
De un modo probablemente transversal en un comienzo pero enfático en sus últimas producciones, la artista rosarina Ana Gallardo (1958) viene tratando el tema de la violencia desde el inicio de su práctica artística.
Desde un principio, atravesando su propio cuerpo con la "culpa" de la carencia de una formación académica que todavía añora y que le otorgó el hándicap de una mirada ingenua que la avergonzó durante su juventud pero que hoy, quizá algo enlatada, se vuelve un punto a favor para crear una obra desobediente, que sin la ingenuidad cliché de la rebeldía juvenil, se instala como una impronta que se puede rastrear a lo largo de todo su trabajo.
En Dibujos textuales II, su muestra en curso, la más importante luego de la retrospectiva de su obra que tuvo lugar en El Moderno durante 2016 –Un lugar para cuando seamos viejos– una serie de latones de gran tamaño se instalan de modo apabullante en el espacio largo y rectangular de la galería Ruth Benzacar, ellos construyen una cadena de chapones monocromos que emergen ante el brillo de una luz artificial y cenital, puesta especialmente para la observación de esta sucesión de obras.

Cada cuadro-lata es pintado de negro, con una desprolijidad que es estilo, donde se pueden apreciar sin disimulo los trazos de la brocha o del instrumento con que la artista armó su obra negrísima y lúgubre. Negro sobre negro. Negro absoluto con el estilo particularísimo de Gallardo. El color de luto, el color sin luz, la suma de todos los colores, ningún color –en definitiva- que aquí son labrados en cada pieza por breves frases recogidas de mujeres violentadas en Guatemala en alguno de los momentos de terror y represión que asolan con frecuencia matemática el país centroamericano, momentos de violencia de los que Gallardo fue testigo y parte.
Esas frases recogidas hace décadas –en una de sus tantas acciones como activista comprometida con las luchas sociales y especialmente de las mujeres- se instalan en esas latas como susurros, escritas de su puño y letra en un gris tan sutil que apenas sobresale de ese negro enceguecedor y obliga a entrecerrar los ojos para descifrar el mensaje. Los mensajes de auxilio y testimonio de la masacre contra los cuerpos de las mujeres que hacia finales de los 80s empezaban, tímidamente a ser visibilizadas, y que ahora –en este anclaje del siglo XXI- adquieren una actualidad indiscutible y una visibilidad que, por fin, se debate en una lucha organizada y con el objetivo enfático de erradicarla, resumido en una frase que es movimiento: "Ni una menos".

En Dibujos textuales II, Gallardo enfatiza el statement de un obra que según ella misma admite estuvo y está dedicada a un mismo tema: el de los cuerpos como resultado de un descarte encarado por una sociedad que margina y hasta extingue con crueldad al diverso. En ese círculo narrativo que también se lee en su obra, mujeres y viejos son protagonistas porque cómo se pregunta Gallardo ante Infobae Cultura en una visita guiada por esta muestra: "¿podemos ver mayor violencia que la de la vejez, de cómo se vive la vejez, de cómo se trata a los viejos?".
En estos dibujos con palabras instalados en la galería de Villa Crespo, ya lo dijimos, son las voces de mujeres guatemaltecas violentadas, las que emergen tímidas de la negritud. Pero esos lamentos, ahora vistos fuera de contexto y sin la ayuda de textos curatoriales, podrían leerse también como el lamento y la reivindicación de otros excluidos y declasados de este orden social que escupe, acorrala o directamente asesina los cuerpos que destacan por fuera de una línea homologada como natural, como de pertenencia a un orden patriarcal, joven, "hermoso", disciplinado, cómplice en el silencio de alguna masacre disimulada.

El negro que destilan las obras de Gallardo en esta ocasión indigna y apabulla, produce una punzada física de incomodidad que reclama la urgente expulsión del mundo de la indiferencia donde la violencia en vez de ser domesticada debe ser abolida, repudiada y erradicada. No importa el orden.
La contemporaneidad de Dibujos textuales II, incluso su exhibición en el mejor sentido oportuna, es innegable y es un evento artístico a celebrar en el final de este año, donde la violencia y la exclusión, a pesar de la conciencia y las luchas desde todos los frentes –el arte incluido- redoble, triplica y multiplica sus fuerzas, todavía con magros resultados.
El monocromo de Gallardo –que no es amarillo, ni rojo, ni verde, que es negro negrísimo- es el listón que viene a recordárnoslo como diciendo que no hay ya lugar para una memoria floja y acomodaticia porque la memoria no es confort ni transa: es aún un signo negro de lucha y alerta aquí enraizado en un envoltorio artístico que, a pesar de su intención de metáfora, no lo hace menos contundente. Pero sí más necesario.
*Dibujos textuales II, de Ana Gallardo
Galería Ruth Benzacar
J. Ramírez de Velasco 1287
Hasta el sábado 5 de enero de 2019
De martes a sábado de 14 a 19hs. Gratis
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