En plena crisis del 2001, harto de que los actores se resignaran a vivir de otra cosa mientras disfrutaban su vocación frente a pocos amigos, se rebeló y supo ver una oportunidad. Junto a un grupo de amigos creó Timbre 4, el templo del teatro independiente: "Cada obra es una cooperativa donde todo el mundo cobra igual. Los que organizamos seremos seis, que somos otra cooperativa. Cada uno pudo en Timbre desarrollar su vocación. El que quiere escribir, el que quiere dirigir, el que quiere actuar, el que quiere probar algo nuevo. Somos extremadamente disciplinados, pero también hay mucha felicidad, eso parece a veces que fuera contradictorio".

Más allá del éxito profesional internacional, el 2017 fue un año maravilloso: "Siempre quise ser padre. Siempre fantaseaba con esa idea y si leés mis obras, era una especie de obsesión que aparecía". Tras ocho años en pareja y después de mucho estudiarlo, decidió buscar la paternidad a través de un vientre subrogado en Estados Unidos. Así, en agosto llegó Camila. "Está muy bueno que el mundo haya podido evolucionar hacia un lugar donde alguien que propone una familia no tradicional pueda generar una familia de amor y descubrir todo el amor que genera un bebé alrededor" reflexiona en esta charla y cuestiona cómo conviven lugares tan evolucionados con otros que penan con cárcel o muerte la homosexualidad.

Como actor, director y autor, Claudio Tolcachir desborda talento
Como actor, director y autor, Claudio Tolcachir desborda talento

Tolcachir perdió la cuenta de la cantidad de espectáculos de los que formó parte: "Empecé actuando, y por suerte actué mucho, así que todavía gana el actor, por más que lo tenga un poquito más relegado. En esa época en que los actores acá hacen cuatro o cinco obras a la vez, yo corría del San Martín al Camarín de las Musas, al Callejón de los Deseos, iba haciendo obras, y me tocaron directores alucinantes. Así que gana el actor, pero el director se va acercando y último, el autor, que es muchísimo más lento". A paso lento pero firme, sus creaciones son esperadas y aclamadas por el público y las críticas. En 2005, La omisión de la familia Coleman fue un éxito absoluto que no deja de reponerse en cartelera, le siguieron Tercer Cuerpo, El viento en un violín, Emilia y Próximo, entre otras.

—¿Con que rol te identificás más?

—Sin duda todos. Lo que más disfruto plenamente como quien está en una pileta de agua tibia es dando clases, es pura investigación, es pura comunicación y no está la tensión del juicio. Actuar sin duda es el espacio más vivo, porque cuando estás ahí con los ojos de tu compañero, nada se parece a esa intensidad. Dirigir tiene la excitación de tomar un montón de decisiones, todo lo que pueda suceder de malo es problema tuyo. Y el autor es mi parte más nueva, la menos profesional, la más intuitiva…

—Y qué lindo que te sale.

—(Risas) Se sufre mucho porque es un abismo.

—¿En qué momento te quedás contento? ¿En qué momento entendés que un libro ya está listo?

—Me cuesta mucho ese momento. Lo voy mejorando. Coleman, que fue la primera que escribía, la estrené porque los actores me mataban, ya llevábamos un año, me querían asesinar. Próximo, la última, la estrené bastante consciente de que habíamos llegado a algo que soñaba, que me gustaba. Cuando dirijo una obra de otro, tengo más claro por qué la dirijo, por qué la elegí. Cuando la escribís vos, tenés muchas más dudas, porque por ahí es una porquería que se te ocurrió a vos. Pero uno no puede dejar de hacerla. Las historias que yo hago me conmueven, me atraviesan, me gustan.

—¿Cómo es el proceso para escribir?

—Siempre fue distinto en las obras que hice. Tengo que generarme obligaciones. No tengo la disciplina que tienen los autores serios, profesionales, que trabajan una cantidad de horas por día, yo me tengo que obligar. ¿Cómo me obligo? Poniéndome una fecha de estreno. Si estuviera solo, sin que nadie me presione, lo más probable es que el miedo gane y no avance. Escritas tengo seis o siete obras. Actuadas, no tengo idea, porque hice de todo, desde infantiles por los barrios hasta el San Martín…

—El Bart Simpson que aparece en Próximo

—Todos lo conocemos perfectamente. Muchos papelones, pero como actor también te sirven, porque vas ocupando espacios.

Tercer cuerpo cumplió diez años y mil funciones.

—Mil funciones cumplimos la semana pasada con el mismo equipo del estreno, que los llamamos los Rolling del under, porque siempre les tocan las situaciones más peliagudas, pero tienen al mismo tiempo su club de fans y llenan la sala diez años después. Es una obra muy hermosa que ellos la hacen genial.

—¿La vocación estuvo siempre?

—Nunca tuve otra. Fue la única que me funcionó.

—¿Y el primer acercamiento cuándo se da?

—Yo era una persona extremadamente tímida en lo social, que jugaba solo, que inventaba historias, en el mundo escolar me iba muy mal, y mis viejos, atentos a eso, me mandaron  al Instituto Vocacional de Arte Labardén. Ahí desplegué una comunicación y empezó una enorme felicidad. Por otro lado, mis viejos me llevaban mucho a ver teatro. Después logré en mi colegio armar un grupo en el sótano. Muchos de los que son de Timbre somos del Moreno, llevamos una vida entera juntos.

Tras un recorrido escolar solitario y complicado, encontró la felicidad cuando se acercó al teatro
Tras un recorrido escolar solitario y complicado, encontró la felicidad cuando se acercó al teatro

—¿En qué momento entendiste que podías vivir de esto?

—Eso fue más una rebelión, porque, cuando alguien en una familia dice que va a ser actor, lo primero que ve son ojitos de pena y dicen: "Bueno, lo vamos a tener que mantener toda la vida". Me crié en una etapa del teatro independiente donde no vivir de la actuación estaba bien visto, era imposible vivir de la actuación. Estaba mal vista la televisión y estaba bien que vos trabajes de otra cosa. A mí no me parecía bien. Mi generación vivió un cambio en ese sentido. Así empezó Timbre, era el 2001, una etapa complicada para imaginarse algún tipo de éxito. No nos cuajaba esta idea de estrenar una obra y que vengan los amigos. Tenía que venir gente, porque no hay otra manera para el teatro independiente en este país de subsistir que que venga gente, que la gente pague su entrada, que en general es económica, y que la gente sepa que con esa entrada se mantienen los actores, el teatro, el baño, todo. Trabajamos mucho en esa especie de militancia de que la gente entienda que nuestro trabajo era este y eso por suerte se generó.

—¿Qué sentís hoy cuando ves lo que es Timbre 4? Recordemos que al principio era tu casa y el timbre era literalmente el 4.

—Primero, que no lo imaginábamos para nada. Por otro lado, tiene lógica porque éramos unos enfermos del trabajo. Estábamos ahí para lo que sea, limpiando baños, haciendo luces, colgando tachos, ensayando, escribiendo, dando clases. Yo he dado clases para tres alumnos y está bueno saber cómo cuestan las cosas y qué valor tienen. Hice obras que había menos gente abajo que en el escenario, entonces, cuando está la sala llena, a mí me emociona como si fuera la primera vez, porque sé lo difícil que es. Lo que más me gusta de Timbre es que creció en estructura, creció en organización. No es un proyecto personal, es un proyecto grupal.

El creador de Timbre 4 asegura que la clave está en el proyecto grupal donde todos pueden cumplir sus sueños
El creador de Timbre 4 asegura que la clave está en el proyecto grupal donde todos pueden cumplir sus sueños

—¿Qué no te voy a ver haciendo nunca?

—Te diría, una obra que tenga juicios pobres sobre los personajes, en general no me va a interesar. No porque el teatro tenga que ser aleccionador, pero sí me parece que el teatro tiene que producir cierta elevación. Que lo que vos veas te obligue a crecer.

—¿Si te llama Tinelli vas?

—¿A bailar? No diría que no enseguida, ¿eh?, pero no me van a llamar. En un principio pensaría para qué lo haría y qué sentido tendría. Trato de no tener demasiados prejuicios. Tengo la suerte de haber podido construir un mundo en el cual puedo elegir mucho lo que hago. No tengo una especial ambición por ser famoso ni ganar mucha plata ni nada. Me imagino en ese lugar y me podría divertir, porque no espero nada de ese mundo.

—Te leo comprometido con cuestiones políticas y sociales. ¿Hay una responsabilidad en el actor de meterse en ciertos temas?

—No sé si en el actor, en las personas. Es más fuerte tal vez si te sigue mucha gente, que no creo que sea mi caso, y sí es el caso de gente muy famosa que se juega a dar una opinión. Está bastante crítica la cosa, si uno no opina algo que sea la corriente general, automáticamente recibe el castigo y el juicio extremo.

—¿Es un tema que tiene que ver con los gobiernos o con cómo estamos como sociedad?

—No creo que tenga que ver con la decisión de un gobierno. Es más grande que eso. Me parece cierta simplificación de la cabeza de la gente que no sé de dónde vendrá. Hay algo donde el mundo te trata de decir que hay bueno-malo. "Esto es lindo, esto es feo". Y es más complejo. Está bien que vos creas que tal persona es corrupta, ¿pero tiene que ir presa sin juicio? Que vayan a juicio, que las cosas sean como tienen que ser. Para todos lados. Me llama la atención cuando siento que no hay un espacio de análisis, aunque sea mínimo, de reflexión o de evaluación sobre la realidad. Me pone muy triste, me asusta sobre todo, porque siento que somos muy manipulables y que yo en un punto pierdo la conexión con la lógica reinante.

Comprometido política y socialmente, Claudio Tolcachir no teme dar su opinión sobre ningún tema
Comprometido política y socialmente, Claudio Tolcachir no teme dar su opinión sobre ningún tema

—¿Culturalmente cómo estamos?

—Esto es cultural. Creo que no estamos en una etapa muy reflexiva, que estamos en una etapa muy volcánica, simplista, con valores muy invadidos por polaridades muy infantiles. A mí me duele mucho que alguien pueda llegar al absurdo de decir: "No le compren té a la familia de Santiago Maldonado". Es gente que le pasa eso, que se ocupa de tener ese odio. Muchas veces uno trata de pensar: "Bueno, será gente paga", pero no, es gente que tiene eso en la cabeza. Esto es tremendo, que como mundo cultural lleguemos a desear que no sólo una familia pierda un hijo sino que además quiebren. ¿Cómo llegás a ese razonamiento? Eso para mí es cultural, porque yo creo que justamente el teatro y el cine están para decir: "Che, no es tan simple".

—¿Sentís que hay un retroceso o una disminución en las opciones culturales? ¿Qué te genera la discusión sobre el INCAA?

—Hay dos partes, una es la gestión de la cultura y otra es la cultura. La gestión de la cultura te diría, en esta nueva dirección de gobierno, todavía no la veo muy clara en cuanto a propuestas. Hay una mejor gestión indudablemente del Cervantes, nosotros pudimos trabajar en el San Martín y trabajamos bien. Hay ciertas cosas de las salas independientes que se están pudiendo resolver y eso está muy bien. Nosotros, después de 15 años, pudimos estar habilitados como sala, lo cual es extrañísimo, pero es así. Después, lo del cine, por lo que llego a entender leyendo el proyecto, va a complicar mucho las producciones independientes, porque apunta más a la autopresevación de las grandes productoras. Eso es una lástima o es peligroso, porque creo que para que un director llegue a hacer una gran película primero tiene que hacer su primera película, su película independiente. Por otro lado, siempre la cultura nuestra estuvo en crisis y resiste. En el teatro es genial lo que pasa, las distintas generaciones que están gestando, de (Ricardo) Bartís, (Daniel) Veronese, (Agustín) Alezzo; mi generación ahí intermedia y después unos pibes de 20 años, guachos que vienen a romper todo y nos llevan puestos, eso me parece genial. Tal vez no haya una mirada demasiado brillante sobre cómo gestionar eso que ya existe.

—Pero no sentís que estemos en un momento donde la cultura puede tender a desaparecer en la Argentina como sienten algunos.

—No, la cultura no va a desaparecer, porque creo que en los momentos críticos, y yo creo que estamos en un momento crítico cultural, político, social, creo que la cultura crece.

A solas con Infobae, el actor se emociona al recordar cómo fue el proceso de búsqueda de su hija
A solas con Infobae, el actor se emociona al recordar cómo fue el proceso de búsqueda de su hija

—Te cambio de tema, ¿cómo llegó el deseo de la paternidad?

—Vino tan temprano como tuve conciencia de que existía la posibilidad. Siempre quise ser padre. Siempre fantaseaba esa idea y si leés mis obras, era una especie de obsesión que aparecía. En Tercer cuerpo, una mujer se inventa un marido mientras se hace estudios de fertilidad. En El viento en un violín, que ahora es Mater, dos mujeres violan a un hombre para quedar embarazadas, siempre apareció. Pero, bueno, tardé mucho en descubrir la manera en la que lo podía hacer. Por suerte apareció, se llama gestación subrogada, pero había mucho que estudiar.

—Estados Unidos permite la copaternidad.

—Exacto. Por supuesto, pensamos en adopción. En nuestro país es muy complicado todavía el sistema de la adopción y para una pareja gay, más complicado todavía. Apareció esto y había muchas opciones para hacerlo en distintos países, inclusive en distintas ciudades, y la que buscamos fue la que nos pareció más pareja en el sentido de nuestros derechos y obligaciones, y sus derechos y obligaciones. Eso generó un vínculo con la gestante, su marido y sus hijos, su madre y su abuela alucinante. Y eso queríamos nosotros, hacerlo con alguien que entendiera lo que estaba haciendo.

—¿Cuándo la sentiste tu hija?

—Y va mutando, porque ya el desearla, soñarla. A mí me pasa con los viajes, yo me iba de casa a trabajar afuera y la soñaba. Y las veces que me tuve que ir ahora, que me fui poquito, porque mucho no me puedo ir y me pude ir ya la recuerdo, y eso es muy distinto. Te agarra en momentos desprevenidos, estás tratando de dormir y decís: "¿Qué es esto que está pasando?". Cada cosa nueva que va a haciendo es un mundo alucinante. Todos los miedos que yo pensé que iba a tener no los estoy teniendo, y estoy teniendo un porcentaje de diversión, de alegría y de placer. Está muy bueno que también el mundo haya podido evolucionar hacia un lugar donde alguien que propone una familia no tradicional pueda generar una familia de amor y descubrir todo el amor que genera un bebé alrededor.

—Algunos países, porque en otros ser homosexual es un delito.

—Sí, es increíble pero conviven culturas y épocas espantosas. Mujeres que tienen que estar cubiertas y pueblos bombardeados que tampoco salen en ningún lado.

—Sí, compartimos un mundo en donde nuestros hijos  van a vivir la copaternidad como algo natural en el colegio, con países en donde podés tener pena de muerte por ser gay.

—Sí. Inclusive aquí mismo debemos convivir con gente a la que le parece un horror. Pero el mundo es así.

—Una cosa es la mirada del que le puede parecer mal y otra cosa es lo que dice la ley.

—Lo que dice la ley, esto que decís es tan importante… Por eso, también a nosotros nos pareció buena la propuesta y lo hicimos en Illinois, Chicago, porque la ley era muy protectora para con la gestante. Con sus necesidades, con sus cuidados, con sus elecciones.

—¿Mantienen un vínculo posterior?

—Todos los días. Imaginate que vivimos un año de convivencia cibernética, hablando mal y pronto. Se transformaron en nuestra familia americana.

—¿Qué tareas te tocan de la paternidad?

—Todo. Tenemos distintos talentos, pero yo soy bueno para dormirla, me funciona bastante bien. Por lo general, estamos bastante compartidos y bastante relajados. Mucho más relajados de lo que pensábamos. Creímos que iba a ser una bomba atómica emocional y no, está siendo muy divertido. Creo que Camila nos llegó muy relajada y muy divertida.

—Tu carita de enamorado con tu hija me enloquece.

—Se me hace un colchón de cachetes (Risas).

ENTREVISTA COMPLETA:

 

Agradecimiento: peinado y maquillaje, Romina Sala

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