Mientras la tensión en Medio Oriente vuelve a escalar y los ataques elevan la preocupación global, Colombia fijó su postura ante la comunidad internacional. La embajadora Leonor Zalabata, representante permanente del país ante la Organización de las Naciones Unidas, reiteró que la única salida legítima frente a la crisis es el respeto estricto al derecho internacional y la apuesta decidida por el diálogo entre las partes.
Su declaración se dio tras el pronunciamiento oficial del Gobierno colombiano frente a la crisis regional. Sin embargo, más allá del comunicado, Zalabata fue enfática en defender principios que, dijo, no pueden negociarse en momentos de incertidumbre: la soberanía de los Estados, la integridad territorial y la vigencia de las normas multilaterales.
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“Ningún Estado tiene el derecho unilateral de atacar a otro para imponer un cambio de régimen”, sostuvo en el Consejo de Seguridad de la ONU y agregó que “Colombia condena los ataques y se solidariza con los pueblos de Baréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Jordania y Kuwait”. Dejó claro que las represalias unilaterales no fortalecen el orden global. Para la diplomática, cualquier acción por fuera de los mecanismos colectivos termina debilitando el sistema que busca garantizar estabilidad.
Uno de los puntos más sensibles de su intervención fue el relacionado con la cuestión nuclear. Colombia, recordó, mantiene un compromiso histórico con el desarme nuclear general y completo. En esa línea, señaló que todo programa atómico debe tener fines estrictamente pacíficos y estar sujeto a los controles internacionales vigentes. La seguridad colectiva, advirtió, no puede edificarse sobre la acumulación de armamento ni sobre ataques preventivos contra instalaciones sensibles.
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En ese contexto, respaldó el llamado de la Organización de los Estados Americanos a la contención, especialmente cuando se trata de operaciones militares que puedan involucrar infraestructuras nucleares. Los riesgos, explicó, no son solo estratégicos. Un ataque de ese tipo podría desencadenar consecuencias humanitarias y ambientales de gran escala, difíciles de prever y aún más complejas de contener.

Zalabata también se refirió a la situación interna de Irán. Señaló que el respeto por los derechos humanos y las libertades fundamentales constituye una obligación ineludible del Estado. No obstante, aclaró que eventuales incumplimientos en esa materia no pueden convertirse en argumento para justificar acciones militares al margen del derecho internacional. A su juicio, permitir ese tipo de razonamientos abriría la puerta a intervenciones selectivas y discrecionales que pondrían en jaque la arquitectura multilateral.
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La embajadora defendió la aplicación integral de la Carta de la ONU como herramienta esencial para preservar la credibilidad del sistema internacional. Insistió en que los conflictos complejos requieren soluciones políticas, sostenidas en negociaciones y garantías verificables, no en escaladas que profundicen la desconfianza.
Hacia el cierre de su intervención, el mensaje fue directo, es urgente bajar la intensidad. Zalabata hizo un llamado a la desescalada inmediata y al retorno a la diplomacia como única vía sostenible. Incluso propuso la convocatoria de una conferencia de paz para Medio Oriente bajo el auspicio de Naciones Unidas, con el objetivo de abrir un espacio amplio de negociación que permita abordar las causas estructurales de la inestabilidad.
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La iniciativa, explicó, buscaría construir soluciones políticas de largo aliento y evitar que la confrontación continúe expandiéndose con efectos imprevisibles para la seguridad global. En tiempos en los que los discursos suelen radicalizarse con facilidad, la postura colombiana apuesta por lo contrario, fortalecer las reglas comunes y apostar por la palabra.
En medio de un escenario internacional cada vez más volátil, la intervención de la embajadora deja un mensaje claro. Para Colombia, la estabilidad no se impone por la fuerza ni se garantiza con amenazas. Se construye, paso a paso, a partir del respeto mutuo, el cumplimiento de los compromisos internacionales y la convicción de que la diplomacia, aunque lenta, sigue siendo la herramienta más sólida para evitar que la crisis se transforme en un conflicto de mayor alcance.
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