Carlos Busqued habla de su libro "Magnetizado", nacido luego de 90 horas de charlas con un asesino serial de taxistas

(Lihue Althabe)
(Lihue Althabe)

Carlos Busqued (Presidencia Roque Sáenz Peña, 1970) sufre un mal conocido entre los escritores: el de una primera muy buena novela con la que siempre deberá competir. Con su debut, Bajo este sol tremendo (2009), fue finalista del premio Herralde, se publicó en Anagrama y fue traducido a varios idiomas. Los elogios fueron unánimes: destacaban la potencia de la novela, su economía, la destreza narrativa que no parecía para nada la de un principiante.

Busqued la había escrito solo, sin ayuda de nadie, cuando apenas se recibió de ingeniero. Nueve años tuvieron que pasar para que volviera al ruedo, y ahora lo acaba de hacer con Magnetizado, un libro de non fiction, una historia real con ecos de A sangre fría de Capote. Durante noventa horas de charla en el penal de Ezeiza, Busqued entrevistó a Ricardo Melogno, un asesino serial de taxistas que en los años ochenta, en plena dictadura, se cobró cuatro víctimas. Todos murieron por un disparo en la cabeza desde el asiento de atrás. Hablamos en su monoambiente de San Cristóbal sobre su historia personal, las repercusiones de su novela y el libro que acaba de salir.

“Magnetizado”, el nuevo libro de Busqued, publicado por Anagrama
“Magnetizado”, el nuevo libro de Busqued, publicado por Anagrama

-¿Cómo fue tu infancia en el Chaco?

-Lo peor de la infancia, creo, es la incorporación social. Hace un tiempo que pienso que tal vez mis padres estaban muy alejados del mundo y de la sociedad, y ya entré a las primeras etapas de sociabilización con esa carga que me transmitieron de la consciencia muy negativa de su posición en el mundo. El aislamiento en términos de acceso a la información, también, todo muy limitado en ese sentido. Ahora un pibe en el Chaco con internet puede escuchar la discografía entera de Zappa. Me enteraba de cosas por la revista Humor, las historietas tipo El Tony, Dartagnan, esas cosas. Ahí, arrancar con la cosa de leer para estar en otro lado. Desde que aprendí a leer fue instantáneamente eso, no estar donde me tocaba estar. En el año 83 me mandan al Liceo Aeronáutico Militar en Rosario. Salías con uniforme a la calle y la gente te reputeaba. Mi viejo era funcionario de la dictadura, esa cosa de ser parte de lo que todo el mundo rechazaba.

-Tenés un costado que se acerca a lo militar. En tus lecturas, por ejemplo.

-Como lector me gustan las experiencias extremas, y como persona me gustan las máquinas. Pero no tengo un fetichismo con la cosa militar, no estoy para nada hecho para eso. Me puede llegar a parecer un valor la cosa sistemática y lineal. En el caso de los aviones, me alucina la máquina, porque es un milagro que las cosas vuelen. Miles de piezas girando a unas velocidades tremendas sin que se desarme todo a la mierda, toneladas de acero y aluminio que se desplazan controladamente en el aire. Eso fue imposible de hacer durante la casi totalidad de la existencia del ser humano.

-Vos sos ingeniero, también.

-No soy, me recibí, que es un poco distinto. Me recibí porque fue la única manera que encontré de abandonar los estudios. Ahí zafé con cierta disciplina. De hecho la especialidad (metalurgia) la elegí porque creía que tenía poca matemática. Error.

-Hiciste el cursillo de Letras en Córdoba y te fuiste casi insultando.

-Había algo de pose en eso, también… fui un semestre, cuando ya había terminado de cursar Ingeniería. Por esto que hablamos, mi idea de Letras era que eran todos vagos, que iban a boludear (cosa que un poco es). Pero no pude avanzar mucho, me costaba la manera de estudiar. En Letras no entendía qué cosas eran importantes en un examen, qué cosa se me pedía. Me presenté a rendir una sola vez a una sola materia, Literatura española, saqué un 2 horrible. Fue un poco un fracaso, preferí terminar Ingeniería, que ya la tenía avanzada. Aparte, tenía que terminarla, era un mandato, no podía permitirme otra cosa.

Pasaron casi diez años desde la salida de la primera y exitosa novela de Busqued
Pasaron casi diez años desde la salida de la primera y exitosa novela de Busqued

-¿Y cómo fue que escribiste Bajo este sol tremendo?

-Después de recibirme, empecé a escribir lo que fueron los rudimentos de lo que dos años más tarde empezaron a ser los ladrillos con los que cuatro años más tarde construiría la novela. Terminar una novela es una empresa que cuando la arrancás es imposible, es eterna, no sabés por dónde vas a ir, estás ahí como un boludo.

La novela vino un poco a interrumpir esa certeza de que no sirvo para nada.

Era como otra prueba: voy a escribir una novela con un malestar que tengo adentro. El clima de la novela es el clima mental que yo tenía en la cabeza, fue una manera de deshacerme de ese clima de un malestar permanente, en el que se mezcla esa cosa de no pertenecer a nada, de estar en el borde. Hay una relación con el afuera muy mínima en esa novela. Uno de los comentarios reiterativos es que te deja un mal gusto en la boca. Fue un trabajo de exorcismo muy grande poder sacar ese clima de adentro. Y fue un trabajo que hice muy solo y muy en pelea conmigo, y con nadie más que conmigo y con una muy vaga, muy difusa idea de lo que era el otro, el lector. No estaba dialogando mucho con nadie más que con mi malestar.

La historia medio la encontré a lo último, fue un proceso de andar ordenando un caos hasta ver qué había. Eso, durante la escritura. Y todo lo que vino después es hermoso. No es que me haya llevado materialmente a otro lado, pero… yo sé lo sincero que fui al escribir esa novela. Entonces, que empiece a tener buenos retornos, muy picantes, de eso que vos escribiste en esa soledad, es muy fuerte. Yo la había escrito descolocado de todos lados. Tengo una relación de mierda conmigo mismo, una relación de una gran confusión y un gran cuestionamiento a mi persona. No me alcanza nunca conmigo, siempre estoy intentando hacer otra cosa. La novela vino un poco a interrumpir esa certeza de que no sirvo para nada.

Para mí el libro está agotado, se terminó de agotar cuando hicieron la película horrible, pero todavía pasan cosas, que sé yo… que cada tanto aparece una imagen nueva de un calamar gigante y lectores de la novela me la mandan, eso es impagable. Y me encanta que eso lo haya provocado yo, que haya pasado por una idea mía. Eso es muy tremendo, no me termino de acostumbrar.

Me parece bien no escribir, o no publicar, si no tenés nada para decir

-¿Sentiste la presión de una muy buena primera novela?

-Sí, durante un tiempo fue muy paralizante eso, no podía entender que había hecho bien algo. Era muy raro; en general la otra gente está en mi vida para cagarme a pedos, no sabía bien cómo reaccionar. Pero también sucedía que la virtud de Bajo este sol tremendo es que aún nebulosamente HABLABA DE ALGO, justificaba su existencia, se sostenía a sí misma sin necesidad de auxilio externo. Y me parece bien no escribir, o no publicar, si no tenés nada para decir. Más que parecerme bien, me parece necesario no agregar a la infinita serie un símbolo más, a la vana madeja que en lo eterno se devana otra causa, otro efecto, otra cuita, si eso que agregás no aporta algo no sé si nuevo, pero al menos distinto, original, propio, no sé bien cuál sería la palabra. Ahora, como todo pasó un poco, importa todo menos y eso relaja un poco la cosa. Si encuentro que finalmente había algo para decir, publicaré, y si no no. No se muere nadie. No se muere nadie por eso, quiero decir, se muere montón de gente pero por otras cosas.

Busqued nació en el Chaco. Estudió Ingeniería y se recibió de ingeniero metalúrgico (Lihue Althabe)
Busqued nació en el Chaco. Estudió Ingeniería y se recibió de ingeniero metalúrgico (Lihue Althabe)

-¿Cómo supiste de la existencia de Melogno?

-El caso de Ricardo, si bien mientras duró recibió cierta atención mediática, es bastante desconocido. En internet había sólo una notita en La Nación del año 2006, con poca información y medio distorsionada. Él estaba muy restringido por ser preso psiquiátrico, no era accesible desde afuera. En principio, le habían sugerido escribir su historia, en parte para organizarla. Él dijo que no, pero que podía conversar con alguien que la escribiera. El juzgado autorizó las entrevistas, tuvimos una primera charla a fines de 2013, creo, y después nos pusimos a trabajar.

-¿Y cómo editaste esas noventa horas de charla?

-Fue muy difícil. En parte porque es una historia incompleta, con lagunas, y porque le falta obviedad. Lo obvio sería que Ricardo sintiera placer al matar. Que fuera un malvado. Que mintiera, que diera vueltas, que pintara una imagen perfecta de sí mismo, o que hiciera chistes, que se regodeara en su acto. Acá es todo más confuso. Una vez que me encontré con el bodoque de cosas, con el crudo de desgrabación (desgrabé textual, palabra por palabra), era todo muy muy desparramado, no sabía adónde ir. Las conversaciones eran muy vacilantes, muy dispersas.

Entonces arranqué a agrupar, a copiar y pegar por tema: infancia, su "otro mundo", religión, cárcel, el relato de los asesinatos, ir diferenciando qué cosa pasó en qué momento. Hasta que de pronto lo primero que pienso es que esta es una historia de una gran soledad. Dije: bueno, esa es una primera identidad. Y después digo: la relación con el mundo. Un momento picante de escribir es cuando tenés todo el material ya medio organizado y podés establecer un criterio de qué va y qué no va. Es el momento en el que te podés dar el lujo de faltarle el respeto a todas las horas de trabajo. Porque ya sabés adónde vas. Y dije bueno, el eje es la aventura existencial. ¿Cómo es ser una persona que tiene esa infancia, y que en esa situación fantasmal mata a cuatro tipos y pasa treinta y cinco años preso? Y que llega a los cincuenta y cinco años mucho más estabilizado que cuando cayó en cana. Entonces el pasa/ no pasa para ver si algo quedaba fue si aportaba a la singularidad de esa aventura. Y la extrañeza.

Vos, cuando viste una de los primeros versiones del libro, me preguntabas por qué los crímenes no los ponía al final. En A sangre fría, por ejemplo, los tipos están todo el tiempo evitando decir lo que pasó en la casa de los Clutter, dan vuelta, esquivan, hasta que llega un momento en el que ese misterio se devela. Acá me parecía que los crímenes tenían que estar donde están para no cortar la linealidad de la historia, porque yo estaba hablando con él ahora, en la actualidad. Al momento de sentarnos a conversar, él ya era una persona modificada por los crímenes mismos y por treinta y cinco años de una historia durísima en la cárcel. Ricardo tiene una evaluación rara sobre matar. No se regodea, pero habla de una modificación concreta de su persona después de los crímenes. Me da la idea de que todo el tiempo él está subiendo desde la oscuridad hacia una superficie, y lo que dice en las últimas frases del libro es como él asomando la cara a la superficie. Desde que es chico, toda esa historia con la madre, qué sé yo, es como él aguantando la respiración mientras sube, hasta que en un momento llega y dice: "Quiero ser una persona". Y ese es el eje final del libro. Ese tránsito. Había en el crudo muchas anécdotas de la vida en la cárcel, pero quedaron afuera porque anécdotas de cárcel pueden contar todos los presos, no tenía sentido recostarme en el costado tumbero.

-¿Una de las ideas del libro es que a cualquiera le puede suceder algo así?

-O que en todo caso, la probabilidad de matar no es tan ajena, tan lejana. O que alguien que mató no está tan lejos nuestro, no es excesivamente diferente. Lo que tiene Ricardo para dar como personaje es su soledad, y esa relación ausente con el mundo. Hay un cierto "estado angélico" en él. No es un malvado. Es, a la vez, una persona que tiene una relación fuerte con la oscuridad. Viene de la oscuridad, pero tiene una sobria curiosidad por ver cómo es la vida. Es como si viniera de otro mundo a ver cómo es éste.

Cuando Busqued comenzó a escribir veía en Bukowski y modelo de autor exitoso (Lihue Althabe)
Cuando Busqued comenzó a escribir veía en Bukowski y modelo de autor exitoso (Lihue Althabe)

-¿Qué te imaginabas de ser escritor y qué te encontraste?

-Desde mi inocencia, el ideal de éxito era Bukowski, mi recuerdo de Bukowski es leerlo antes de entrar en una fábrica en la que yo laburaba, cagado de odio de entrar a trabajar, y leerlo a él hablando de cómo odiaba tener que trabajar. El tipo se había cargado de odio, y en algunos últimos cuentos se ve que la está pasando bien. Como que había llegado un momento en que el tipo estaba contento con lo suyo y pasándola bien con el éxito. Eso me parecía bien. Decía "qué bien que pudo largar todo a la mierda y vive de escribir". La realidad es bastante más triste de lo que yo me imaginaba: no se gana guita, está lleno de inútiles ensuciando la actividad que vos respetás. De repente te das cuenta de que casi todo es una mentira. Una desilusión muy grande. En fin. Supongo que eso es volverse adulto. Ojo, a la vez, en un cierto sentido me salvó, pero todo es decepcionante. Creo que lo mejor es que cada tanto, gracias a haber escrito, te invitan a ir a algún lado a que hagas una aparición sin sentido, lo que disfruto de eso es volar y la comida gratis. Vengo tan de abajo que con eso la paso bien.

-Para terminar, ¿en qué estás trabajando ahora?

-Sigo embarcado en una novela que lleva unos años empantanada y ahora se mueve un poco más: hay que ver adónde va, todavía no sé bien de qué estoy hablando. Es lo que te decía antes, escribir una novela es un trabajo medio imposible. Es poner algo donde antes no había nada. Cuando terminás es muy satisfactorio, pero el trabajo previo es una tortura. Es como ese chiste de Frankenstein que se martilla la pija contra un yunque para masturbarse, le preguntan cuándo goza y responde "cuando le erro". Es una actividad que sólo puedo disfrutar cuando ya se terminó. Quiero terminar este otro libro y vivir un par de años libre de esa sensación de zozobra.

 
 

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