
La expansión del Tren de Aragua, una de las organizaciones criminales más peligrosas de América Latina, ha dejado una huella de terror en varias ciudades colombianas, y en especial en Bogotá.
Entre las marcas más perturbadoras de su presencia está la aparición de cuerpos embolsados en distintos puntos de la capital, una práctica que no solo evidencia la brutalidad de la disputa por el dominio del microtráfico; también una metodología calculada para sembrar el miedo y consolidar el poder criminal.
Desde la cárcel La Picaleña, en Tolima, Brayan Reyes —exintegrante de la banda— relató al periodista Rafael Poveda, en el videopódcast Más allá del silencio, detalles inéditos sobre cómo se asesinaba, embolsaba y arrojaba a las víctimas, y sobre la lógica de terror que regía la guerra entre estructuras criminales.
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Crímenes sin piedad: la orden era no dudar
“El que fallaba no tenía perdón. Aquí no se podía tener piedad”, confiesa Reyes, quien durante meses fue testigo y ejecutor de la violencia extrema que caracteriza al Tren de Aragua.
Según sus palabras, la organización funcionaba bajo una lógica de disciplina y miedo: “Las órdenes venían de arriba y no había preguntas. Si te decían que había que desaparecer a alguien, se hacía. Si dudabas, si te costaba, al otro día podías ser tú el embolsado”.
El exintegrante describe cómo la ejecución de los crímenes era planificada y meticulosa.
“Primero se identificaba al objetivo, muchas veces alguien que debía dinero, que se había metido con la gente equivocada o que estaba vendiendo droga en un territorio ajeno. Se le hacía seguimiento, a veces durante días, hasta encontrar el momento perfecto para actuar”, detalló el hoy tras las rejas.
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El secuestro y la tortura
Brayan Reyes, exintegrante del Tren de Aragua, relató que, en la mayoría de los casos, la víctima era secuestrada, a menudo engañada por alguien de confianza o por una falsa promesa de trabajo o dinero.
“No siempre era a la fuerza. Muchos iban pensando que iban a resolver un problema, a cuadrar una deuda, y terminaban en una casa de seguridad, amarrados, con la boca tapada”, detalla.
Dentro de estos lugares, el proceso se volvía aún más cruel. Así lo narró el entrevistado: “Lo primero era hacerlo confesar. Se les preguntaba por qué hicieron lo que hicieron, si sabían con quién se estaban metiendo. A veces los golpeaban, otras veces los torturaban para que hablaran”.
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Reyes aseveró que, en ocasiones, la tortura era utilizada no solo para obtener información, sino como castigo ejemplarizante.

Cómo ejecutaban el asesinato
La forma de matar variaba según la orden. “A veces era un disparo en la cabeza, rápido y limpio. Otras veces era con cuchillo, por la espalda, o con golpes. Había casos en los que los asfixiaban con bolsas o con cinta, especialmente si no querían que hubiera ruido. Eso dependía de lo que el jefe ordenara y de la señal que querían enviar”, explica el líder criminal hoy detenido en Colombia.
Reyes mencionó que la crueldad no era gratuita, sino parte de una estrategia de terror.
La magnitud de la sevicia con la que actuaban quedó palpada en esta frase del delincuente: “Entre más brutal, más miedo. Si el embolsado aparecía con señales de tortura, con cortes, con la cara destrozada, era para que los demás supieran que nadie estaba a salvo, que no había límites”.
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El ritual de embolsar el cuerpo
El siguiente paso era “armar el paquete”, como lo denominaban dentro de la organización.
“Tenían bolsas negras grandes, gruesas, como las de basura industrial. Se doblaba el cuerpo, se le amarraban las manos y los pies con cinta o lazo, y se le ponía otra bolsa en la cabeza. Todo el cuerpo iba envuelto, a veces con varias capas. Si el cuerpo era grande, lo partían, lo desmembraban para que cupiera en la bolsa”, reveló Reyes.

El proceso era frío y mecánico, y hasta similar a como se mostró en una serie aclamada a nivel mundial: Breaking Bad.
“Lo hacíamos entre dos o tres, rápido, sin hablar mucho. Uno sostenía, el otro amarraba. Después, la bolsa se sellaba con cinta, asegurándose de que no se abriera durante el transporte. Si había sangre, se limpiaba el piso, se usaban productos para que no quedaran rastros”.
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El traslado y la exhibición: el impacto en la ciudad y el mensaje a las autoridades
El traslado del cuerpo también era parte del mensaje. “Normalmente se usaba un carro robado o alquilado con papeles falsos. Se hacía de madrugada, cuando había menos gente en la calle. El paquete se dejaba en lugares visibles: una esquina, un parque, cerca de una estación de TransMilenio, en la entrada de un conjunto o en una vía principal”, contó Reyes.
La selección del lugar no era al azar. “Si la guerra era con otra banda, se dejaba cerca de donde ellos vendían. Si era para asustar a la gente, se dejaba en un barrio popular. El embolsado era la firma de la casa, la forma de decir: aquí mandamos nosotros”.
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La ola de cuerpos embolsados en Bogotá no solo generó temor en la población, sino que obligó a las autoridades a reconocer la magnitud de la guerra entre el Tren de Aragua y otros grupos. Reyes reconoce que el terror era el arma principal de la organización.
“La gente no denunciaba, los vendedores pagaban la vacuna, los rivales se iban del barrio. Los policías sabían que era mejor no meterse. El embolsado era un aviso: si te metes, te pasa igual”, recalcó el hoy capturado.

El exintegrante admite que la expansión del Tren de Aragua se sostuvo gracias al miedo y la brutalidad. “Nadie quería ser el próximo. Por eso nadie hablaba. Por eso la banda creció tanto y tan rápido”.
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La reflexión del criminal y el arrepentimiento desde prisión, dejó al final un testimonio busca evitar que otros caigan en esa espiral de violencia.
Reyes finalizó diciendo: “Uno cree que tiene poder, que es invencible, pero lo único que deja esto es muerte, cárcel y miedo. Yo participé en cosas que no me dejan dormir. Si pudiera devolver el tiempo, no lo haría. Por eso hablo, para que otros no repitan lo mismo”.
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