El presidente de la Fundación y el ministro, junto con otras autoridades. (Nicolás Aboaf)
El presidente de la Fundación y el ministro, junto con otras autoridades. (Nicolás Aboaf)

"Te tuve que decir la verdad."
"Y yo tuve que defenderme"
La escena no es de una película ni de una novela. Así se despidieron el jueves por la noche en la Rural Martín Gremmelspacher, presidente de la Fundación El Libro, y el ministro de Cultura Pablo Avelluto, luego de la inauguración de la 43° edición de la Feria. El intercambio tranquilo y hasta afectuoso ocurrió después del corte de cinta, después del encendido discurso contra la posverdad de Luisa Valenzuela y, sobre todo, después de un cruce áspero que habían tenido ambos y que le dio los títulos a los medios. En rigor, áspera resultó la respuesta del ministro a la parte final del discurso de Gremmelspacher en donde, como ocurre todos los años, se le reclamó al gobierno por aquello que falta o que, al menos, el sector del libro considera que falta para recuperar a la industria en un momento que todos coinciden que no es particularmente bueno. Los reclamos fueron puntuales pero también apuntaron a los costos por el alza en las tarifas de los servicios. El ministro es el ministro, sí, pero antes, durante más de veinte años, era un miembro más de la comunidad del libro, ya que estuvo a la cabeza de diversas casas editoriales. El "Conmigo, no, Martín" algo destemplado del discurso de Avelluto todavía resonaba en la sala Borges cuando los dos hombres se saludaron.

"Yo hice una descripción del sector, no fue para polarizar con el ministro. Tal vez la suya haya sido una respuesta propia de la política, no lo sé", le dijo Gremmelspacher a Infobae en la tarde de sábado y mientras la Feria esperaba a las multitudes que llegarían a partir de las 21, con entrada gratis. "Las editoriales dejaron de hacer 20 millones de novedades el año pasado. Ellos desde el gobierno responden contando cómo llevan editores a las ferias internacionales, pero eso, que no digo que no sea importante, sin embargo no ayuda a la macroeconomía de las editoriales", explica.

"Fui para contar lo que había hecho el gobierno nacional en relación al mundo de los libros y no solo el Ministerio de Cultura. Quería contar lo que había hecho Educación, Cancillería, fui para hablar de la continuidad de varios programas, como el Programa Sur. Podrían haberme dicho 'lo que hiciste no nos gusta o es insuficiente', pero lo que recibí fue un 'no han hecho nada' o, incluso, algo peor. A partir de prejuicios, conjeturas y versiones, hablaron de un posible 'tiro de gracia' para el sector. Eso me dolió, nos conocemos hace 25 años. Sé que la situación no es buena, que es dura para el sector, pero no es la más dura ni justifica un mensaje apocalíptico como ese. Qué queda si no para hablar del sector durante la dictadura, el efecto Tequila, el 2001, la hiperinflación", le explicó Avelluto a este medio. "La feria misma, su existencia, es una demostración de la vitalidad del sector editorial y no de uno que está agonizando. Vemos realidades diferentes", siguió.

"Yo no dije que el actual fuera el peor escenario, pero es malo. El único dato real que tenemos para medir es el de los ISBN y esos registros dicen que la caída de la producción es importante, además del cierre de librerías. Si el consumo de los supermercados cayó un 20% ¿cómo no va a caer el libro?, es simple lógica. Cuando la CAL (Cámara del Libro) dice que cayó entre un 20 y un 25% tiene lógica", dice Gremmelspacher, quien explica que el mayor reclamo que hizo durante la apertura de la Feria es el mismo que se hace cada año desde fines de los 90, cuando el ex ministro Cavallo quitó al sector un beneficio que era el de desgravar el IVA que se paga por el papel, es decir, compensarlo por Ganancias. Fue cuando hizo este reclamo que mencionó las versiones que circulan sobre un documento de FIEL que recomendaría gravar los libros con 19% de IVA y pidió que no se llegara a eso porque sería el "tiro de gracia" para el sector. Esas tres palabras ("tiro de gracia") fueron las que descolocaron a Avelluto. Cerca del ministro ironizan: "En lugar de ser un momento de alegría, la inauguración se convirtió en un Tedeum de Bergoglio en los tiempos de Kirchner".

Uno de los stands del Ministerio de Cultura en la Feria. (Nicolás Aboaf)
Uno de los stands del Ministerio de Cultura en la Feria. (Nicolás Aboaf)

Durante los últimos meses, la Fundación y el Ministerio habían llegado a varios acuerdos que se plasmaron en esta Feria como el subsidio oficial para que 58 libreros vinieran a las Jornadas Profesionales, la instalación de un segundo stand de Cultura en el Pabellón Ocre, el trabajo para la concreción del encuentro internacional IBBY Latinoamérica y Caribe de literatura infantil y juvenil y el regreso con stand del Fondo Nacional de las Artes, que en esta oportunidad le da además espacio a diez editoriales independientes para que puedan participar del evento. Pero las visiones diferentes entre la industria y el gobierno se ven en varios aspectos.

Gran parte de la industria reclama porque la apertura de las importaciones implica una mayor oferta de libros en un mercado deprimido mientras que el gobierno asegura que, aunque aumentaron, no lo hicieron de una manera tan descomunal como para desbalancear el mercado. Otro de los puntos en los que difieren radicalmente las visiones es en el de las compras del Estado a las editoriales, que durante muchos años les dio aire a varias empresas, que esperaban las licitaciones como al Mesías. Ante la consulta de Infobae acerca de si es razonable que una editorial viva de las ventas al Estado, es decir, que arme sus presupuestos en base a esas compras eventuales, Gremmelspacher dice definitivamente que no. "El que lo ponía en su presupuesto estaba equivocado. Para nosotros (él pertenece a Bonum, una editorial de las consideradas pequeñas), si hacemos una venta de esas es oxígeno extra y como ganarnos la lotería", asegura.

Avelluto contó el jueves en la feria que cuando se hicieron cargo del Gobierno, en el Ministerio de Educación se encontraron con 1.800.000 ejemplares arrumbados y sin usar: no se habían repartido. "Durante 7 u 8 años el gobierno compró entre 70 y 80 millones de libros a las editoriales. Ese millón ochocientos mil que quedaron sin repartir es apenas el 2% de todo lo que compraron", devuelve Gremmelspacher. Para el ministro, la mayor parte de las acusaciones parten de un prejuicio contra el gobierno de Cambiemos. "La animosidad política lo que obtura es la capacidad de una conversación basada en hechos", dice Avelluto. "No entro en esta cosa de bronca y no me interesa ni atacar ni defender ni a este gobierno ni al anterior", responde Gremmelspacher.

Continuará.

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