Desde el 19 de marzo, las Fuerzas Armadas llevan adelante la “Operación General Manuel Belgrano”, una campaña de protección civil por medio de la cual desarrollan diversas acciones en todo el territorio nacional con el objetivo de mitigar los efectos de la pandemia del coronavirus y dar apoyo a la comunidad.
Así, por ejemplo, el Ejército Argentino desembarcó en sectores vulnerables y postergados, montando campamentos para entregar bolsas de alimentos y viandas de comida a los habitantes. Y también se desplegaron hospitales de campaña reubicables para complementar la asistencia de otros centros médicos, entre otras iniciativas.
Las tareas implican movilizarse por diferentes lugares y entrar en contacto con la población. Es por ello que cada vez que los integrantes de las FFAA regresan de realizar las labores humanitarias, cumplen con los correspondientes protocolos de desinfección en un corredor sanitario instalado en cada guarnición.
Este procedimiento sanitización busca reducir al máximo los posibles contagios, y proteger al personal militar, a fin de mantener su disponibilidad para volver a efectuar operaciones de apoyo. Se basa prácticamente en tres fases: previa, corredor y aislamiento.

La primera etapa tiene lugar en la zona de despliegue antes de embarcar para el regreso. Consta de desinfección con agua y alcohol del uniforme, con pulverizador; empaquetado de uniforme y calzado, para lavar en la casa (rotulada con nombre); ducha con agua caliente; vestirse de gimnasia; desinfección interna del transporte y también de suela de zapatillas antes de subir al mismo; uso de barbijo, antiparras y guantes.
La segunda fase se compone de ocho puestos que cada integrante militar debe atravesar. Primeramente, se rocía el equipo individual de cada persona y el vehículo (tanto en su interior como en el exterior) en el que se movilizó para llegar al cuartel desde la zona de trabajo.

Luego, el personal es orientado para pasar por todo el corredor de descontaminación. Superado este paso, prosigue una recorrida hacia los siguientes puestos, manteniendo la distancia de seguridad. Así se llega a otro sector, donde a cada persona le hacen un rociado íntegro.
Posteriormente, los integrantes recién llegados introducen los pies en una batea con trapos de piso embebidos en lavandina diluida a los efectos de desinfectar los calzados. Y tras ello, se les limpian las manos y los médicos les controlan la temperatura, la presión sanguínea, la saturación de oxígeno en sangre, el ritmo cardíaco y finalmente el sentido olfativo.

En el caso de que alguno presente uno o más síntomas, será apartado y analizado de forma particular. Si su afección de salud persiste, será derivado al Hospital Militar de la zona de comando. El seguimiento del paciente será realizado por el oficial de personal y del grupo sanidad.
Superadas todas las revisiones, viene el turno de la presentación y bienvenida, en la plaza de armas. El oficial de operaciones hace las recomendaciones relacionadas con el aislamiento, cadena de comando durante la cuarentena y la fecha de presentación para continuar trabajando en el área correspondiente.

A continuación se recupera el equipo desinfectado, tarea a cargo de cuatro personas. Para lo último queda la ducha, el cambio de ropa y el descanso.
La fase final del protocolo de prevención es la de aislamiento preventivo. En relación a este punto, las consignas son las de tratar de mantenerse distanciado del núcleo familiar, seguir las indicaciones de los servicios médicos y evitar salir o desplazarse.
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