
En una modesta vivienda del barrio San Francisco, al norte de Cartagena, una noticia estremeció el alma de Lorenza Pérez en la madrugada del lunes 21 de abril; el sonido de una llamada bastó para cambiar la atmósfera de su hogar. Desde Roma, el Vaticano confirmaba el fallecimiento del papa Francisco, una figura que en 2017 no solo visitó Colombia, sino que dejó una huella en esta comunidad, marcada por la desigualdad y el olvido institucional.
“Me llamó un periodista y me dijo que el Papa había muerto (...) Yo no tenía ni idea, porque el televisor está dañado. Se me fue el alma al piso”, expresó Lorenza con la voz entrecortada. Desde su sala, el mismo lugar donde recibió al pontífice herido tras un accidente, recordó el episodio con precisión y una mezcla de tristeza y gratitud.
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Aquel día de septiembre, el papa Francisco decidió recorrer uno de los sectores más vulnerables de Cartagena. Al llegar al barrio San Francisco, su papamóvil frenó de manera abrupta, provocando un golpe en su rostro contra el vidrio. Con una visible inflamación cerca del ojo, el líder de la Iglesia Católica continuó con su agenda, deteniéndose de forma inesperada en la casa de Lorenza.

“No era la casa en la que iba a estar más tiempo”, relató ella. “Pero mire usted, fue donde más se quedó. Le limpié la frente con una toalla blanca, la única que tenía limpia ese día. Tenía un poquito de sangre. Después, le puse agua oxigenada. Qué ironía, en el botiquín del papamóvil no tenían”, confesó la mujer al diario El Tiempo.
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Aquel gesto sencillo de limpieza y cuidado se transformó en uno de los recuerdos más valorados por Lorenza, y también en un episodio que, con el tiempo, cobró una dimensión espiritual para muchos. La toalla, guardada desde entonces en una urna, es ahora un símbolo de fe y devoción en el barrio. Numerosos vecinos han acudido a su casa a pedir verla, a rezar junto a ella, y en algunos casos, a solicitarla para acompañar procesos de sanación.
“Una señora vino a decirme que su sobrina estaba muy enferma, hospitalizada. Me pidió la toalla para ponérsela encima. Yo no quise que saliera de aquí, pero la envolví en otra toalla nueva. Rezamos. Ella se la llevó”, recordó Lorenza. Días después, la misma mujer regresó, afirmando que su sobrina había mejorado de forma inesperada. “Mire, yo no soy doctora, pero yo creo en los milagros. Y esa toalla, para mí, tiene poder porque tiene la sangre de un santo”.
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Además, durante una entrevista para Noticias Caracol, Lorenza relató detalles inéditos de aquella jornada: “El papa llegó aquí a la terraza, no a la terraza solamente, sino dentro de mi casa (…) fue una experiencia muy bonita al llegar aquí a mi casa. Cuando llegó, pues me dejó bastante impactada, no tenía palabras para responder”. En medio de su emoción, recordó cómo el papa la llamó por su nombre: “Lorenza, Lorenza, usted es una mujer que vale mucho”.
La presencia del papa Francisco en Cartagena fue más que un acto simbólico, pues, para Lorenza y muchos habitantes del barrio, fue un mensaje de inclusión. “Le doy gracias a Dios por usted (sumo pontifice), por haber escogido el barrio de San Francisco, un barrio con tantos problemas de prostitución, delincuencia, pandilla y escoger esta vivienda, esta humilde vivienda de esta vía ‘maluca’ que no ha hecho nada para recibir tanto”.
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El paso de Francisco por la comunidad no solo dejó recuerdos, sino transformaciones visibles. Según Lorenza, tras la visita aumentó la participación en actividades religiosas, las misas se multiplicaron por los sectores y muchos jóvenes comenzaron a asistir a encuentros espirituales.
“Mucha gente cambió su fe, comenzaron a ir a la iglesia, se hacían también misas sectoriales en los barrios”, indicó.

A lo largo de los años, la casa de Lorenza se ha convertido en un punto de referencia para creyentes que llegan de distintos lugares. “Aquí vienen con estatuas, vienen con a ver también la urna con la toalla”. El objeto ha sido protegido con especial cuidado. “La gente tiene mucha misión por la toalla. Tuve que meterla en una urna (…) que la toalla no la dejara, pues pasar de mano en mano, sino que estuviera ahí”.
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Lorenza considera que la visita de Francisco no solo le cambió la vida, sino que marcó un antes y un después para su comunidad: “Yo creo que si llega otro (sumo pontífice) no es igual, de muchos sentimientos muy humanitario y al llegar acá acogió mucho a toda mi comunidad”.
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