Hidroituango a contrarreloj: la estrategia para salvar el sistema eléctrico nacional y evitar crisis energética con fenómeno de El Niño

Mientras disminuyen los caudales del río Cauca y crecen las alertas por El Niño, Hidroituango avanza en un plan que busca aumentar su capacidad de almacenamiento y reducir riesgos para el sistema eléctrico

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Se espera que Hidroituango entre en funcionamiento a finales de 2027 - crédito Colprensa
Hidroituango concentra la atención del sector energético ante el riesgo de sequía por el fenómeno de El Niño en Colombia - crédito Colprensa

A medida que aumentan las alertas por la posible llegada del fenómeno de El Niño y los embalses del país registran niveles cada vez más ajustados, una infraestructura concentra buena parte de la atención del sector energético colombiano, Hidroituango. De su capacidad para almacenar más agua en los próximos meses dependerá, en gran medida, el margen de maniobra con el que contará el sistema eléctrico nacional frente a una eventual temporada de sequía.

Hoy, la central hidroeléctrica más importante del país aporta cerca del 17% de la energía que consumen los colombianos. Cuando todas sus unidades de generación entren en funcionamiento, esa participación podría superar el 20%, convirtiéndola en una pieza aún más estratégica para la estabilidad energética nacional. Sin embargo, alcanzar ese objetivo implica superar varios retos que van desde trabajos ambientales hasta autorizaciones regulatorias. Aunque Empresas Públicas de Medellín (EPM) avanza en el cronograma previsto, todavía quedan etapas clave antes de que el embalse pueda operar en su máxima capacidad de almacenamiento.

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Junta directiva de EPM en Hidroituango
La central hidroeléctrica de Hidroituango aporta actualmente cerca del 17% de la energía consumida por los colombianos - crédito EPM

Uno de los puntos centrales es lograr que el embalse alcance la llamada cota 420, el nivel máximo autorizado para almacenar agua. Actualmente, Hidroituango opera alrededor de las cotas 408 y 409 metros sobre el nivel del mar. Esa diferencia de apenas 11 metros puede parecer menor, pero representa una reserva energética considerable. Según las estimaciones de EPM, llegar a la cota 420 equivaldría a contar con una capacidad similar a la que produciría una planta térmica de 130 megavatios. En términos prácticos, sería suficiente para abastecer una ciudad como Medellín durante aproximadamente 15 días.

Para conseguirlo, la empresa desarrolla labores de remoción de cobertura vegetal en las áreas que quedarían inundadas cuando aumente el nivel del embalse. Se trata de 68 hectáreas que ya habían sido intervenidas antes de la contingencia de 2018, pero que con el paso del tiempo volvieron a cubrirse de vegetación. La eliminación de esa cobertura busca prevenir impactos ambientales asociados a la descomposición de materia orgánica bajo el agua, un proceso que podría afectar la calidad del recurso hídrico y generar emisiones contaminantes.

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De acuerdo con el gerente general de EPM, John Maya Salazar, los trabajos de remoción estarían finalizados en septiembre. Posteriormente, la compañía iniciaría el proceso gradual de llenado para alcanzar la cota 420, una meta que proyecta lograr en noviembre si las condiciones técnicas y regulatorias avanzan según lo esperado. “La licencia original del proyecto, la Resolución 155 de 2009, nos faculta para operar el embalse en la cota 420. Con la contingencia de 2018 hubo restricciones y solamente podíamos funcionar en la cota 408 o 409. Después del levantamiento de esa resolución, volvimos a la condición original”, explicó Maya a El Colombiano.

El aumento del nivel del embalse hasta la cota 420 permitirá a Hidroituango fortalecer la reserva energética nacional y garantizar mayor estabilidad eléctrica - crédito Luisa González/REUTERS
El aumento del nivel del embalse hasta la cota 420 permitirá a Hidroituango fortalecer la reserva energética nacional y garantizar mayor estabilidad eléctrica - crédito Luisa González/REUTERS

La contingencia a la que hace referencia ocurrió en 2018, cuando el colapso de un túnel auxiliar generó una emergencia que obligó a evacuar comunidades ubicadas aguas abajo del río Cauca y provocó importantes impactos ambientales y económicos. Mientras avanzan las labores ambientales, EPM también ajustó la operación de la central. La estrategia consiste en disminuir temporalmente la generación para evitar que el nivel del embalse continúe descendiendo. No obstante, el desafío no depende únicamente de las obras en terreno. Existe además un componente regulatorio que la empresa considera fundamental para aumentar las reservas de agua.

Actualmente, las reglas de operación obligan a que la central descargue una cantidad de agua equivalente a la que recibe. Esa condición limita la posibilidad de almacenar caudales adicionales en el embalse. Por esa razón, EPM solicitó a la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (Anla) una flexibilización temporal de esa medida mientras persistan las condiciones asociadas al fenómeno de El Niño.

“¿Qué estamos haciendo? Explicándole esta situación a la ANLA para que por un tiempo determinado, mientras sea el fenómeno de El Niño, cambiemos esa regla de operación de que lo que entre de caudal no sea igual a lo que salga, para que podamos embalsar”, señaló Maya. Frente a las advertencias de la Sociedad Hidroituango sobre una eventual salida de operación de algunas turbinas si no se alcanzaba la cota 420 en los próximos meses, el gerente de EPM aseguró que los análisis internos muestran un panorama distinto.

Un trabajador de la empresa de agua de Bogotá monitorea el nivel del embalse de San Rafael, una fuente de agua potable para Bogotá que está bajo debido al fenómeno climático de El Niño, en La Calera, en las afueras de Bogotá, Colombia, el lunes 8 de abril de 2024. (AP Foto/Iván Valencia)
Empresas Públicas de Medellín (EPM) avanza en el cronograma ambiental y espera finalizar la remoción de cobertura vegetal en septiembre - crédito Iván Valencia/AP

“El manejo y la operación de la central la tenemos nosotros como EPM. Y nosotros hoy, por ejemplo, estando en la 409, que es la cota máxima hoy que podemos, apagamos turbinas, apagamos generación. Entonces, decir que no hay agua, que sí hay agua, pues los cálculos que tenemos indican que sí tenemos cómo responder”, dijo en el medio antes mencionado. También rechazó versiones sobre posibles llenados sin autorización. “Nosotros estamos cumpliendo con la normatividad. Estamos haciendo la remoción de la capa vegetal y vamos a subir el embalse cuando la tengamos lista.”

La situación ocurre en un momento en el que el caudal del río Cauca ya evidencia una reducción frente a semanas anteriores. Según EPM, a finales de abril los aportes oscilaron entre 800 y 1.000 metros cúbicos por segundo, pero durante mayo comenzaron a disminuir.

La carrera contrarreloj tiene un elemento adicional que preocupa a expertos y operadores. Septiembre, el mismo mes en el que EPM espera concluir la remoción vegetal e iniciar el llenado gradual del embalse, coincide con uno de los periodos en los que se proyecta una mayor intensidad del fenómeno de El Niño. Con temperaturas más elevadas y un incremento en el consumo de energía por el uso de ventiladores y sistemas de aire acondicionado, la presión sobre el sistema eléctrico podría aumentar justo cuando Hidroituango busca fortalecer sus reservas para afrontar la sequía.

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