
Un operativo del Organismo de Investigación Judicial de Costa Rica permitió detectar un elaborado sistema de vigilancia tecnológica en la vivienda donde fue asesinada la tiktoker nicaragüense Junieysis Merlo Espinoza.
La joven, madre de dos niñas, desapareció el 31 de marzo de 2026 y fue hallada fallecida nueve días después, enterrada a escasa distancia de su residencia en Santa Ana, San José.
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Las autoridades acusan a su expareja, un hombre de apellidos Ramírez Calvo, de 57 años, como principal sospechoso del femicidio, motivado presuntamente por celos y resistencia a la separación.
El entorno estaba marcado por control y espionaje, documentados por los equipos hallados en el lugar, de acuerdo con el informe del Organismo de Investigación Judicial.
La investigación reveló el hallazgo de cuatro cámaras espía en varios sectores de la casa, incluso en el baño y en el cielorraso. Uno de los dispositivos, una minicámara WiFi, estaba escondido en una esquina del cielorraso de la planta baja, camuflado entre el gypsum; otra cámara idéntica se ubicaba en el plafón del baño.
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Ambos dispositivos permanecían conectados a la corriente para garantizar grabaciones ininterrumpidas. Todos los aparatos captaban imágenes en alta definición, algunos incluso en total oscuridad gracias a luces LED infrarrojas invisibles.
Los equipos, capaces de enviar alertas automáticas a teléfonos celulares al captar movimiento, se ocultaban en estanterías y rincones para pasar desapercibidos.
El caso de Junieysis Merlo Espinoza comprende hechos que se remontan al 31 de marzo de 2026, cuando desapareció tras una videollamada con un allegado entre las 6:35 y las 6:50 de la mañana, según el expediente al que accedió el Organismo de Investigación Judicial.
Su desaparición fue reportada el 2 de abril por un primo, alertado por el hermano de la víctima en Nicaragua. Gracias al análisis de la cronología y de grabaciones de cámaras de seguridad, los investigadores descartaron la versión de Ramírez, quien sostenía que la joven se había marchado a la playa con amigos.
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Dos hermanas de Junieysis revelaron que Ramírez parecía conocer sus conversaciones, lo que las llevó a sospechar de la existencia de equipos de intervención. Una de ellas, residente en España, detalló que en diciembre Merlo halló un teléfono oculto en su cuarto que almacenaba grabaciones de las charlas familiares.
Al confrontarlo, Ramírez admitió que “tenía ocho teléfonos grabándola”.
Las pruebas forenses y los testimonios muestran cómo Ramírez, apodado “Panadero”, se valió de su dominio sobre el entorno doméstico para ejecutar el asesinato y ocultar el cuerpo. El 31 de marzo, el mismo día en que ocurrió la desaparición, solicitó a un operador de maquinaria la ampliación de un agujero en un terreno colindante a la vivienda, argumentando que pretendía instalar alcantarillas.
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Este movimiento de tierra, en un lote de 400 metros cuadrados, fue pagado con ₡450.000 en efectivo, unos USD 850, según relató el operador al Organismo de Investigación Judicial. Posteriormente, Ramírez insistió en que el agujero fuera tapado con urgencia, generando sospechas en el operador.
La labor policial, apoyada por la Unidad Canina, resultó fundamental para ubicar el cuerpo de Junieysis, enterrado en dicha fosa a aproximadamente 150 metros de su residencia. La perra Ambar señaló el sitio cerca de las 22:10 del domingo 5 de abril, lo que permitió iniciar la excavación. La autopsia definió la asfixia como causa de muerte.
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Durante la pesquisa, la policía localizó pertenencias de la víctima, incluidos documentos y dispositivos electrónicos actualmente bajo análisis pericial. El informe judicial sostiene que, además de ocultar el cuerpo, Ramírez recurrió al engaño para lograr que los movimientos de tierra cubrieran la fosa. El operador de maquinaria declaró que, aunque el trabajo original era construir terrazas y zanjas, Ramírez presionaba por rapidez y presentaba una actitud alterada.

Prácticas de control y amenaza previas al crimen
Consta en el expediente que la dinámica de violencia y vigilancia venía de tiempo atrás. Según el Organismo de Investigación Judicial, Ramírez llegó a decir que “si se iba con el novio, los mataría a los dos, ya que tenía plata y podía hacer lo que le daba la gana”. Estos antecedentes, sumados al hallazgo de cámaras espía, teléfonos y computadoras, refuerzan el patrón de acoso que rodeó a la víctima durante los meses previos al femicidio.
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La recolección de testimonios de familiares y testigos permitió establecer que el sospechoso contaba con medios tecnológicos para el control cotidiano de la joven. Los aparatos ocultos recogían imágenes y audios en distintos espacios de la vivienda, permitiendo un monitoreo constante sobre la vida privada de Junieysis Merlo Espinoza.
Actualmente, Ramírez Calvo cumple prisión preventiva por doce meses mientras el caso sigue bajo investigación, según informó el Organismo de Investigación Judicial. La presencia de tecnología de vigilancia y el uso de terceros, engañados para encubrir el cadáver, robustecen la acusación de femicidio agravado.
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