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Defensoría alerta crisis humanitaria: 15.960 desplazados y 64.787 confinados en lo que va del 2026

El organismo también presentó un estudio sobre los impactos de la desaparición forzada y las búsquedas pendientes en Colombia

Desplazamiento forzado de campesinos en Colombia por el conflicto armado. Foto: Colprensa
Desplazamiento forzado de campesinos en Colombia por el conflicto armado. Foto: Colprensa
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La Defensoría del Pueblo presentó una nueva radiografía de la crisis humanitaria en Colombia durante el primer semestre de 2026, con cifras que muestran la persistencia del desplazamiento forzado, el confinamiento y los impactos de la desaparición forzada en varias regiones del país.

De acuerdo con la información publicada por Revista Semana, la entidad registró 83 eventos de desplazamiento forzado masivo entre enero y junio, que dejaron 15.960 personas afectadas. Además, documentó 44 eventos de confinamiento, con 64.787 habitantes que vieron restringida su movilidad por cuenta de dinámicas asociadas al conflicto armado.

El balance señala que los departamentos con más personas desplazadas fueron Norte de Santander, Cauca, Nariño, Antioquia y Magdalena. En los casos de confinamiento, las mayores afectaciones se concentraron en Putumayo, Caquetá, Chocó y Cauca, territorios donde la presencia y disputa entre grupos armados continúa limitando el acceso de comunidades a alimentos, salud, educación y ayuda humanitaria.

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El balance señala que los departamentos con más personas desplazadas fueron Norte de Santander, Cauca, Nariño, Antioquia y Magdalena  - crédito Defensoría del Pueblo
El balance señala que los departamentos con más personas desplazadas fueron Norte de Santander, Cauca, Nariño, Antioquia y Magdalena - crédito Defensoría del Pueblo

Junio dejó nuevos eventos de desplazamiento

Solo durante junio, la Defensoría documentó 12 eventos de desplazamiento forzado, con 2.742 personas afectadas. También reportó seis eventos de confinamiento, que impactaron a 3.190 habitantes en diferentes zonas del país.

Entre los municipios más golpeados durante ese mes aparecen Remedios, Tarazá y Zaragoza, en Antioquia; Argelia y Suárez, en Cauca; Puerto Caicedo, en Putumayo; Linares y Los Andes, en Nariño; y Sardinata y Tibú, en Norte de Santander.

La entidad advirtió que estas dinámicas afectan de manera especial a comunidades indígenas y afrodescendientes. Su vulnerabilidad aumenta por las restricciones de movilidad, el control territorial de actores armados y las dificultades para acceder a una respuesta estatal oportuna.

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El llamado de la Defensoría apunta a fortalecer la capacidad institucional para prevenir nuevos hechos y garantizar protección efectiva a poblaciones en riesgo. Las cifras muestran que el desplazamiento y el confinamiento siguen siendo expresiones activas de la violencia, con efectos directos sobre la vida cotidiana de miles de familias.

Cuando una comunidad queda confinada, no solo se reduce su movilidad. También se afecta su posibilidad de trabajar, estudiar, recibir atención médica, conseguir alimentos y mantener contacto con redes de apoyo. Por eso, la entidad insiste en que la respuesta no puede limitarse a registrar los casos, sino que debe traducirse en acciones concretas de prevención y atención.

La Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UPBD), recuperó en un cementerio de Orito, Putumayo, tres cuerpos de presuntos jornaleros, que trabajaban en la región, y que habían desaparecido entre 1996 y 1997 en hechos relacionados con el conflicto armado. 
FOTO (Colprensa)
Unidad de Búsqueda de personas dadas por desaparecidas FOTO (Colprensa)

Desaparición forzada deja impactos entre generaciones

Además del balance sobre movilidad humana, la Defensoría presentó resultados preliminares de la investigación “Impactos transgeneracionales y estrategias de afrontamiento de familias y comunidades víctimas de desaparición forzada en el marco del conflicto armado”.

El estudio fue desarrollado junto con la Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca y Uniminuto, y se centró en los municipios de Soacha, en Cundinamarca, y Pasto y Tumaco, en Nariño.

La investigación concluye que la desaparición forzada deja secuelas que trascienden generaciones. Entre sus efectos están el deterioro de los proyectos de vida, el aumento de condiciones de pobreza, la pérdida de identidades familiares y comunitarias, y la necesidad de un acompañamiento institucional sostenido.

El informe también identificó procesos de resistencia entre las víctimas, como la creación de redes de apoyo, el fortalecimiento de liderazgos comunitarios y la reconstrucción de vínculos familiares y sociales. Esos mecanismos muestran que, pese al daño causado por la violencia, muchas familias han construido formas de cuidado, memoria y organización comunitaria para sostener sus búsquedas.

La Defensoría recordó que, según la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, 136.010 personas continúan desaparecidas por hechos relacionados con el conflicto armado ocurridos antes del 1 de diciembre de 2016. Además, 52.636 personas siguen buscando a sus familiares.

El panorama presentado por la entidad deja una advertencia clara: la crisis humanitaria no está superada. El país sigue acumulando desplazamientos, confinamientos y búsquedas pendientes, mientras comunidades enteras reclaman garantías para vivir sin miedo y con presencia real del Estado.

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