos, con puntos ciegos sobre los modos en que lo neoliberal se recrea a sí mismo desde la economía y la vida cotidina. Esos puntos ciegos fueron exitosamente explotados por Macri en 2015. Pero el programa neoliberal para la región fracasa. No solo en Argentina. En Bolivia y Chile no cuaja sin violencia. De allí que el experimento neofascista de Bolsonaro se vuelva una alternativa temible para la región. Ese fracaso abre una oportunidad para cuestionar los dispositivos neoliberales de gobierno. Una tarea que excede por completo a un gobierno y requiere del protagonismo amplio de las organizaciones populares.
-En el primer capítulo explica que el héroe neoliberal ya no es el hombre de Estado, sino el empresario. El fracaso de Macri ¿puede hacer mella en esa concepción a nivel local?
-El neoliberalismo no es solo un partido político al que es posible derrotar electoralmente, sino una compleja articulación entre acumulación de capital y micropolíticas de la vida. Cuando entra en crisis esa articulación aparece la violencia para evitar su fractura. Vemos hoy en Chile al empresario neoliberal sostenido en el poder represivo. Afortundamente en la Argentina los movimientos de derechos humanos generaron anticuerpos contra el partido militar.

-¿Cómo cree que jugó el uso de la corrupción para permitir el avance neoliberal que terminó en la victoria macrista del 2015?
-La corrupción es un fenómeno de descomposición de lo colectivo. Las últimas décadas, tras la caída de la alternativa socialista a nivel global, se convirtió en un discurso político útil a las élites para hacer voltear gobiernos insolventes sin poner en discusión los modos de acumulación de capital. Más recientemente fue empleado para atacar no sólo a los gobiernos progresistas sino en particular para destruir organizaciones sociales. El caso emblemático sigue siendo el de Milagro Sala. Imposible cuestionar el neoliberalismo sin una nueva comprensión de la corrupción como apropiación privada de lo común.
-¿Qué rol juegan los diversos colectivos sociales en la batalla para lograr la libre realización personal en esta época neoliberal?
-Hubo mucha confusión con los así denominados “movimientos sociales”. Por un lado, se trata de grupos con reivindicaciones. Pero me interesa delimitar otro fenómeno. Los grupos que desplazan, que mueven algo en la sociedad. Como sucedió en su momento con las Madres de Plaza de Mayo; con los piqueteros de 2001 y sucede con las corrientes del feminismo llamado popular. Además de reclamar cosas concretas estos movimientos tienen la inmensa virtud de resensibilizar al cuerpo social dañado por los años de terrorismo de estado y de subordinación de la vida al individualismo de mercado.
-¿Por qué es importante la distinción entre modo y forma de vida?
-Propongo esa distinción para dar cuenta de las existencias anómalas que no quieren o no pueden adaptarse al mandato totalitario de vivir en y según los requerimientos compulsivos del mercado. Si lo neoliberal hace existir, provee modos de vida, “couchea”, la “forma de vida” tiene por origen cierto fracaso o decepción con la vida prometida. La experiencia de no cuajar puede activar, en ciertas circunstancias, a inventar una nueva experiencia vital, nuevas alianzas, nuevos lenguajes y quizás, nuevas politizaciones.
-¿La autonomización de las formas de vida puede influir en las crisis de reproducción del neoliberalismo?
-Quizás en el fondo el neoliberalismo no sea sino el capitalismo en la fase en que su esfuerzo mayor consiste en gobernar el deseo social a fin de orientarlo hacia la realización de las mercancías. De allí que las grandes empresas se hagan cargo de crear “modos de vida”, incluso y de modo cada vez más generalizado, de modos de vida precarizados. Durante la crisis se abre la brecha entre estrategias sociales y realización de mercancías y los gobiernos emplean la violencia para impedir que se abra la brecha. Lo que hace que las formas autónomas de vida deban politizarse. Evitar la violencia, crear economías propias, diseñar nuevas reglas y formas de liderazgos. Creo que esta es la nueva forma de la lucha de clases.
-¿Cuál es la relevancia del concepto de “democracia plebeya” tomando los ejemplos históricos y pensando en el futuro?
-Asistimos a una ruptura entre estado de derecho, entendido como gobierno de las leyes, y democracia, como participación popular. Los neoliberalismos y los populismos disputan el plano político, sin revertir las grandes desigualdades. Llamo “plebeyo” al gesto irreverente e igualitarista que recusa este estado de cosas aún sin llegar a conquistar una forma política propia. En su origen remite a las personas sin título de propiedad o nobleza. Luego a esa mezcla villano y proletario que emerge con la Revolución francesa. Actualmente designa esa mezcla de pobreza y criminalidad que horroriza a la república propietaria. Sin embargo ya desde Maquiavelo la república era el poder de los pobres para defender lo público contra la tendencia privatizadora de los ricos. Creo que esa idea de Maquiavelo tiene plena vigencia.
El autor
Diego Sztulwark nació en Buenos Aires en 1971. Estudió Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires. Es docente y coordina grupos de estudio sobre filosofía y política. Fue miembro del Colectivo Situaciones de 2000 a 2009, con el que realizó una intensa tarea de investigación militante complementada con publicaciones, y de Tinta Limón Ediciones. Coeditó la obra de León Rozitchner para la Biblioteca Nacional y es coautor de varios libros, entre ellos Buda y Descartes. La tentación racional (junto con Ariel Sicorski) y Vida de Perro. Balance político de un país intenso del 55 a Macri, basado en conversaciones con el periodista Horacio Verbitsky. Escribe asiduamente en el blog lobosuelto.com.
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