
La disputa sobre quién tenía el paso en una vía de Bogotá llevó a un conductor del Sitp y a un motociclista a una acalorada discusión que estuvo a punto de terminar en una pelea, de no ser por el tráfico.
El incidente fue registrado por la cámara de seguridad de otro motociclista que pasaba a un costado cuando el bus zonal, que cubría la ruta 579 Marly, estuvo a punto de cerrar el paso a dos motociclistas, conductor y parrillero, quienes le hicieron señas para que siguiera adelante.
Sin embargo, la indecisión del conductor y la cercanía con la que finalmente se detuvo enfurecieron al parrillero, quien, a pesar de estar apurado, tuvo tiempo de bajarse y reclamarle al conductor, con quien estuvo a punto de enfrentarse a golpes.
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En la grabación, se escucha al parrillero vociferando: “¡A ver, túmbeme, gonorrea, túmbeme! ¡Túmbeme, hijuepu%$... putamadre, bájese, hijuepu#$!”, mientras se va perdiendo entre el tráfico. Esta reacción generó desconcierto entre los demás conductores y evidenció el nivel de intolerancia que prevalece en las calles de Bogotá cuando se está al volante.
Las reacciones a la publicación del video reflejaron el malestar de muchos: “Dos bestias afanadas al volante”, “Así son la mayoría de los motociclistas en Bogotá. Esta gente no tiene la cultura de la movilidad”, “Los conductores del Sitp son los mismos buseteros, pero uniformados. No respetan y se creen dueños de las avenidas”, “Tienen afán de pasar, pero se ponen a pelear”, “Hay gente que solo sale con ganas de pelear”, “Todos llevan afán, pero si supieran lo valiosa que es la vida, la disfrutarían más”.
El incidente también invita a reflexionar sobre los efectos de la ira al volante en la salud. Según un artículo de VICE, los estallidos de ira, tanto al volante como fuera de las calles, no solo son peligrosos, sino que también representan un riesgo significativo para la salud cardiovascular. Una investigación de 2014 de la Escuela de Salud Pública de Harvard señala que estos episodios pueden aumentar las probabilidades de sufrir un ataque cardíaco o un derrame cerebral, debido a que el estrés psicológico incrementa la frecuencia cardíaca y la presión arterial.
En personas con alto riesgo cardiovascular, dos episodios diarios de enojo podrían derivar en hasta 268 eventos cardíacos adicionales por cada 10,000 personas al año.

En las calles, las expresiones extremas de rabia al volante, como chocar intencionalmente contra otro vehículo o enfrentarse físicamente a otros conductores, agravan el problema. El estudio de 2016 de la Fundación para la Seguridad Vial de la Asociación Americana del Automóvil (AAA) reveló que cerca de 8 millones de conductores estadounidenses admitieron participar en incidentes extremos de ira al volante en el último año, muchas veces con consecuencias fatales.
El fenómeno de la “ira al volante” tiene raíces profundas en la naturaleza humana. Según Stan Steindl, psicólogo clínico de la Universidad de Queensland, esta emoción se desencadena por dos procesos clave: la percepción de amenaza y el sistema de motivación.
Por ejemplo, maniobras inesperadas o bloqueos en el camino activan una respuesta instintiva de pelea, mientras que las interrupciones a nuestro avance alimentan la frustración. Aunque la mayoría de los conductores creen ser competentes —una encuesta de Allstate de 2011 encontró que se califican a sí mismos muy por encima de otros en habilidades de conducción—, culpar a los demás en el calor del momento tiende a intensificar el enojo y la agresión.

A largo plazo, la rabia al volante puede evolucionar hacia comportamientos peligrosos. Steindl advierte que niveles altos de enojo incrementan la impulsividad y los errores de juicio, mientras que episodios frecuentes o persistentes generan hostilidad constante. Para manejar esta emoción de manera efectiva, propone estrategias como reducir el estrés general mediante técnicas de respiración, música relajante o cambios en las rutas habituales.
Y, por tanto, abordar este comportamiento con alguien cercano requiere tacto y empatía. Pedir permiso para hablar del tema y ayudar a aliviar el estrés acumulado puede ser más efectivo que simplemente pedirles que se “calmen”.
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