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Costa Rica ocupa el segundo lugar de Centroamérica y el Caribe en resiliencia cibernética, pero enfrenta nuevos riesgos por la inteligencia artificial

El país obtuvo un 53% en el ranking regional de SISAP y quedó solo por detrás de República Dominicana, mientras Gobierno, banca y manufactura concentran la mayor exposición económica ante eventuales ciberataques.

Costa Rica alcanzó un 53% en el Ranking Regional de Resiliencia Cibernética de SISAP, resultado que lo coloca en el segundo puesto de Centroamérica y el Caribe. (Imagen ilustrativa Infobae)
Costa Rica alcanzó un 53% en el Ranking Regional de Resiliencia Cibernética de SISAP, resultado que lo coloca en el segundo puesto de Centroamérica y el Caribe. (Imagen ilustrativa Infobae)
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Costa Rica se posicionó como el segundo país con mayor resiliencia cibernética de Centroamérica y el Caribe, según el Ranking Regional de Resiliencia Cibernética elaborado por SISAP, con una puntuación del 53%.

El resultado coloca al país apenas un punto porcentual por debajo de República Dominicana, que lidera la medición regional con un 54%. Panamá ocupa el tercer lugar con 49%, seguido de Colombia, con 48%; El Salvador, con 41%; Guatemala, con 39%; Honduras, con 34%, y Nicaragua, con 32%.

La medición busca reflejar las diferencias entre los países en sus capacidades para prevenir, responder y recuperarse frente a incidentes de ciberseguridad, en un contexto internacional marcado por el crecimiento de las amenazas digitales y una dependencia cada vez mayor de la tecnología.

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Para Costa Rica, la posición representa un avance, pero también plantea el reto de mantener y fortalecer sus capacidades de protección digital, gobernanza, formación de talento especializado y respuesta ante incidentes.

El escenario adquiere especial relevancia debido a la rápida incorporación de la inteligencia artificial (IA) en las organizaciones, una tecnología que está transformando procesos empresariales, pero que también introduce nuevos desafíos relacionados con la seguridad de la información.

“Que Costa Rica ocupe el segundo lugar en este ranking refleja un avance importante en materia de resiliencia cibernética. Es una señal de que el país ha fortalecido sus capacidades para enfrentar incidentes digitales, pero también un recordatorio de que la ciberseguridad es un proceso permanente”, explicó Mauricio Nanne, CEO de SISAP.

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El ejecutivo agregó que la evolución de las amenazas obliga a mantener una inversión constante en capacidades técnicas y humanas.

“En un contexto donde las amenazas evolucionan constantemente, la inversión en talento, tecnologías de protección y el desarrollo de gobernanza seguirá siendo determinante para mantener este liderazgo”, afirmó Nanne.

La inteligencia artificial avanza más rápido que la seguridad

Uno de los principales desafíos identificados en el análisis es la velocidad con la que las empresas están adoptando herramientas de inteligencia artificial frente al ritmo con el que desarrollan mecanismos para controlar sus riesgos.

Según los datos incluidos en el estudio de SISAP, el 14% de las visitas globales a soluciones de inteligencia artificial se concentra en la región y esta ocupa el tercer lugar mundial en descargas de aplicaciones de IA generativa.

El crecimiento de estas herramientas, sin embargo, no estaría acompañado por controles de seguridad equivalentes.

El documento señala que el 78% de las organizaciones ya se está transformando mediante el uso de inteligencia artificial, pero únicamente el 6% cuenta con los controles de seguridad necesarios para hacerlo de manera segura, de acuerdo con datos del AI Governance Index de Trustmarque.

La diferencia entre adopción y gobernanza puede generar nuevos puntos vulnerables dentro de las organizaciones. El uso de plataformas de inteligencia artificial sin políticas claras puede facilitar, por ejemplo, la exposición accidental de información corporativa, la utilización de datos sensibles en servicios externos o la pérdida de control sobre la información que utilizan los colaboradores.

El estudio también identifica otros indicadores que evidencian los desafíos pendientes. El 19% de las organizaciones no cuenta con responsables claramente definidos para la gobernanza de IA, mientras que el 72% de los usuarios de estas herramientas dentro de empresas utiliza cuentas personales.

Estas prácticas pueden incrementar los riesgos relacionados con la protección de información corporativa y dificultar que las compañías sepan qué herramientas utilizan sus colaboradores, qué información introducen en ellas y cómo es procesada posteriormente.

República Dominicana lidera el ranking regional con un 54%, mientras Costa Rica ocupa el segundo lugar con 53% y Panamá aparece tercero con 49%. (Imagen ilustrativa Infobae)
República Dominicana lidera el ranking regional con un 54%, mientras Costa Rica ocupa el segundo lugar con 53% y Panamá aparece tercero con 49%. (Imagen ilustrativa Infobae)

Gobierno, banca y manufactura concentran el mayor riesgo

El ranking también analiza el posible impacto económico que tendría un ciberataque contra diferentes sectores de la economía costarricense.

El sector gubernamental aparece como el más expuesto, con pérdidas potenciales estimadas en USD 190,9 millones, equivalentes al 0,53% del Producto Interno Bruto (PIB).

En segundo lugar se encuentran los servicios financieros, con una exposición potencial de USD 177 millones, equivalente al 0,44% del PIB.

La manufactura ocupa el tercer puesto, con pérdidas potenciales calculadas en USD 124,4 millones, equivalentes al 0,40% del PIB.

El listado también incluye al sector retail y la industria tecnológica entre las actividades con mayor impacto económico potencial ante un incidente de ciberseguridad.

En conjunto, estos cinco sectores concentran una exposición aproximada de USD 1,400 millones, cifra que representa alrededor del 91% del riesgo económico potencial nacional identificado en el análisis.

El dato evidencia que un ciberataque no debe ser entendido únicamente como un problema tecnológico. Una interrupción de sistemas, una filtración de información o la paralización de operaciones puede generar consecuencias financieras, afectar servicios esenciales y comprometer la continuidad de las operaciones.

“A medida que la transformación digital avanza y las operaciones dependen cada vez más de la tecnología y la conectividad, contar con herramientas que permitan medir el impacto financiero de un incidente cibernético se convierte en un elemento clave para anticipar riesgos, priorizar inversiones y fortalecer la continuidad del negocio”, indicó Estuardo Alegría, gerente de servicios profesionales de SISAP.

Ocho personas en una oficina miran pantallas de computadora con código y gráficos. Se observan pizarrones con diagramas y bastidores de servidores al fondo.
Gobierno, servicios financieros, manufactura, retail y tecnología concentran cerca del 91% del riesgo económico potencial nacional, equivalente a aproximadamente USD 1.400 millones. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un liderazgo que requiere mantenerse

Aunque Costa Rica aparece en el segundo lugar regional con un 53%, el resultado también muestra que existe un margen importante para fortalecer las capacidades nacionales frente a un escenario digital cada vez más complejo.

La resiliencia cibernética depende no solo de la implementación de tecnologías de protección, sino también de la capacidad de las organizaciones para establecer protocolos, formar personal especializado, identificar vulnerabilidades y reaccionar rápidamente ante un incidente.

La incorporación de inteligencia artificial añade una nueva dimensión al desafío. Las empresas deben equilibrar los beneficios que ofrecen estas herramientas con mecanismos que permitan controlar el uso de información corporativa y establecer responsabilidades claras.

Para SISAP, mantener una posición destacada en la región requerirá que Costa Rica continúe desarrollando talento especializado, gobernanza, tecnologías de protección y mecanismos de respuesta ante incidentes.

El resultado del ranking coloca al país en una posición favorable frente a sus vecinos, pero también plantea una advertencia: la resiliencia cibernética no es un indicador estático. Las amenazas evolucionan al mismo tiempo que las tecnologías, por lo que las capacidades de prevención y respuesta deberán mantenerse en constante actualización.

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