
El presidente Gustavo Petro defendió en el Congreso la gestión económica de su gobierno con una serie de cifras sobre pobreza, empleo e inflación, pero la revisión de los datos oficiales muestra que su balance mezcla indicadores comprobables con comparaciones que requieren contexto para no sobredimensionar el alcance de los resultados.
El dato más sólido de su discurso fue la caída de la pobreza monetaria a 28% en 2025 y de la pobreza extrema a 9,6%, de acuerdo con el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane). Ese mismo reporte ubicó en 14 millones a las personas en pobreza monetaria y en 4,9 millones a quienes estaban en pobreza extrema.
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Las cifras expuestas por el jefe de Estado corresponden al informe oficial más reciente del Dane, publicado el 12 de junio de 2026.
Especialistas citados por el Detector de Mentiras de La Silla Vacía señalaron que la disminución de la pobreza responde a varios factores y que demostrar una causalidad directa entre esa baja y una sola administración es casi imposible con la metodología disponible.
En sus informes, el Dane identifica tres motores de la variación: el movimiento de la línea de pobreza, que sube con el encarecimiento de la canasta básica; el crecimiento económico; y la redistribución vía subsidios y ayudas estatales. Ninguno depende de manera exclusiva de las decisiones del Gobierno nacional.
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Así mismo, el presidente también habló de un dato preliminar de pobreza monetaria de 25% para abril de 2026, pero el organismo estadístico le confirmó al medio que la última cifra oficial disponible para consulta sigue siendo la de 2025.
La intervención de Petro dedicó cerca de 10 minutos a resaltar la evolución de la pobreza durante su mandato. Allí sostuvo que Colombia alcanzó la menor tasa del siglo y afirmó que la reducción acumulada equivale a cerca de 4,5 millones de personas menos en esa condición.
El Dane calcula esos indicadores con base en la Gran Encuesta Integrada de Hogares, que releva información en ciudades capitales, cabeceras y zonas rurales durante todo el año. Con esos datos, compara el ingreso per cápita de cada hogar con las líneas oficiales de pobreza y pobreza extrema.
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Para 2025, la incidencia de la pobreza monetaria bajó 8,6 puntos porcentuales frente a 2022. En personas, la reducción fue de casi cuatro millones respecto de los 18 millones registrados al inicio del periodo señalado por el presidente.
La pobreza extrema también descendió durante ese lapso. Cerró 2025 en 9,6%, equivalente a 4,9 millones de personas, lo que implicó una disminución de 1,9 millones entre 2022 y 2025.
El mismo discurso presidencial presentó además una mejora en desigualdad. El coeficiente de Gini cayó de 0,551 a 0,531 en 2025, aunque el país todavía terminó el año con 14,4 millones de personas en pobreza monetaria y cerca de cinco millones en pobreza extrema, además de brechas persistentes entre ciudades y áreas rurales.
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La comparación histórica que usó Petro tiene una restricción central: las cifras actuales solo son comparables desde 2012. Según explicó el propio Dane a La Silla Vacía y que también fue reconocido por el presidente en su intervención, los años anteriores fueron calculados con metodologías distintas y no permiten una comparación directa de niveles.
El último cambio metodológico se introdujo en 2019 con base en la Encuesta Nacional de Presupuestos de los Hogares 2016-2017, que reemplazó la encuesta usada hasta entonces para construir la canasta. El empalme comparable solo se hizo hasta 2012, mientras que los datos previos habían sido calculados por el Departamento Nacional de Planeación.
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Con ese límite, la afirmación presidencial puede aproximarse si se compara no el nivel absoluto de pobreza a lo largo de todo el siglo, sino la variación registrada dentro de cada gobierno. Ese ejercicio, citado por la publicación, ubica al gobierno Petro con la mayor reducción en el periodo 2022-2025: una caída de 8,6 puntos porcentuales, equivalente a una baja del 23,5% frente a la tasa inicial.
El segundo mayor descenso en ese mismo tipo de cálculo ocurrió durante el segundo gobierno de Álvaro Uribe. La pobreza pasó de 45% a 40,2%, una reducción de 5,2 puntos porcentuales, equivalente al 10,7%.
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Cuando la comparación se hace tomando como punto de partida el primer año completo de cada mandato, el orden cambia. En esa serie, el segundo periodo presidencial de Álvaro Uribe registró una caída de 7,8 puntos porcentuales y el gobierno Petro aparece detrás con 6,6 puntos, aunque todavía falta el dato completo de 2026.
Empleo, salario mínimo e inflación muestran un panorama menos lineal

Petro vinculó la mejora social con la baja del desempleo. Los datos más recientes del Dane muestran que la tasa de desocupación fue de 8,0% en mayo de 2026, frente al 9% del mismo mes del año anterior.
Ese descenso, sin embargo, convive con un aumento de los trabajadores por cuenta propia, según el reporte mensual que hace la entidad estadística.
Parte de la recuperación laboral se concentra en ocupaciones informales y en sectores como la administración pública, lo que matiza la idea de una mejora homogénea del mercado de trabajo.
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El mandatario también presentó como factor de alivio el aumento del salario mínimo. Para 2025, el ajuste fue de 23,7%, uno de los más altos de los últimos años y por encima de los criterios de productividad e inflación.
Ese incremento, no obstante, solo impacta de forma directa a 2,4 millones de trabajadores que ganan el mínimo, según análisis hechos por Anif.
Un estudio señala que, según distintos expertos, la subida ejerció presión sobre los precios y que a junio el Índice de Precios al Consumidor estaba en 6,14%, por encima de varios países de la región.
En su discurso, Petro sostuvo: “Si hay capacidad productiva instalada, el salario no produce inflación como decía Keynes. En Colombia hay capacidad productiva instalada no ocupada en la tierra fértil”.
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El otro dato discutido fue la inflación heredada y su posterior descenso. El presidente afirmó que recibió una inflación cercana al 13% y que la redujo a 4,8%, pero la serie oficial indica que en agosto de 2022, cuando asumió, la variación anual rondaba 10,8%, mientras que el pico superior al 13% se alcanzó en marzo de 2023, ya durante su administración, según resaltó el fact-checking realizado por el Diario del Sur.
La inflación puede verse afectada por el salario mínimo, pero también por factores externos y por la política del Banco de la República.
El crecimiento puede responder a inversión pública en sectores como el agro, aunque también a variables como el precio del petróleo, mientras que las transferencias pueden provenir de gobiernos locales u organismos internacionales.
Petro sumó a su defensa económica otro argumento: la caída de las exportaciones de hidrocarburos y el aumento de las no tradicionales, en especial las asociadas con vehículos eléctricos, agro y turismo. Pero el presidente de la Asociación Nacional de Movilidad Sostenible, Andrés Chaves, advirtió que el parque automotor colombiano ronda los ocho millones de vehículos y que los híbridos y eléctricos todavía no superan las 300.000 unidades.
También se ubica la discusión en un entorno más amplio: la economía colombiana sigue siendo terreno de disputa política. El Gobierno presenta la desinflación como prueba de gestión, mientras sus críticos cuestionan la manera en que esos resultados se exponen ante la opinión pública.
Petro también defendió la idea de que Colombia avanza hacia un modelo menos dependiente de los combustibles fósiles y más apoyado en sectores productivos sostenibles. Sin embargo, las cifras de crecimiento económico ofrecen un balance menos uniforme que el de la inflación.
Algunos sectores vinculados con los servicios y la agricultura mostraron comportamientos positivos. La industria y la construcción, en cambio, atravesaron dificultades durante buena parte del actual periodo de gobierno.
Esa combinación lleva a varios analistas económicos, a concluir que el país todavía enfrenta retos de peso para consolidar una transformación productiva. Entre ellos aparecen la inversión privada y la generación de empleo formal.
El balance general del fact-checking es que una parte de las afirmaciones económicas del mandatario tiene sustento en datos oficiales, en especial la reducción de la inflación y la baja de algunos indicadores de pobreza.
A la vez, los expertos en verificación sostienen que varias comparaciones simplifican fenómenos complejos o se apoyan en puntos de referencia discutibles en un debate económico que, tras la instalación del Congreso, sigue profundamente polarizado.
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