
Una notificación electrónica, una aplicación en el celular y un vuelo gratuito a casa, ese fue el camino que recorrió Julián, un migrante colombiano que vivía en Estados Unidos con un proceso de deportación en curso y que, ante el temor a ser capturado por las autoridades, decidió acogerse a una medida propuesta por el Gobierno de Donald Trump, que prometía incentivos económicos para quienes aceptaran salir voluntariamente del país. Pero al llegar a Colombia, la ilusión se desvaneció, el pago de 1.000 dólares nunca llegó.
“Me ofrecieron un vuelo para el 16 de mayo. Yo le pregunté a la chica qué beneficios tenía por la autodeportación. Me dijo: ‘Aparte del vuelo, el Gobierno está ofreciendo un beneficio económico de 1.000 dólares y la posibilidad de que usted pueda volver a Estados Unidos sin ningún problema’”, relató Julián en entrevista con la cadena Univisión. Sin embargo, hoy, de regreso en Colombia, lo único que conserva de esa promesa es la incertidumbre.
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La historia de Julián refleja la tensión que viven miles de migrantes en Estados Unidos tras el relanzamiento de una de las medidas más polémicas de la nueva administración de Donald Trump: el programa de “autodeportación”. Según anunció el mandatario a comienzos de mayo de 2025, quienes abandonaran el país por voluntad propia podrían recibir un bono de 1.000 dólares, equivalente a poco más de cuatro millones de pesos colombianos, como parte de un incentivo para “aliviar” los costos de la migración irregular.
“Este bono por deportación ahorrará a los contribuyentes estadounidenses miles y miles de millones de dólares”, aseguró el presidente durante un evento en la Casa Blanca. La medida quedó oficializada mediante una orden ejecutiva firmada ese mismo mes, en la que se estableció que los migrantes podrían acogerse al beneficio a través de dos vías, presentarse voluntariamente en un aeropuerto o descargar la aplicación móvil CBP Home, por medio de la cual podrían gestionar su salida del país.
En teoría, la mecánica era sencilla. Según explicó el Departamento de Seguridad Interior (DHS), los interesados recibirían el pago “una vez confirmado su regreso a su país de origen a través de la aplicación”. Trump fue más explícito al declarar: “Les pagaremos a cada uno una cierta cantidad de dinero y les conseguiremos un excelente vuelo de regreso a su lugar de origen”.

Julián, como muchos otros, tomó la decisión en medio del miedo. Asegura que ya existía una orden de expulsión en su contra, y que las advertencias oficiales llegaban constantemente a su correo electrónico. “Si no sale de Estados Unidos de inmediato, estará sujeto a posibles medidas policiales que resultarán en expulsión del país. (...) Estará sujeto a posibles procesos penales, multas y sanciones civiles”, decía uno de los mensajes recibidos en abril. Pero más allá del contenido formal, lo que lo llevó a aceptar la propuesta fue la presión creciente en las calles.
“Llegaban correos (en los que decían) que si no salía automáticamente de Estados Unidos, por cada día me iban a cobrar 988 dólares”, contó el colombiano, quien reconoció que en ese momento vivía con “zozobra”, temiendo operativos migratorios en cualquier esquina.
A través de la aplicación CBP Home, pidió la autodeportación. En menos de 24 horas fue contactado por agentes migratorios, quienes le ofrecieron el vuelo de salida y reiteraron la promesa del bono. Hoy, semanas después de su regreso, no ha recibido respuesta. “Yo creo que 1.000 dólares a cualquier persona le van a servir”, dijo, mientras espera una confirmación por parte de las autoridades estadounidenses sobre si el beneficio será finalmente entregado o si se trató de un espejismo político.

El programa ha generado múltiples dudas entre expertos y defensores de derechos humanos, que señalan la falta de claridad en la implementación y el posible uso del miedo como herramienta de presión. Aunque el presidente Trump defendió la política afirmando que “estamos haciéndolo más fácil posible para que los migrantes ilegales abandonen América”, los vacíos en la ejecución del plan dejan muchas preguntas sin respuesta.
Por ahora, lo único cierto es que Julián regresó por su cuenta, cumplió con todos los pasos indicados por el gobierno estadounidense, pero el incentivo prometido no aparece.
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