
Con motivo del Día de Amor y Amistad, que se celebra el tercer sábado de septiembre en Colombia, se llevó a cabo un estudio del Doctorado en Neurociencia Aplicada y Comportamiento de la Universidad de San Buenaventura, sede Bogotá, que indicó cómo la química cerebral puede llevar a idealizar a la pareja equivocada, además plantea cinco claves para amar con cabeza y no únicamente con el corazón.
En 2025, la celebración se llevará a cabo el sábado 20 de septiembre, pues millones de colombianos compartirán el Día de Amor y Amistad con flores, cenas y promesas románticas. Sin embargo, la ciencia advierte que el cerebro, y no el corazón, suele tomar las decisiones en el proceso de enamorarse, y no siempre acierta.
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La investigación de la Universidad de San Buenaventura revela que en apenas 0,2 segundos se produce una reacción química capaz de acelerar el corazón, nublar el juicio y desencadenar decisiones afectivas impulsivas, a menudo repitiendo patrones que luego terminan en dolor.
“El amor es maravilloso, pero cuando la dopamina sube, la lógica se debilita. Comprender el funcionamiento del cerebro es fundamental para evitar caer en trampas emocionales repetitivas y descubrir por qué tantas personas permanecen en relaciones tóxicas”, explicó Sandra Milena Camelo, directora del doctorado en Neurociencia Aplicada y Comportamiento de la Universidad de San Buenaventura y vocera del informe.
Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), las búsquedas en Google sobre “relaciones tóxicas” aumentan hasta un 30% en septiembre y las tasas de divorcio en Colombia han subido un 18% en los últimos cinco años. Para Camelo, la fecha representa la oportunidad perfecta para reflexionar acerca de la manera en que se ama y decide.

No dejar que el cerebro elija solo
El informe sostiene que el enamoramiento no se reduce a mariposas en el estómago ni a escenas de película. Detrás de esa sensación existe un proceso neurológico que activa tres áreas principales del cerebro: el área tegmental ventral, relacionada con el placer y la motivación; el núcleo accumbens, que procesa la recompensa y la sensación de logro; y la amígdala cerebral, responsable de las emociones y el estado de alerta.
Estas regiones liberan un cóctel químico que determina cómo sentimos y actuamos. La dopamina impulsa el placer y la motivación, la oxitocina y la vasopresina fomentan el apego y la confianza, y la adrenalina eleva el ritmo cardíaco y la energía, creando una auténtica montaña rusa emocional. Por su parte, la serotonina regula la obsesión y proporciona estabilidad en medio de la intensidad.
El reto, según Camelo, surge cuando esta orquesta química domina la situación y la corteza prefrontal, encargada de analizar riesgos y consecuencias, se muestra menos activa: “El corazón late, pero es el cerebro quien decide o, en ocasiones, se equivoca”, señaló Camelo.
A este panorama se suman los sesgos emocionales, atajos mentales que pueden conducir a decisiones poco saludables. El estudio explica que la idealización lleva a magnificar virtudes y minimizar defectos de la pareja; el apego refuerza el vínculo con lo conocido, aunque resulte nocivo, pues el cerebro prefiere la rutina antes que lo incierto; el sesgo del tiempo invertido genera la sensación de no poder abandonar una relación debido al esfuerzo previo, aun cuando continuar sea emocionalmente costoso.
El cerebro, además, almacena recuerdos emocionales que actúan como un mapa afectivo. Así, tiende a buscar experiencias similares a las vividas previamente, aunque no siempre sean las mejores.
Por este motivo, mientras Fenalco prevé que el comercio crecerá hasta un 20% durante la fecha, los expertos enfatizan que, más allá de los regalos y las cenas, comprender la mente es fundamental para evitar relaciones dañinas y aprender a amar con equilibrio.

Cinco claves para celebrar con conciencia
El estudio propone recomendaciones prácticas para aquellos que desean construir relaciones más sanas y menos impulsivas:
- Dar tiempo y espacio: reducir la velocidad en las decisiones permite recuperar el control racional.
- Formular preguntas a futuro: visualizar el vínculo en cinco años facilita la distinción entre emoción y realidad.
- Revisar la coherencia: comparar sentimientos y vivencias ayuda a evitar idealizaciones.
- Escuchar a terceros: personas ajenas al “cóctel químico” suelen percibir detalles que uno mismo ignora.
- Observar el cuerpo: ansiedad, taquicardia o mariposas constantes indican dominio de la emoción; la calma y la seguridad caracterizan decisiones más equilibradas.
Estos pasos simples pueden marcar la diferencia entre avanzar hacia historias tóxicas o construir relaciones más libres y conscientes, concluyó Camelo.
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