Las extremas condiciones climáticas producidas por el fenómeno de El Niño aumentaron la inflamabilidad del material vegetal en los cerros orientales de Bogotá y produjeron los incendios contra los que luchan las fuerzas de emergencia distritales. No obstante, la intervención humana también ha desempeñado un factor importante.
Parte de los cerros han sido objeto durante décadas de iniciativas de restauración de flora para mejorar la cobertura vegetal. Pero varias de estas iniciativas introdujeron especies exóticas de plantas que no son nativas de la región, como eucaliptos, pinos y retamo espinoso, que se proliferaron de forma exitosa y son altamente inflamables, según comentó la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad del Rosario.
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Por eso, la lucha contra los incendios forestales va más allá de extinguir las llamas y conlleva un arduo trabajo para restaurar la vegetación con especies nativas. En entrevista con Infobae Colombia, Alfred Ballesteros, director de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), aseguró que las especies introducidas no nativas han dificultado el control del incendio debido a su alta combustibilidad. “El pino, por ejemplo, arroja colchones de hojas y aceites que terminan siendo combustibles, lo que dificulta el control de los incendios y ayuda a su propagación”, dijo.
Según manifestó el funcionario, alrededor de un 90% o más de los cerros orientales están cubiertos con especies de plantas invasoras. “El gran problema de estas especies es que, si visitas un bosque de pinos o un bosque de eucaliptos, te darás cuenta de que son muy agresivas con las especies nativas. Por esta razón, no son recomendables en áreas de importancia ambiental, ya que eliminan la posibilidad de que cualquier otra especie crezca en su entorno”, explicó.
Añadió que la restauración de los suelos afectados por incendios y su posterior siembra con especies nativas propias de la región son procesos que pueden tardar décadas. “Las actividades de restauración del suelo como tal suelen durar entre dos y tres años. Una vez que se inicia la reforestación con especies nativas, que son de crecimiento muy lento, pueden demorarse entre 20 y 30 años para alcanzar una altura de 20 metros, dependiendo de la altitud en la que se encuentren”.

Diana Santana, Bióloga especialista en análisis de datos de biodiversidad en PNNC y coordinadora del colectivo Germinando de la Raicera, le explicó a este medio que, durante los meses de enero, febrero y marzo, no se puede sembrar debido a que sería un desgaste en recursos y esfuerzo. “Por lo general, se espera que las especies pioneras se dispersen, cubran el suelo, recuperen nitrógeno, entre otras cosas. Posteriormente, se procedería a sembrar alrededor de marzo, abril, mayo e incluso hasta junio”, dijo.
“En el caso de los cerros orientales, que son un ecosistema andino y algo de alto andino, podríamos sembrar especies como el árbol loco, garbancillo y granizo. Estas son especies de rápido crecimiento. También hay otras especies que crecen muy lentamente, pero son esenciales para el cuidado del suelo y para crear una cobertura”, añadió la experta.

Para Stijn Hantson, profesor la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad del Rosario, el proceso de restauración de los cerros con especies nativas es muy lento porque no hay semillas que puedan utilizarse. “Creo que lo que se debe considerar es un buen plan de recuperación ecológica. ¿Y si pensamos en cómo podemos reducir el riesgo de incendios utilizando especies nativas que son incluso más valiosas para temas ecológicos?”, expresó el profesor.
Ballesteros explicó que el proceso de reemplazar especies invasoras por nativas se ha llevado a cabo con éxito en el Embalse del Neusa, lo cual ha reducido en un 90% los incendios forestales en ese parque natural. “Empezamos hace 15 años con este proceso de restauración. No sé si lo recuerdas, pero hace 15 años, todos los años teníamos incendios en el Neusa. ¿Por qué? Porque allí también se sembró pino y eucalipto hace décadas. Entonces, todos los años, algún turista o alguien provocaba un incendio, ya sea por una fogata o una quema no controlada”, dijo.
Santana agregó que es el momento de aprovechar para empezar a controlar esas especies invasoras y sembrar las especies nativas en los cerros de Bogotá, pero dio luces de las dificultades que conllevaría tal proceso.
“Estas semillas quedan en el suelo, es decir, hay que hacer un monitoreo de los núcleos donde están estas especies invasoras para que no vuelvan a crecer. Este Retamo crece y manda sus semillas muy lejos. Eso implica hacer recorridos, monitoreo y extracción de los nuevos especímenes o los nuevos individuos que crezcan de estas especies invasoras. Eso duraría, digamos, un año para que sea entre el diseño y la siembra”, explicó la experta.
¿Cuánto demoraría y cuánto costaría restaurar los cerros con especies nativas?
Alfred Ballesteros le aseguró a Infobae que la CAR se ha reunido con la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá para abordar el tema. “Existe un estudio realizado por la Universidad Distrital el año pasado que recomienda iniciar un proceso de sustitución de especies. Sin embargo, este no es un proceso corto. El horizonte de tiempo que plantea la Universidad Distrital en su estudio es de 200 años. Existe un protocolo de sustitución de estas especies elaborado por la Universidad Javeriana en 2015, que sería el que se utilizaría, así como los protocolos que existen hoy en día para el manejo del Retamo Espinoso, otra especie altamente invasora”, explicó.

Añadió que es necesario sustituir 4.000 hectáreas y que cada restauración por hectárea tarda entre dos y tres años. “Este es un proceso lento que debe iniciarse como corredores que a su vez se conviertan en barreras cortafuegos. Por lo tanto, tenemos que reunirnos con la empresa la próxima semana para diseñar el plan y asignar los recursos necesarios”.
Sobre el costo que esto implicaría, explicó que restaurar cada hectárea cuesta alrededor de 60 millones de pesos por hectárea. “Imagina que si hoy hemos perdido más de 500 hectáreas en Cundinamarca y a eso le asignamos un valor monetario, no estamos valorando el daño ambiental, que es incalculable, sino simplemente lo que podría costar la restauración de estas 500 hectáreas a 60 millones de pesos por hectárea. Ya estamos hablando de que lo que hoy se ha perdido costaría más de 30.000 millones de pesos para restaurarlo”, explicó.
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