Ludmila Pagliero: “A los franceses les gusta mi facilidad para comunicarme, esa es mi argentinidad”

Por Lucila Ivanoski

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"Tengo amigos, aunque es un ambiente muy competitivo", cuenta la étoile argentina que hace 18 años vive en Francia. Allí triunfó -forma parte de la Ópera de París y ganó el Benois de la Danse- y a fines de julio trae todo su potencial artístico al Teatro Coliseo.

(Foto: Jean Michel Blasco)
(Foto: Jean Michel Blasco)

Ludmila Pagliero nació en Buenos Aires en 1983. A los diez años entró a la Escuela de Ballet del Colón. En su adolescencia llegó a bailar en Chile y luego fue convocada por el American Ballet y la Ópera de París. Una corazonada la llevó al viejo continente donde triunfa desde hace casi veinte años. Los días viernes 28 y sábado 29 de julio bailará "La Sylphide" en el Teatro Coliseo.

– Comenzaste tus estudios en el Colón a los pocos meses de haber empezado a hacer ballet, ¿estabas convencida de dar ese gran paso?

– Cuando mi profesora particular me propuso presentarme al Colón, yo acepté sin tener mucha idea de lo que era ser bailarina. Estaba feliz con que me propongan algo así. Recuerdo que el primer examen fue físico, en el segundo veían las condiciones técnicas, y un tercer examen donde tomé clases durante un mes en el Colón. Al principio fue difícil porque tenía poco conocimiento de los pasos y el profesor me gritaba. Le contaba a mi mamá: "El maestro me gritó, se enojó". Ella me decía: "No te preocupes, hay que seguir". A las dos semanas volvía a mi casa diciendo: "El profesor me felicitó". Tenía carencias pero tenía actitud y la inteligencia para la danza. Lograba captar y absorber rápido. El primer año fue muy duro dentro del Instituto del Colón pero para el segundo había logrado llegar al nivel de mis compañeras que sí tenían una preparación previa. Estaba realmente interesada en aprender.

– ¿Qué es lo que tiene que tener una bailarina para llegar a ser una étoile?

– Pasión. Pasión por lo que uno hace. El mundo del ballet es muy difícil, son luchas cotidianas. Si un día no vas a clases, lo notás. Al día siguiente lo nota el profesor y el tercero, lo nota todo el público. Uno nunca termina de mejorar, de dominar la danza. Hay que tener un amor profundo para luchar todos los días por mantener el nivel y estar siempre en la búsqueda sobre lo que se puede mejorar. Siempre sigo buscando. Sin hacer las cosas mecánicamente, buscando las emociones y ser vulnerable frente al público para poder dar una emoción verdadera y poder abrirme. Si no hay pasión es como un trabajo.

Ludmila Pagliero interpretando “La Sylphide”
Ludmila Pagliero interpretando “La Sylphide” en la temporada 2012-2013

– Tuviste al mismo tiempo la posibilidad de entrar al American Ballet Theatre y a la Ópera de París. ¿Por qué elegiste Europa?

– Tenía un acuerdo con el ABT y un mes antes de irme a Nueva York me llaman de la Ópera de París para ofrecerme un contrato, entonces tuve que elegir: tuve una corazonada natural de irme Europa. Su cultura, historia y su química conmigo es algo no puedo explicar.

– ¿En qué te sentís francesa y en qué rasgos seguís viéndote argentina?

– Hace 18 años que me fui de Argentina, viví más tiempo en París que acá. Tengo muchas cosas de francesa. Mi forma de expresarme es menos eufórica que la de los argentinos, soy tranquila. A los franceses les gusta mi facilidad para comunicarme, ser muy acogedora, cálida, dar una mano para ayudar a alguien. En Francia me dicen: "Es tan fácil trabajar con vos, entrar en contacto con vos". Esa es mi argentinidad, el calor humano en un encuentro. Tengo amigos, aunque es un ambiente muy competitivo.

Ludmila Pagliero
Ludmila Pagliero

– ¿Qué significa para vos haber ganado el Benois de la Danse, el premio más importante del mundo del ballet?

– Al Benois de la Danza lo sigo cada año, aunque no estoy en la búsqueda de premios y reconocimientos. "¿¡A mí!?", es mi primera reacción aunque sé que me puede pasar porque tengo visibilidad mundial, aunque el reconocimiento más grande fue cuando me dio la noticia Manuel Legris, un bailarín francés que admiro mucho. Tampoco me gusta pensar mucho en los premios por la tristeza de no ganarlos. Es un honor y un gran reconocimiento.  

– ¿Qué significa para vos interpretar en Buenos Aires La Sylphide?

– La versión que voy a hacer aquí de La Sylphide de Lacotte es distinta de la que vengo de interpretar en París. Es un ballet que me encanta y que disfruto mucho de bailar. Es una historia muy dulce, naif,  de un amor puro. La Sylphide es un ser que juega, es la imagen que tiene James (protagonista masculino) de la mujer perfecta. Ella es un instante, no es real. Es como el amigo imaginario de un nene que un día desaparece pero queda en su memoria. Mi última función en París fue muy emotiva, bailé durante dos horas… ¡y todo lo que sentí! Fue una función muy verdadera, poder entregarme a esas emociones que son las mías, sacarme todas capas de una emoción y ser lo más simple y pura que pueda.

– ¿Cuáles son los roles que más te interesa interpretar?

La Sylphide, Oneguin y los ballets de Jerome Robbins, que son abstractos: no hay un personaje, simplemente tengo que ser yo misma. La coreografía y la musicalidad te permiten estar en conexión con tu cuerpo y la música… solamente uno en ese momento. El bailarín se prepara durante horas pero el momento de la verdad es en el escenario. Ese instante es magia.

Ludmila Pagliero, la étoile argentina
Ludmila Pagliero, la étoile argentina que brilla en el mundo

– ¿Qué bailarinas adminirás?

– A Marianela Nuñez, a Diana Vishneva, que es toda una Prima Ballerina rusa que supo interpretar roles muy variados dentro de lo clásico y lo moderno, y a Uliana Lopatkina que me lleva a otro plano desde que pisa el escenario. También Aurelie Dupont de la Ópera de París por su profesionalismo.

– ¿Te gustaría dirigir una compañía?  

– En el futuro me interesaría dirigir una compañía, saber manejar las distintas áreas, lo administrativo, los egos, entregar proyectos artísticos y al mismo tiempo motivar una tropa. Es algo que me interesa y que analizo. En la dirección de la Ópera me dan la oportunidad de formarme en estos temas. Podría volver a Argentina a hacerlo o en cualquier otra parte del mundo. En el momento en el que siento que podría entregar y devolver mis conocimientos y experiencias y que me apasione el desafío, lo haré.

 

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