A cuarenta años y 10 mundiales disputados desde entonces, no es un mal momento para recordar una película centrada en el hecho maldito de nuestro fútbol: el torneo ganado en 1978 de la mano de César Luis Menotti y Daniel Alberto Pasarella. Un año después del campeonato, el 24 de mayo de 1979, se estrenó en los cines locales La fiesta de todos, una celebración de la gesta deportiva con algunos sketchs humorísticos y una línea ideológica muy concreta, dirigida por Sergio Renán.

La puesta en perspectiva y la demolición de algunos de los lugares comunes respecto de aquel campeonato quedaron establecidos definitivamente en el libro de Matías Bauso, 78. Historia oral del mundial. En sus ochocientas páginas algunos mitos deportivos y también políticos encuentran su justificativo o su refutación. Uno de los más interesantes es el hecho de que para la Junta Militar la salida de la gente a las calles para festejar fue totalmente inesperada y no deseada.

Afiche de “La fiesta de todos”
Afiche de “La fiesta de todos”

Finalmente se produjo la más grande movilización de masas de la historia de la Argentina y su contenido político fue totalmente nulo. El nacionalismo futbolero –muy apaciguado hasta la consecución de un primer triunfo internacional—había llegado para quedarse. Es un sentimiento que excede al fútbol pero que no llega a ser políticamente significativo aunque los distintos gobiernos se ilusionen con la idea contraria.

La fiesta de todos combina el registro futbolístico (realizado por la televisión brasileña y luego desechado por la derrota de su selección) con representaciones humorísticas de aquella movilización popular. La idea de la película es la de la celebración unánime, de la cual sólo quedan afuera los "contreras", que no desean el bien del país.

Malvina Pastorino y Luis Sandrini en “La fiesta de todos”
Malvina Pastorino y Luis Sandrini en “La fiesta de todos”

Al minuto de película, el general Videla, vestido de civil, ya apareció dos veces. Parece que se tratará de una exaltación prolongada de la Junta Militar que gobernaba el país y sin embargo no vuelve a aparecer hasta en un pantallazo fugaz durante la final con Holanda. El resto evita las imágenes de los militares en el poder y trata básicamente de un recorrido por algunos partidos, centrados en la campaña de la selección Argentina, y matizados por la abominación del "fútbol ballet", un juego de movimientos en la imagen que hacía parecer que los jugadores bailaban ridículamente.

Junto con las imágenes deportivas, una serie de sketches pretendidamente cómicos tiene, por un lado al personaje de Juan Carlos Calabró, El Contra, discutiendo las posibilidades del equipo argentino y, por el otro, una familia reunida junto al televisor repitiendo los esquemas machistas más retrógrados. Más explícitos en su mensaje con pretensiones de unanimidad patriótica son algunos discursos, llevados adelante por el periodista Roberto Maidana y el historiador Félix Luna.

Maidana, al comienzo de la película, dice, entre otras cosas: "Esto que estamos viendo y nos emociona hasta las lágrimas es un símbolo que representa nuestras ganas de ser, de hacer, de demostrar que podemos. Porque detrás de estos chicos y más allá de los hombres que con tanto trabajo y capacidad organizaron el mundial estuvieron miles de argentinos anónimos que construyeron estadios, carreteras, aeropuertos y que tendieron comunicaciones desde la Argentina y hacia el resto del mundo. Y todo ello concluido y funcionando mucho antes de la fecha de iniciación del torneo, dando la mejor respuesta a los escépticos del 'no llegamos'. Para nosotros, los argentinos, la historia importante empieza antes de esta fiesta y termina en esta fiesta. Porque el Mundial para nosotros fue un desafío donde el fútbol no tenía nada que ver. Sí la malevolencia y el escepticismo. Y respondimos con las obras realizadas y con la actitud serena y generosa de un pueblo maduro, de pantalones largos".

Sobre el final de la película, el respetado historiador Felix Luna, desde un balcón en donde simula ver a la gente en la calle festejando, reflexiona: "Estas multitudes delirantes, limpias, unánimes, es lo más parecido que he visto en mi vida a un pueblo maduro, realizado, vibrando con un sentimiento común, sin que nadie se sienta derrotado o marginado. Y tal vez por primera vez en este país sin que la alegría de algunos signifique la tristeza de otros".

Es, sin embargo, en la sucesión de sketchs de El Contra en donde se pone de manifiesto más crudamente el afán unanimista de la película: puesto como una opinión permanentemente negativa, el personaje interpretado por Calabró termina apaleado por sus contertulios, que no soportan sus comentarios adversos. La violencia del sketch, inadvertida en su momento, hoy es resignificada con el conocimiento de lo sucedido en aquellos años.

Lo doloroso de La fiesta de todos no es la supuesta complicidad de sus protagonistas con el gobierno más sangriento de la historia argentina: tal cosa no existe. La mayoría de ellos tuvo una destacada trayectoria profesional en democracia y es absurdo vincularlos con la represión (Macaya Márquez, Diego Bonadeo, Norberto Ibarra, Ulises Dumont, Ricardo Darín, Félix Luna, el propio Sergio Renán, Mario Sabato y tantos otros).

Lo revelador es el hecho de que ese discurso patriótico que no admitía disensos estaba tan hecho carne en la sociedad argentina que a ninguno de ellos se le ocurrió pensar que lo que estaban haciendo los marcaría de una manera negativa. El consenso que revela la película es su elemento documental más importante.

*La fiesta de todos, 1979, dirigida por Sergio Renán, puede verse completa en YouTube.

Algunos fragmentos de esta nota fueron publicados previamente en 40.doc. Una historia del documental argentino en 40 películas, de Gustavo Noriega y Marcelo Panozzo.

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