(Foto: Silvina Frydlewsky)
(Foto: Silvina Frydlewsky)

La industria del libro es siempre una incógnita. Una equis donde se entrecruzan variables que determinan, en última instancia, cuál es la relación de nuestra sociedad con la literatura en términos comerciales.

La Cámara Argentina del Libro acaba de publicar las novedades editoriales declaradas ante la Agencia Argentina de Registro de ISBN (por su sigla en inglés: Número Estándar Internacional de Libros) bajo el título Informe de producción del libro argentino 2017. El ISBN es como el DNI del libro y de allí se desprenden datos sobre la industria que ponen en cifras concretas su funcionamiento y dice, de forma irreductible, que la producción de libros bajó: de 129 millones de ejemplares en 2014 (año en que se dio el mayor pico y luego de ahí, la bajada pronunciada), a 84 millones en 2015, 63 millones en 2016 y 51.330.138 en 2017Sin embargo, en cantidad de títulos publicados, hay una leve mejoría: de las 27.900 novedades que se publicaron en 2016, el año pasado los editores publicaron un total de 28.440.

"Hablamos siempre de la producción en la primera tirada, no tenemos registro de reimpresión", aclara la licenciada Diana Segovia, gerente de la CAP, en diálogo con Infobae Cultura acentuando las limitaciones: quizás son los menos, pero en el caso de que un libro supere las expectativas de venta y se mande a reimprimir en el mismo año, al no cambiar el ISBN, no hay registro de nuevos títulos.

Cantidad de publicaciones entre 2007 y 2017 registradas en el sistema ISBN
Cantidad de publicaciones entre 2007 y 2017 registradas en el sistema ISBN

"Hay varias causas que explican la caída —continúa Segovia—; una es por la baja del consumo, las editoriales se vuelven más conservadoras y en vez de hacer tiradas de alrededor de 3.000 ejemplares hacen de 2.000 o 1500, y los que hacen tiradas de 1.500 prefieren empezar con 500 a ver si funciona. Y un segundo tema, que de alguna forma propicia esto, es que la producción se hacía por impresión offset, que era la única que se usaba hasta hace unos años, pero ahora está la impresión digital, que se impone porque su costo bajó y además mejoró mucho su calidad. Con la impresión offset no se hacían tiradas de menos de 2.000, en cambio ahora con la digital está la posibilidad de hacer tiradas cortas. Es una forma de ahorrar. Además hay mucho libro para nicho, libro técnico o religioso. Básicamente es la posibilidad de imprimir menos y, si funciona, reimprimir".

La presidenta de la Cámara Argentina del Libro, Graciela Rosenberg, también habló con Infobae Cultura, y dijo: "Cayó un poco menos que el año pasado la venta, está en el orden del 7% la caída. Cayeron los tirajes, se están haciendo menos cantidades de cada título. Hay un problema sobre no saber cómo va a reaccionar el mercado, y además hay mucha impresión en cantidades pequeñas. Si bien hay diversidad de títulos, hay menos ejemplares".

Hay un debate difícil de saldar que tiene que ver con la nacionalidad de un libro. ¿Cuándo es argentino: cuando fue escrito acá o cuando fue editado acá o cuando fue impreso acá? Las tres instancias son decisivas y ninguna parece ser más importante que la otra. Lo cierto es que, desde la CAL —no confundir con la Cámara Argentina de Publicaciones, cuyo informe anual, El libro blanco, saldrá en un mes—, aseguran que lo que prima es el trabajo de edición. "Si es editado o traducido en Argentina, si tiene trabajo argentino, intelectual, de diseño, etc. —asegura Segovia—, se lo considera libro argentino. Es ahí cuando tiene un ISBN argentino".

Cantidad de ejemplares entre 2007 y 2017 registradas en el sistema ISBN
Cantidad de ejemplares entre 2007 y 2017 registradas en el sistema ISBN

Entonces, si la tecnología facilita el ahorro, ¿qué sucede con el libro electrónico? El informe dice que, más allá de una suba de tres puntos en 2012, se ha mantenido estable en un 17% del total, lo cual representa unos 4.861 libros electrónicos. De ese número, la mitad (2.396) son libros nativos digitales, y la otra mitad (2.409) son versiones digitales de libros ya publicados en papel (esto es: la digitalización de un catálogo existente).

"Acá en Argentina no se ha dado todavía la migración de papel a digital. Está creciendo pero el libro en papel tiene su importancia, hasta en los jóvenes incluso", dice Rosenberg, mientras que Segovia que comenta: "No hay una transferencia. Muchas veces sale en papel y en digital; cada versión tiene un ISBN diferente. La preferencia del lector aún es por el papel".

Publicaciones según canal de venta y distribución
Publicaciones según canal de venta y distribución

En cuanto al tipo de editoriales, hay cuatro grandes actores. La que más novedades ha publicado ha sido lo que el informe denomina empresa editorial (la que tiene como principal actividad económica editar libros) ocupando el 42% del total, siete puntos más que en 2016. Le sigue la categoría de empresa comercial con un 19%, el microemprendimiento editorial (proyectos que editan hasta cinco libros con tiradas no superiores a 500 ejemplares por año) con 14% y la autoedición con 13%. Si bien se mantiene en el mismo número que el año pasado, la autoedición puede ser leída como un fenómeno en aumento dado que el informe detecta que 17 empresas comerciales dieron este servicio a un total de 2.954 publicaciones (el 10% del total). Son casos que generalmente no superan los 100 ejemplares por título, sin embargo forman parte de las novedades registradas en el ISBN. Si entonces le sumamos ese 10% comentado al 13% de autoedición genuina, entonces su representación ya es del 23% de las publicaciones realizadas en 2017.

En cuanto al canal de venta, la brecha entre las librerías y la venta directa —pequeña de por sí— se achicó tres puntos. Hoy, las librerías contienen el 31% del total mientras que la modalidad de venta directa es del 30%. Esto habla del tambaleo del intermediario.

Temáticas publicadas, en porcentajes
Temáticas publicadas, en porcentajes

Otro factor clave para pensar la caída de la producción es la lenta y paulatina retirada del Estado. "El Estado sigue comprando fundamentalmente los manuales escolares; entonces para ese sector, que son unas 20 empresas, las cosas no cambiaron tanto, pero para el resto… Hasta 2015 se compraba material complementario, literatura infantil y juvenil, libros de formación docente. Este material que se dejó de adquirir afecta a las editoriales de la literatura infantil y juvenil fundamentalmente, que del 2012 al 2015 fueron las que más participaron".

Respecto a las traducciones, representan el 6% de las novedades publicadas durante el año, mismo porcentaje que 2016. Casi 6 de cada 10 provienen del inglés (57%: 908 títulos) y le siguen en francés (12%), en alemán (6%), en italiano (6%) y en portugués (5%).

Importaciones, exportaciones y balanza comercial (Fuente: Sistema María ADUANA-AFIP)
Importaciones, exportaciones y balanza comercial (Fuente: Sistema María ADUANA-AFIP)

La contracara de la caída de la producción es el incremento en la importación. Desde enero de 2016, cuando se levantaron las trabas a las importaciones de libros, eso que el ministro de Cultura de la Nación Pablo Avelluto llamó "libros libres", se empezó a mover la aguja de la aduana. "Aumentó bastante la curva, lo que pasa es que hay un cambio dentro del libro importado impreso en el exterior; los costos son más bajos. Pensá que vienen sin ningún tipo de impuesto, acá tenemos el IVA papel", dice Rosenberg.

"Hay un crecimiento en la posición arancelaria 4901 —explica ahora Segovia— que incluye productos de publicaciones. Una parte importante que llega al 35% pertenece a los productos que se comercializan en kioscos que son publicaciones con complementos: los coleccionables con algún tipo de juguetes, autos, lapiceras. Eso ingresa como fascículo. Y por otra parte, que ha tenido un crecimiento fenomenal y afecta a la producción gráfica argentina, son los servicios gráficos, que es cuando las editoriales argentinas imprimen en lugares más económicos. Pero si bien las imprentas argentinas no han llegado al nivel de competitividad de otras, han mejorado mucho y es deseable que los libros se impriman en Argentina".

Si seguimos la apreciación de Diana Segovia —"como el libro es un producto de oferta, hasta que no empieza a venderse no se sabe"—, entonces estos números no hablan de qué lee la sociedad sino de qué producen las editoriales, es decir, habla del mercado ofertante, que en 2017 se explayó sobre estos tres temas predominantes: literatura (26%), ciencias sociales (16%) y libros infantiles y juveniles (14%). Pero, ¿dónde se produce? Desde luego, la concentración en la Ciudad de Buenos Aires es enorme, ocupa el 57% del total, y le sigue la provincia de Buenos Aires (18%), Córdoba (7%), San Juan (5%) y Santa Fe (3%). Tal vez esté allí otra de las grandes limitaciones: la centralización mercantil de un país que culturalmente es —¡por suerte!— bien federal.

 

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