Foto: Lihue Althabe
Foto: Lihue Althabe

Una delegación de 10 expertos del Museo de Arte Moderno (Mamba) irrumpió hace unos meses  en su estudio del pasaje Bollini, en pleno Palermo. Cuentan que revisaron unos 800.000 trabajos, uno por uno, para seleccionar 700 que dan marco a la monumental exposición que homenajea a su autor y que se inaugura mañana, miércoles 21 de marzo.

Ese amplio departamento-estudio  de ensueño tiene un jardín único en su centro que irradia luz a cada uno de los ambientes.  Mucha luz. "Es que la luz es todo. Es el Paraíso", dice el dueño de casa con un don de gente y cariño que impacta para quien lo ve por primera vez.

Aldo Sessa es un fotógrafo de renombre internacional. Sin embargo, si hubiera que describirlo en una crónica periodística, correspondería decir primero que es un caballero encantador, sutil, de gestos nobles y de decir poético. Luego viene lo otro: retratista de celebridades en el Teatro Colón, de todos los presidentes de la democracia ("de todos no: con los Kirchner no quise, fueron mala palabra", le dice a Infobae), de los gauchos, de ciudadanos de a pie y de su adorada New York: "Es como mi segundo hogar. Soy una rareza. Porque todos los años estoy ahí", dice con emoción Sessa.

En esta charla el artista recuerda cuando le sacó fotos a Carlos Menem al lado de los altísimos granaderos ("hice un truco de perspectiva para que no se viera petiso"), el regalo que recibió de un colega fotógrafo, su paso por el Teatro Colón ("Es la perla negra de la Argentina. Un milagro") y su curiosidad por la belleza.

Aldo Sessa. Un maestro de la fotografía. Aquí, nuestra charla.

— ¿Es verdad que el diafragma de la cámara está siempre preparado?

— Sí, ya está lista, esta máquina está lista para vos.

— Te leí que siempre estás con la cámara lista.

— Sí. Vos sabés que cada vez que salgo con una máquina, que es todos los días porque si no es la máquina es el teléfono ya que es tan bueno, yo saco, no sé, veinte, treinta fotos por día llegando acá, ¿entendés? Porque me encuentro con el paseador de perros que me horroriza que no apreciamos, más allá de que esté bien o esté mal, que los maltratan, pero hay que ir a la plaza frente al Monumento a los Españoles y ver que se los llevan de la casa y los atan individualmente en argollas que están agarradas al pasto y los dejan ahí y ladran, ladran, no tienen agua, nada, pobres perros y demás. Pero ya te digo, el personaje del paseador de perros de Buenos Aires con treinta perros no existe en ninguna parte del mundo. Porque en Nueva York paseás hasta cinco perros de la misma raza y acá lo divertido es la mezcla de todo lo que hay, ¿no?

— Me quedé pensando en esto, la cámara ¿y el teléfono? O sea, no sos reactivo.

— El teléfono para sacar fotos. Cuando suena no me interesa, me interesa el click. Recién le saqué a un perro acá una foto que te voy a mostrar, que lo ponen en una ventana que tiene rejas, un perro chiquito pero muy gracioso, parece un corderito, y la dueña es muy antipática porque cuando yo le saco fotos al perro, el perro se va y aparece la dueña como diciendo qué le hizo al perro. No le hice nada. Pero es muy divertido.

— ¿Qué es la luz para vos?

— ¿La luz? Ah, la luz, ¿qué te podría decir? A ver, el sonido de la máquina es Beethoven. La luz para mí es, no sé, el Paraíso, lo máximo.

— ¿Y hay Purgatorio y hay Infierno en el ámbito de la luz?

— No, en el color hay Purgatorio y hay Infierno. En la atmósfera del Teatro Colón, en el surrealismo de una ópera, de la caracterización de los camarines, detrás del escenario. El backstage es, te digo realmente, alucinante, no sabés adónde estás y no querrías irte nunca. Yo he dicho muchas veces que si reencarnara sería figurante en el escenario del Teatro Colón, son los que no cantan pero se disfrazan, ¿entendés? Porque es fantástico. Yo estuve cinco años.

Londres, Inglaterra, 1970 Negativo blanco y negro 35 mm
Londres, Inglaterra, 1970 Negativo blanco y negro 35 mm

— Claro. El Colón es una parte muy importante en la muestra y en tu vida. ¿Qué es el Teatro Colón?

— El Teatro Colón es la perla negra de la Argentina. Eso es para mí el Teatro Colón. Es lo máximo que tiene la Argentina. Es el teatro más lindo que vi en el mundo. Sí, después hay teatros más chicos y hay teatros que son buenos, pero el Colón es una joya, es perfecto el Teatro Colón, es muy lindo.

— Hay que escuchar a los cantantes, el año pasado que vino Jonas Kaufmann no paraba de elogiar, hoy es la súper estrella de los tenores en el mundo y decía "canté en el Colón", casi como alcanzar una meta increíble, ¿no?

— Y sí, es maravilloso, es una acústica que no ha sido… Sí, alguien me dijo que fue un poco afectada ahora con toda la refacción, yo dije ¿cuánto, viste? Porque cuando hablás con un músico hablás en fracciones inimaginables, para oídos magníficos, ¿no? Pero no, el Colón suena muy bien y suena muy bien sobre todo estando en alto, esa gente que no puede gastar pero que le atrae tanto ir, los fanáticos de la música van arriba.

— Has sacado miles de fotos en el Colón, no sé cuántas.

— Muchísimas, muchísimas.

— ¿Te acordás de la primera vez que hiciste click?

— Bueno, y sí, me acuerdo sobre todo la frustración que tuve el primer mes que estuve en el Colón porque me puse a trabajar muy suelto y muy tranquilo con una Leica y me salió todo negro, no conseguía tener imagen. Y pensé que no sabía cómo solucionarlo porque mi idea original, que después llevé a cabo, era fotografiar con luz ambiente y sin flash obviamente, que es muy difícil. Y se solucionó el problema porque empecé a forzar la película al máximo, a trabajar con el objetivo totalmente abierto, con muy poca profundidad de campo, pero lo hice, lo hice. Fui afinándome y estaba bien afinadito.

Parque Saavedra, Buenos Aires, 1962 Negativo blanco y  negro 35 mm
Parque Saavedra, Buenos Aires, 1962 Negativo blanco y  negro 35 mm

— ¿Qué es Nueva York para vos?

— Nueva York ahora se convirtió en una especie de segundo hogar, casi te diría, porque estoy no es que tanto, pero estoy todos los años. Ya es como una rareza; me decían en ICP, que es el International Center of Photography-: "Tenemos que hacer una conferencia con vos porque ya sos una rareza en Estados Unidos, un fotógrafo de 60 años fotografiando la ciudad". Yo les dije: "Bueno, cuando quieran". Pero el hecho es que me siento muy cómodo, me encanta porque me siento pulverizado, un átomo sería mucho, me siento un grano de arena, ¿sabés? En esa ciudad aplastante de éxitos en todos lados, de altísima calidad en todo lo que vos veas, en los espectáculos, en el arte, en la música, en los edificios, en todo. Y entonces me encanta sentirme apabullado por esa ciudad y ello me despierta mucha energía y me desafía mucho.  Y me hace muy bien porque estoy más creativo.

— ¿Cuando sacás fotos te inspira más el movimiento de un perro, del paseador, de la vecina que te mira mal, o la arquitectura de un edificio en Nueva York?

— Mirá, en realidad, Luis, ahora no sé cómo razono. Pero digamos, a mí me interesa todo lo que pasa, y selecciono obviamente pero voy haciendo muchas cosas diferentes, no te digo al mismo tiempo, pero sucesivamente. Me gusta mucho, te digo, he hecho fotos que se pueden ver en esta muestra que voy a hacer ahora. Hago muchas cosas de reflejo en el agua, en la nieve, me gustan las tormentas, me gusta la niebla. Me gusta todo lo que es extraño, no ajeno porque Nueva York tiene esos matices, ¿no? Pero digamos, no sé, si es violento, poético, romántico, ultramoderno, no sé.

— Dijiste algo que me gustó: "Yo ya no sé cómo razono".

— Claro, ¿viste? Porque es como que te dejas llevar. Estás en tu trance. Como miles de personas, no es que yo me siento el tipo tocado por la varita mágica. Pero yo vivo muy interesado en el trabajo.

— ¿La inspiración existe?

— No, la inspiración es una intención, casi te diría. Es querer algo, ojo que, muchas veces, de tanto quererlo pasa, ¿entendés? Pasa en muchas cosas. Inclusive, es como que mil veces me va bien con el clima, no sé cómo explicarte. Yo quisiera que la luz fuera tal, no está pero aparece, luego viene, ¿entendés? O sea, como decir: qué bueno sería que pare la tormenta y se abra un claro. Y se abre, te digo, muchas veces pasa eso. Y lo aprovecho. Y si no, me embromo. O sea, se va adelante. No es que todo tiene que salir necesariamente, porque también cuando deja de aparecer algo, que vos tenés mucho interés en que sea de tal manera, tenés otras cosas que encontrás que no te imaginabas que te las ibas a encontrar en la calle, en una vidriera, en un reflejo en la vidriera. No sé, hace poco miro en una vidriera enrejada, porque estaba cerrado el local, y veo veinticinco maniquíes de Greta Garbo, Hitchcock, una cosa de locos, y hago esa foto. Estoy tratando de encontrar una buena foto ese día y de golpe me encuentro a la vuelta del Madison Square Garden, con unos enormes camiones de acero inoxidable de lácteos que reflejaban el Empire Sate. Entonces, con todos los remaches no es completamente plana la chapa del camión que te hace como los espejos convexos y cóncavos. Hice sesenta y siete fotos de la serie.  Me encontré con ese regalo y todavía sigo enamorado de ese momento.

— Si veinte años no son nada, sesenta años ¿qué son?

— Nada, tampoco. No, más experiencia. Te diría que es bastante divertido pensar en materia de juventud cuánto perdiste pero cuánto ganaste porque estás más tranquilo y tenés más seguridad en vos mismo, y si tenés algún pequeño prestigio o ya has hecho tanto, podés hacer lo que te dé la gana. Te sentís más libre. Porque tampoco tengo compromisos con nadie. No sé cómo explicarte.

— Sí, claro.

— No tengo compromisos políticos, no tengo compromisos de pedirle nada a nadie o nadie me da nada. No hay esas cosas, ¿entendés?

— Sacás las fotos que te dan la gana.

— Exactamente.

Foto: Lihue Althabe
Foto: Lihue Althabe

— ¿Te pasó en alguna época de tu carrera que, bueno, tenías que ceder?

— Sí, claro, claro. Y muchas veces, te digo que no hace tantos años pero sí hace… Hay puntos de inflexión. Por ejemplo, voy a contar uno que es muy interesante: un amigo fotógrafo, chileno, lo voy a nombrar porque es una gran persona, que es Robin Edwards, vendía las cosas de su estudio porque tenía seis estudios en el mundo pero el de acá lo liquidaba. Yo fui a ver qué había y me encantó un freezer, de lo demás no me interesaba nada. Había un freezer y yo dije que bueno, la película hay que meterla en un freezer y yo no tengo, ¿viste? Entonces le dije a la persona que lo vendía: "Mirá, a mí me interesaría comprar este freezer". Entonces me llaman a los dos días por teléfono y me dicen: "Por el freezer no te preocupes, vos arreglá y nosotros te lo mandamos. Robin te lo quiere mandar". Lo trajeron, yo no había medido nada pero lo encajé en un lugar que, no sé, un milímetro más chico que el lugar. Debajo de una escalera.

— Diseñado para eso.

— Sí, increíble, ¿no? Pero eso me dijeron que pasa porque esta casa tiene un número 2-2-3-3, que es 10, que en numerología es el número de la perfección de la arquitectura. Me lo dijo un periodista americano cuando le conté que todo entraba como calzado y me dijo: "Dejame ir a la puerta", miró, volvió, me contó eso. Pero el hecho es que cuando se va el tipo que traía la heladera me deja un sobre con unas llaves, que eran las llaves de la heladera. La abro y había 500 rollos de película de regalo. Abro la heladera con 500 rollos. Y yo con esos rollos hice tres libros. Tres libros de cuatro años o de tres años y tenía película fresca, película Kodak que es la que yo usaba exactamente. Y esas cosas te ayudan muchísimo, ¿no? Siempre hay momentos donde hay algo que te da vuelta, te hace adelantar muchos años. Como Borges, por ejemplo, por decirte alguien. Que Borges apareció en mi vida cuando yo era un pintor de la galería Bonino contratado, que era muy buena galería, magnífica, y salió mi libro con Borges y Borges cuando nos quedamos solos me dijo: "Aldo, usted hoy agrandó su carrera 10 años". Yo le dije: "Sí, claro". Estábamos sentados, estábamos haciendo unas fotos. Después me dijo: "Estamos juntos porque somos argentinos". Y después me dijo: "Estamos unidos por una vocación, el arte".

— ¿Qué es la vocación?

— Y bueno, la vocación no te puedo decir, yo te voy a decir a qué conclusión llegué justo a lo que me dijo Borges. La vocación no te alcanza en el arte, a mí no me alcanza. Además la fotografía tiene un lado duro, si vos querés ir a fondo, ¿no? No hay fotógrafos que sacan sentados, no hay fotógrafos que no se tiran en el ángulo exacto para la foto, que puede ser un charco o bosta de caballo si estás en el campo. Y yo realmente te digo, creo que la pasión que yo siento por la fotografía es lo que a mí me permitió hacer una obra que no la puedo ni siquiera abarcar. Lo cual no quiere decir nada porque puede ser un bodrio la obra.

— No sería el caso.

— Bueno, no lo sé, nunca lo sabés, te digo, porque no tenés la brújula pero tenés sensaciones. Porque no hay el manual del artista, no existe. Lo digo para mí, para un pianista, para un pintor. No hay nada. Sos un tipo que vuela a ciegas con su radar, su intuición y demás. Entonces, la pasión es fundamental, es absolutamente fundamental. A veces, yo tengo un grupo de chicos que viene todos los años a verme acá de Tucumán, estudiantes de fotografía. Cuando los tengo acá, primero se sientan todos y yo digo para mí, adentro de mi ser, ¿cuántos de estos chicos tendrán la fuerza que hace falta tener? Después les hablo de la pasión y les digo: "¿Saben qué es la pasión?" Bueno, no saben, nunca lo pensaron. Yo les digo: "Miren, la pasión es cuando yo los veo a ustedes en una esquina mirándose a cinco centímetros de distancia, que se deben ver fuera de foco, que no sienten que tienen mal aliento, eso es pasión".

— Decís algo que me parece muy interesante: el ser un artista tiene un desafío que es trabajar con la más absoluta libertad pero genera un vértigo de ese miedo a la libertad, porque la libertad en estos términos es incalculable en sus consecuencias, ¿no?

— Tal cual, sí, sí. Además, podés equivocarte. Además, hay miles de cosas que tenés que… Digamos, perdón, tengo que decir esto antes, que hace al tema, y es que el artista es un tipo solitario que está solo con sus pensamientos. O sea, nadie viene a decirte qué tenés que hacer. Las veces que pregunté qué tenía que hacer, una vez que lo fotografiaba al presidente Menem, pasa uno de los fotógrafos y le digo: "¿Cuál es el ángulo de Menem?" Me dice: "Este". Entonces pongo toda la luz, el sillón para esa foto. Cuando viene el presidente le digo, se me ocurre, me iluminé y le digo: "Presidente, ¿cuál es su perfil hoy?". "Este". Me mandaban al perfil equivocado, ¿entendés? Entonces cambié todas las luces e hice las cosas que tenía que hacer. Pero digamos, no sabés. Tenés que resolver sobre la marcha. Pero no es difícil, no es difícil, es un tema que es tu profesión. Vos también sabés qué tenés que preguntar y decir para llegar a donde querés llegar.

— ¿Te quedó algún presidente por fotografiar?

— No he fotografiado a muchos porque le daba tanto celos al fotógrafo de Presidencia que me dio lástima y dije, pobre, se cree que yo voy a hacer una gran cosa. He fotografiado a varios te digo, no sé a cuántos pero he fotografiado a varios.

— ¿Es fácil darle una orden al que está acostumbrado a dar órdenes?

— Yo doy órdenes todo el tiempo. Me divierte mucho. Menem era un tipo muy humilde y, te digo, muy agradable. Yo cuando hice una exposición muy grande que se llamó Los argentinos, donde había cuatrocientos retratos, en la época de Menem, no me acuerdo el año ahora, venían algunos ministros que fotografié y les preguntaba: "¿Cómo es Menem?", entonces todos me contestaban: "Nunca se olvide de que es un árabe". Bueno, perfecto, esto me lo dijo, ponele, Cavallo, no sé quién vino de los otros, no me acuerdo, pero vinieron varios. "Nunca se olvide de que es un árabe". Bueno, era un tipo muy seductor, muy simpático, y muy humilde. En su forma de ser en privado era súper agradable. Yo estuve con un tiempo de media hora a las 11 de la mañana y a las 17:30 no me largaba Menem y yo decía: cómo es posible que yo tenga que volver al estudio como loco porque estoy preocupado por cómo sale la copia, qué pasa con los líquidos, si está todo en orden, y él tenía el tiempo para seguir no sé cuánto. Entonces, no termina ahí, le digo en un momento: "Presidente, yo me tengo que ir, discúlpeme". Me dice: "¿Qué hacés mañana?". Le digo: "Yo mañana voy a la Chacarita porque es el aniversario de Gardel, voy todos los años. Y, además, hago la fiesta fotográfica". Entonces dice: "¿Qué tengo yo mañana en mi agenda?". Tenía que recibir al embajador tal de tal, de tal, entonces dice: "¿Y a qué hora terminamos?", "Bueno, yo creo que a las 12:30, a la 1 me iré", le digo. "Te espero a las 13 en la Casa Rosada para que me digas por qué me gusta tanto el patio", me dice Menem. Yo llego a la 1, nunca entré como por un tubo como ese día, desemboco debajo de las galerías –estaba lloviznando- y veo que se agita el primer piso y lo veo a Menem frente a mí del otro lado y avanza. Entonces lo espero con el reloj y le digo: "Muy bien, qué puntualidad, fantástico", era bastante impuntual. Pero me dio tiempo de pensar qué le iba a contestar. Entonces cuando llega me dice: "¿Qué te parece?". Le digo: "Mire, es tan lindo este patio que verdaderamente no hay nada que decir más que es divino". Me dice: "¿Y por qué me gusta tanto?". Le dije: "¿Sabe por qué le gusta? Porque es un patio árabe en una casa italiana y además tiene estas palmeras fantásticas. Póngase ahí", agarré mi máquina, una máquina panorámica que sacaba como un chorizo así. Lo tengo a él de traje con las palmeras atrás, ¿entendés?

— En el patio árabe.

— En el patio árabe. Entonces él agarra la máquina y empieza a sacar fotos hacia la gente que estaba en el balcón de arriba. No salió ninguna.
Ni una. Entonces veo que un pelotón de granaderos va por las galerías laterales, como a hacer el cambio de guardia, y le digo: "Presidente, ¿a usted le molesta que pare a un oficial? Porque así traemos a los granaderos, tenemos una foto suya con los granaderos". "No, no, decile lo que quieras". "Oficial, pare y traiga a los granaderos", le digo, y vienen los granaderos, que eran de 2,10 metros creo (risas). Y Menem era bastante bajo. Entonces agarro, lo pongo a Menem en el centro y le armo dos filas de granaderos a cuarenta y cinco grados y Menem queda de la misma altura que los granaderos, ¿entendés? Digamos, queda alineado.

— La perspectiva…

— En el nacimiento de la perspectiva estaba. Y después, bueno, siguieron varias historias más. Pero te digo, es muy fascinante resolver las cosas como un mecánico.

Mae Hon Son, Tailandia, 1996Negativo blanco y negro 120 mm
Mae Hon Son, Tailandia, 1996Negativo blanco y negro 120 mm

— ¿Hay personajes infotografiables?

— No, no.

— No me conocés.

— Te vi anoche en tu programa de reportajes y tenías un momento que si yo hubiera estado ahí con la cámara hubiera hecho una gran foto tuya, que se puede hacer. El momento fantástico donde tenías un reflejo y se te veía, un reflejo en el lado del anteojo y en el otro, tenías el ojo de águila esperando el momento para hacer tu pregunta.

— Pero digo, ¿no te has topado con algún personaje célebre, o de todos los días, que vos decís no encuentro el modo de fotografiarlo?

— No, no existe eso, no existe.

— Ni insoportables, nadie.

— Mejor, todos los líos, todo lo peor es mejor. Todo lo negativo es lo más positivo. Porque lo tenés que dar vuelta, ¿entendés? Es como el clima, es como si yo te dijera que el ideal sería el sol, pero es  mucho mejor la lluvia. Ahí se arma la rosca en serio. Porque tiene más carácter. Y la sorpresa también, el accidente por así decir, te da otra gama de posibilidades. Como si yo te dijera San Petersburgo, voy al Palacio de Verano, el momento que yo viajé. Bueno, hay unos juegos de agua maravillosos que los hemos visto todos hasta el hartazgo y yo llego y resulta que el día antes se corta toda el agua porque si no, se rompen las cañerías con el hielo, y el frío se viene, como si te dijera que cada día bajan dos grados la temperatura, es así, brum, y tenés el frío bestial. Bueno, estaban todas las estatuas encajonándolas. Pero es mucho más interesante tener la foto de las estatuas en cajoncitos que los chorros de agua que los tiene todo el mundo. Bueno, es así un poco la cosa.

— ¿Quién fue tu modelo más insoportable?

— No me gusta dar muchos nombres porque viste esa gente que todavía… En fin, hay gente que es… Me pasó una cosa graciosa, Twyla Tharp, la famosa coreógrafa y bailarina americana, cuando yo estaba en el Colón que imaginate, cinco años haciendo fotos me podrían haber dado muchos "no", fui a fotografiarla en un pasillo y ella me hizo no, me hizo así, y yo moví el foco, lo puse en la palma de la mano e hice un retrato. Entonces yo estaba en Nueva York firmando en la Quinta Avenida, en Rizzoli, mis libros y la mayor satisfacción fueron los argentinos que entraban y decían: no lo podemos creer, los libros de nuestro país en las vidrieras de Rizzoli. Y de golpe se acerca una americana y me dice: "Soy Twyla Tharp". Le digo: "¿Le puedo pedir disculpas?". "Uf", me dice, "pero por favor, por supuesto. Además, te regalé una gran foto".

La Boca, Buenos Aires, ca (1959). Reversible color 120 mm
La Boca, Buenos Aires, ca (1959). Reversible color 120 mm

— Aldo, ¿qué es la belleza?

— La belleza es la fealdad, o la belleza griega, si querés, vos podés tomar cualquiera de las dos. Pero digo, me estaba acordando de que en la Argentina hay una especie de manía de lo lindo. Lo lindo vale el quíntuple aunque sea hueco, estúpido, ignorante, insoportable, desagradable. Pero lindo, el hombre lindo, la mujer linda, es como lo máximo. Y yo tenía amigos, cuando hacía retratos para esa exposición, que los quería mucho y los admiraba mucho, y los voy a mencionar: Félix Luna, Peñita, José María Peña, director del Museo de la Ciudad, que tenían unas narices bravas. Bueno, entonces el retrato se los hice de perfil. Y les costaba ponerse de perfil. No les gustaba nada. Pero después que yo hice las fotos y que esas fotos aparecieron y se vieron, Félix Luna me pedía la foto para ponerla en una conferencia en un atril donde él estaba de perfil. Yo le dije: "Mirá, vos tenés perfil de cóndor, vos sos un cóndor de perfil". Y era un cóndor. Y él tenía mucho más que ver con un cóndor que con un señor de origen español de frente, qué sé yo.

— Claro.

— No funcionaba de frente.

— Recién decías que hay como una manía por la belleza. Hay distintos estereotipos de belleza. Pero digo, para vos, ¿qué es lo bello? ¿Cuál es el cuerpo humano bello, cuál es el rostro bello?

— No existe. A mí me parece que lo interesante es lo que veo, que es algo que tiene alma. Algo que expresa. Es una cuestión de… O el personaje. Mi hijo tiene pánico y está asustado cuando yo saco muchos homeless, a veces hay tipos fantásticos. O que duermen, o cómo están. Pero no lo hago ni por la pobreza o por el contraste, nada, porque me interesan, ¿no? Y he encontrado a personajes increíbles.

— ¿Qué vamos a ver en la muestra de estos 60 años? ¿Con qué nos vamos a encontrar?

— Mirá, la muestra de estos 60 años es una idea genial de Victoria Noorthoon, que es la directora del Museo de Arte Moderno y curadora. Es una gran curadora y una gran directiva del museo. Cuando me habló del proyecto, me pareció un proyecto faraónico. Yo dije: "Mirá, yo no puedo hacer nada por vos salvo abrirte los roperos y que veas todo lo que hay adentro". Y ella dijo: "Eso es lo que quiero." Entonces avanzó con diez personas de su equipo, que es más numeroso que diez, y los instaló aquí desde el 23 de octubre del año 2017. La cosa empezó muy bien porque ese día yo me caí y me rompí mi hombro derecho, una fractura de seis partes de la cabeza del húmero. Ahora ves mis brazos.

— Maravilloso.

— No pasa nada. Pero me dolió mucho y estaba color negro y estaba realmente como lisiado y muy preocupado por mi futuro. Dije: "Miren, con que llegue acá, encantado, después me subo a una escalera o me tiro al piso pero necesito hasta esta altura para levantar la máquina". Y bueno, entonces me quedé acá pero no dejé de asistir al estudio ningún día, 10 horas, 12 horas. Jorge, que está tras las cámaras, en bambalinas, los ayudó muchísimo y les abrimos los archivos. Ellos vieron 800 mil fotos y de esas 800 mil fotos editaron 700, que son las que se desarrollan entre el 58 y el 2018. Y hay una puesta en escena única. Que tampoco la quiero revelar para que tengan realmente una visión de una cosa muy interesante. Que se ve mejor obviamente a sala vacía que con sala llena, pero es magnífica.

— ¿Te dan ganas de volver a fotografiar a presidentes? Digo, a Macri lo fotografiaste, sí, lo hiciste.

— A Macri sí. Sí, pero no ahora, lo hice… Hace 15 años más o menos.

— ¿Y te dan ganas de fotografiarlo ahora, como presidente?

— Si quiere, encantado. Lo fotografié también, sí, ahora me acuerdo que lo fotografié en un reportaje hace un año.

— ¿Y fue obediente o más o menos?

— No, total. A mí si no me obedece… Yo lo miro igual, lo puedo hacer, pero digamos, la gente es muy amable, ¿viste? Toda la gente.

Foto: Lihue Athabe
Foto: Lihue Athabe

— ¿A los Kirchner los fotografiaste?

— No. Los Kirchner para mí fueron una mala palabra siempre. Es más, te digo, no es que los quisiera, ella quiso pedir pero yo nunca tuve el interés de hacerlo. Realmente hay una cosa de rechazo muy grande.

— Aldo, ¿qué es el futuro?

— El futuro es magnífico, porque puede ser corto ya para mí a esta altura del partido. Puede ser más largo. Y después existe la buena perspectiva de la incógnita de qué llegas a ver al otro lado. Te digo que es algo que tampoco deja de parecerme una propuesta interesante.

— Claro.

— Hay que aceptar la vida como es. Y mientras uno está en plena combustión ir adelante, ¿no? Yo estoy positivo, disfruto mucho con lo que hago. En fin, soy muy feliz.

— ¿Cuál es la foto que falta hacer?

— Miles, miles faltan, miles. Es inabarcable. Depende de vos, de tu creatividad, de tu apertura, de tus ojos. En realidad la fotografía es muy fácil, la fotografía después de tantos años se transforma en un truco, en un truquito, ¿sabés? Porque tenés un arsenal de trucos. En realidad el fotógrafo es un mago que, cada vez que necesita hacer algo, saca un conejo de la galera. Es fácil. Aparte de eso es muy fácil.

— ¿Cuál es tu mejor truco?

— Dejar que fluya. En el momento oportuno, que salga algo de la galera. Lo mejor es no forzarse, siempre aparece la cosa, la vuelta de tuerca aparece si querés hacer cosas diferentes de las que puede hacer mejor otra persona. A veces alguien me llama y me dice: "Mire, Aldo, yo le pido un favor, que me haga un retrato, una foto con mi hija que se casa". "Mirá, yo te mando un fotógrafo brutal. No me pidas eso porque yo no lo voy a hacer bien". Yo sé lo que no puedo hacer bien, yo no puedo hacer lo que hace un reportero gráfico con un flash. Lo puedo hacer en el estudio, pero no lo puedo hacer, no me interesa. Lo hago sin flash.

— Si Dios existe… ¿Dios existe?

— Yo creo que sí. No sé cómo es, si la cruz, la misa, la Iglesia, pero yo creo que hay un ser superior, hay algo superior porque me ha ayudado tanto que si no existe, me defrauda. Estoy seguro de que existe.

— ¿Y le sacás una foto?

— No. Le agradezco todos los días. No, no le puedo sacar. Lo siento mucho, siento que me ayuda. Y le pido que me ayude, ¿no? Le pido.

— ¿Y hay algún momento, cuando esa foto aparece, que decís "gracias, Dios"?

— Sí claro, claro. Mira, yo era muy amigo de Indra Devi, que fue una mujer extraordinaria e hice muchos experimentos con ella, fuimos a cárceles y vimos cosas y le vi hacer cosas magníficas con gente. Ella me dijo que si nosotros tenemos la humildad de pedirle, de tener cualquier pensamiento con una enorme profundidad y humildad para hacer algo, si vos tenés el gran proyecto y te concentrás y lo pedís, lo hacés, llega. Las cosas se dan, hay que tener fuerza y usar el poder de la mente que es enorme.

— Yo siempre digo que el deseo es el mejor arquitecto de la vida. Cuando uno desea poderosamente…

— Exacto.

*La muestra en el Museo de Arte Moderno (Avenida San Juan 350), Archivo Aldo Sessa 1958-2018: 60 años de imágenes, puede visitarse a partir de mañana, miércoles 21 de marzo, de martes a viernes de 11 a 19 y sábados y domingos hasta las 20.

 

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