“Prisioneros de la tierra”
“Prisioneros de la tierra”

Hay películas que brillan en su época, abren el camino y se transforman rápidamente en clásicos. Prisioneros de la tierra es una de ellas. La obra de Mario Soffici estrenada en 1939 es una de las más importantes de la historia del cine nacional. Sin embargo, hasta ahora solo podía verse en copias incompletas o de calidad insuficiente, porque el negativo original y las copias en 35 mm se perdieron. El 13 de noviembre, gracias a la restauración digital llevada adelante por el Museo del Cine de la Ciudad de Buenos Aires, The Film Foundation y el laboratorio L'Immagine Ritrovata, Prisioneros de la tierra se podrá ver en el Festival de Cine de Mar del Plata como hacía décadas no se veía.

Basada en cuatro cuentos del escritor Horacio Quiroga ("Desterrados", "Una bofetada", "El peón" y "El destilador de naranjas"), la adaptación estuvo a cargo de Ulyses Petit de Murat y de Darío Quiroga, el hijo del escritor. La película de Soffici denuncia la explotación de los trabajadores en los yerbatales misioneros a principios del siglo XX. El cruel capataz de un obraje (Francisco Petrone) se entera de que el peón Esteban Podeley (Ángel Magaña) se enamoró de la hija del médico del pueblo (Elisa Galvé) y lo castiga brutalmente. El enfrentamiento entre Podeley y el capataz crece a la par de las injusticias contra los mensúes (los trabajadores rurales de las plantaciones de yerba) hasta que estalla la violencia. La historia conjuga el drama social con la influencia agobiante del paisaje, que altera a los personajes y determina un destino trágico.

Prisioneros de la tierra fue producida por Pampa Film, una empresa fundada en 1936 que se propuso hacer películas de calidad sobre temas nacionales y asumió el riesgo de producir una obra distinta a las que se hacían en ese momento. Desde 1933, con el inicio de la producción local de cine sonoro, la industria producía películas en serie, protagonizadas por grandes estrellas, que cruzaban géneros como el policial, el melodrama y la comedia con temas de la cultura popular como el criollismo y el tango. Era un cine que buscaba entretener y lograba grandes éxitos.

En ese contexto, la película de Soffici fue una verdadera sorpresa. Ya desde el rodaje había generado expectativas porque se filmó en parte en Misiones cuando casi todas las películas se hacían en Buenos Aires, encerradas en los estudios. Además, la filmación fue larga y accidentada: José Gola, el galán que iba a protagonizarla, se enfermó y falleció al inicio del rodaje y fue reemplazado por Magaña. Cuando finalmente se estrenó, la película fue un éxito de taquilla y también fue muy elogiada por la crítica, que en general despreciaba el cine popular de la industria.

“Prisioneros de la tierra”
“Prisioneros de la tierra”

Prisioneros de la tierra llamó la atención por el enfoque personal de Soffici y por la denuncia de las condiciones laborales de los mensúes, un tema poco habitual en las películas de la época. "El cine de la década del 30 es fundamental porque da origen a varias líneas narrativas y estéticas posteriores. Soffici fue uno de los primeros en mostrar problemáticas del interior y en hacer cine social", observa la directora del Museo del Cine Paula Félix-Didier. Prisioneros de la tierra tuvo una influencia directa en otra película clave como Las aguas bajan turbias. En 1952 Hugo del Carril retrató la misma problemática, pero la perspectiva ya era otra. "Del Carril le ofrece a los personajes una salida: irse al sur, donde hay sindicatos y hay un horizonte para los trabajadores. En el caso de Prisioneros de la tierra, es una tragedia en la cual la única salida de la explotación es la muerte", agrega Félix-Didier.

Unos años después, Soffici sería uno de los pocos realizadores del cine argentino clásico reivindicados por los directores de la Generación del 60, que valoraban la búsqueda de autenticidad de sus películas. El cineasta marcó un antecedente importante para el cine político y social argentino, que comenzó a cobrar una forma más definida en 1958 y que alcanzaría su máxima expresión a partir de 1968 con el cine militante.

Tratándose de una película tan significativa, sería lógico suponer que está preservada en algún lado, pero esto no es así. El negativo original se perdió y tampoco existen en el país copias en 35 mm. Prisioneros de la tierra es un ejemplo alarmante del estado de emergencia en el que se encuentra el patrimonio audiovisual nacional, y no es un caso aislado. En la Argentina, el 90% del cine mudo y el 50% del cine sonoro se han perdido.

Mario Soffici, director
Mario Soffici, director

No se sabe con certeza qué pasó con el negativo original de la película de Soffici, pero lo más probable es que se haya perdido –como tantos otros negativos del período clásico-industrial (1933-1956)– en el incendio que en 1969 destruyó el depósito de Laboratorios Alex, porque la película se procesó allí. "Alex concentraba la mayor cantidad de producciones del cine argentino y era habitual que los productores dejaran ahí los negativos. Ese incendio no fue el único, pero fue un golpe importante que nos privó de una gran parte de los materiales de nuestro cine", señala Félix-Didier.

En cuanto a las copias en 35 mm, en general se deterioraban con las proyecciones o se destruían una vez que terminaba su recorrido de distribución, porque así lo estipulaban los contratos. "En muchos casos, lo único que nos ha quedado son las reducciones a 16 mm que se hicieron en los años 60 para pasar por televisión. Para las películas, eso es como una condena a muerte", explica la directora del Museo del Cine.

Historia de un rescate

En 1990 el director Martin Scorsese creó The Film Foundation, una organización que se propuso recaudar fondos y generar conciencia sobre la necesidad urgente de preservar la historia del cine. Desde entonces, ha ayudado a preservar y restaurar más de 800 películas norteamericanas y ha desarrollado el World Cinema Project (Proyecto cine del mundo), mediante el cual ha preservado y restaurado 35 películas de distintos países.

“Prisioneros de la tierra”
“Prisioneros de la tierra”

La idea de restaurar Prisioneros de la tierra nació a partir del interés de esa fundación por trabajar con una película argentina. Ante la consulta de Cecilia Cenciarelli, especialista de la Cineteca de Bolonia y colaboradora de The Film Foundation, Félix-Didier pensó en varios títulos nacionales que requerían tomar medidas urgentes. "Uno de ellos era Prisioneros de la tierra, porque en Argentina solo quedaban tres copias en 16 mm", señala. Dos estaban en el Museo del Cine y la tercera pertenece al coleccionista e historiador del cine Fernando Martín Peña.

Dado que las copias en 16 mm no tienen calidad suficiente como para hacer una restauración, el primer paso fue rastrear si había copias en 35 mm en otros archivos del mundo. La restauración de una película implica un proceso técnico y  también un trabajo de investigación a partir de diversas fuentes para llegar a una versión que se acerque a la del estreno. En el Museo del Cine sabían que había una copia en 35 mm en el Narodni Filmovy Archiv en Praga, pero tenía subtítulos impresos en checo. Luego de investigar en varias instituciones, hallaron una copia en 35 mm en soporte de nitrato, proveniente del negativo original, en una colección privada guardada en la Cinemateca francesa. The Film Foundation decidió entonces financiar el proyecto, coordinado por Félix-Didier y Andrés Levinson, del Museo del Cine, y llevado adelante en L'Immagine Ritrovata, uno de los laboratorios más importantes del mundo dedicados a la restauración.

El año pasado, las dos copias en 35 mm y las tres copias en 16 mm viajaron a Bolonia, donde estudiaron y compararon todos los materiales. Según indica The Film Foundation en su sitio web, la película se restauró a partir de los mejores elementos existentes: la copia en 35 mm que estaba en la Cinemateca francesa y la copia en 35 mm preservada en Praga. Como estaba completa y en buen estado, la copia francesa se utilizó para restaurar la imagen, mientras que la copia checa fue la fuente principal para la restauración del sonido. Además, tomaron como referencia el material en 16 mm proporcionado por el Museo del Cine.

“Prisioneros de la tierra”
“Prisioneros de la tierra”

En junio, Félix-Didier viajó a Italia y supervisó la etapa el final de la restauración antes del estreno mundial de la película en el festival Il Cinema Ritrovato. "Primero se revisó la corrección de color, después se volvió a ver para detectar si había algo más que corregir en cuanto a manchas, rayas y estabilidad de la imagen. Y finalmente se proyectó una tercera vez para chequear el sonido", cuenta Félix-Didier, y explica que su contribución tuvo que ver sobre todo con la restauración de la banda sonora. "Había palabras que faltaban o a las que le faltaba el final de un sonido. Como en el equipo de Bolonia nadie hablaba español, eso no lo podían distinguir. Entonces buscamos esas palabras en la copia en 16 mm, por ejemplo". El resultado, asegura, es muy bueno.

Por otra parte, a partir de la comparación de las distintas copias surgieron algunas novedades. El primer plano de la copia francesa, cuenta Félix-Didier, es un cartel que dice "1915", una imagen que ella no había visto nunca. Como muchas películas de la época, Prisioneros de la tierra comienza con un cartel que advierte que los hechos que se van a narrar transcurren en "días turbios y oscuros" del pasado. "Hasta ahora no había una ubicación temporal concreta, pero resultó que sí: un cartel sitúa la historia en 1915. Eso ahora está", observa Félix-Didier. Además, agrega que en la copia francesa la escena emblemática de la película, en la que el protagonista corre a latigazos al jefe desde el monte hasta el río, está completa. "Es una escena poco habitual en el cine y menos en esa época; una escena de venganza larguísima (dura unos cuatro minutos), muy fuerte y explícita, que en muchas copias no estaba".

Terminada la restauración digital, The Film Foundation hizo una copia nueva en fílmico, único soporte que garantiza la preservación de la película a largo plazo. Además hizo dos copias digitales de proyección, una de ellas para el Museo del Cine. Esta es la copia que se verá en Mar del Plata y, más adelante, también en Buenos Aires. En el Museo se proponen reunir los fondos (unos tres mil dólares) para hacer una copia propia en 35 mm y que la película también quede preservada en el país.

La pérdida de negativos y copias únicas es una forma silenciosa de destrucción del pasado. La ausencia de esos materiales afecta directamente la construcción de la memoria histórica del cine argentino. En este sentido, el caso de Soffici es ejemplar. "Es un gran director, un cineasta para reivindicar por muchas razones, sobre todo por su profundo interés ante las cuestiones de la realidad social y por su visión humanista", señala Félix-Didier. Sin embargo, ha quedado un poco al margen del canon y hoy ya no se lo ve tanto, en buena medida por la dificultad para acceder a sus obras en buenas copias. Por eso esta restauración tiene tanta importancia patrimonial: rescata su película emblemática, asegura su supervivencia y abre el camino para que la descubran nuevos espectadores.

 

* Prisioneros de la tierra, de Mario Soffici
Proyección: martes 13 de noviembre
Festival de Cine de Mar del Plata

 

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