“El Estado sigue pensando en someter a la guerrilla, aniquilarla o vencerla”: Antonio García, comandante del ELN, se refirió a las negociaciones con el gobierno Petro

En entrevista exclusiva, el comandante máximo del Ejército de Liberación Nacional dio sus opiniones sobre el conflicto colombiano, el diálogo con el Gobierno, su vida en la selva y la posibilidad de una Colombia en paz

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El comandante del ELN retomó
El comandante del ELN retomó su actividad en las redes sociales. Créditos. REUTERS

A mediados de la década de los años 70, Eliécer Herlinton Chamorro era conocido en la Universidad Industrial de Santander (UIS) como Ángel, un activista con un bajo perfil. “De esos estudiantes que asisten a las asambleas estudiantiles, salen a las marchas, están en las pedreas y el tropel, pero nunca pronunciaron una arenga o un discurso”, asegura el excomandante guerrillero Carlos Arturo Velandia Jagua en su libro “El ELN desde mi ventana”.

Sostiene Velandia en su texto que Chamorro “siempre estaba entre las masas sin sobresalir. Hizo parte de un Grupo de Base, forma de organización estudiantil semiclandestina, que se dedicaba al estudio de textos revolucionarios y al trabajo con comunidades barriales”.

Organizados y dirigidos por militantes del ELN, los grupos de base permanecían clandestinos hasta que la organización estimaba que alguno de sus miembros, o todo el grupo, estaba listo para ser incorporado a la guerrilla y pasar a formar parte de una célula, la forma básica de la estructura clandestina urbana del ELN.

Así se vinculó Eliécer Chamorro, ahora rebautizado como Gabriel, a la columna Miguel Pimienta Cotes del Ejército de Liberación Nacional en Bucaramanga. Llegó a ser miembro de la dirección de la columna; en 1979, alertados de una infiltración de las autoridades, Gabriel, junto a unos 30 militantes de la guerrilla escapó de Bucaramanga y viajó a Bogotá, donde conoció al en ese entonces comandante Manuel Pérez, quien lo apoyó para llegar a la dirección nacional.

La embajadora de Colombia en
La embajadora de Colombia en Suiza y María Helena Ramírez, Camilo Gómez, Alto Comisionado de Paz, saludan a Antonio García del ELN. Observa la escena, el vicecanciller del gobierno suizo, Franz Van Daniken (Colprensa, foto cortesía Presidencia de la República)

En 1991, ya identificado como Antonio García, Chamorro participó en los diálogos del ELN, como parte de la llamada Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, con el gobierno de César Gaviria en Caracas y Tlaxcala (México)

Hoy, más de 20 años después y tras la decisión de Gabino de “jubilarse” e irse a vivir a La Habana, Eliécer Herlinton Chamorro, o Antonio García, el activista estudiante de bajo perfil que nunca pronunciaba un discurso, es el comandante máximo del Ejército de Liberación Nacional y el encargado de dirigir la negociación de esa guerrilla con la delegación de Gustavo Petro. Habló con Infobae sobre el conflicto colombiano, el diálogo con el Gobierno, su vida en la selva y la posibilidad de una Colombia en paz.

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— Han pasado muchos años y este conflicto interno parece no cesar. Es el cuento del huevo y la gallina. Qué vino primero, el abandono del Estado o la violencia en los territorios aislados del país…

— Ninguna sociedad en el mundo es perfecta, pero, dependiendo de cómo esté organizada, de cómo sus instituciones tramitan los conflictos sociales o los resuelvan, se podrá contar con una sociedad estable, inestable o en crisis.

Todas las sociedades cuentan con unas instituciones que proyectan futuro, donde se toman decisiones, como los parlamentos y los poderes ejecutivos; por lo general, detrás de ellos está otro poder que define, el poder económico, o sea, que el dinero manda sobre la política, los grandes poderes económicos. Es una mano muy larga la que llega hasta los poderes Ejecutivo y Legislativo y termina escribiendo las leyes. Los intereses de un país o de una nación son desplazados por los intereses privados de dichos poderes, y, en un segundo plano, si acaso, queda el interés de la sociedad.

Cuando la sociedad, o sectores de ella, se ven compelidos por la necesidad, la miseria o el hambre, protestan, se movilizan para que se les atiendan sus necesidades. Ahí aparece el otro poder, el que ejerce el control social, la Policía, las Fuerzas Militares y todo el andamiaje de la inteligencia para reprimir, por medio de la violencia; vienen los asesinatos, los prisioneros, los desaparecidos y los perseguidos. Luego llega el otro poder: el judicial, pero antes está otro intermedio, que sin investigación imparcial ya tiene los montajes como pruebas: la Fiscalía, que ya está definiendo la Justicia. Por si faltara algo, aparece el quinto poder, los que tienen los parlantes para justificar ante el país y el mundo quien tiene la razón y quiénes son los criminales.

No es ni el huevo ni la gallina, otro diría que se requiere un gallo, y es verdad. En todos los países del mundo, hasta en el Vaticano, tienen una forma de resolver los conflictos de su población, de sus habitantes.

Unos estados acuden al diálogo, al verdadero, que escuchan y recogen lo que la gente dice para componer soluciones; otros, algo escuchan pero tan solo para colocar paños de agua tibia que aplaque la inflamación; pero otros, como Colombia, sólo escuchan para engañar, negocian e incumplen casi todo, por eso la gente quiere que les cumplan de inmediato, pero estos gobiernos no están ni capacitados ni tienen conciencia de que se deben a la gente, consideran que el Poder es suyo, por eso sólo llevan violencia; así, la protesta se convierte en un conflicto social de carácter político, ya que los gobiernos, de manera sistemática, acuden al “gallo”: al uso de la fuerza y de las armas para tratar los conflictos sociales.

Ese es el origen del alzamiento armado, sustentado en los miles de presos políticos que los gobiernos se empecinan en negar, de los desaparecidos que aún no aparecen, los desplazados y los despojados; que aún siguen esperando que haya otra manera de tratar los conflictos sociales.

Foto de archivo. Guerrilleros del
Foto de archivo. Guerrilleros del izquierdista Ejército de Liberación Nacionla (ELN) patrullan las selvas del departamento del Chocó, Colombia, 30 de agosto, 2017. REUTERS/Federico Ríos

— Ustedes ¿qué pedirían para por fin negociar y firmar un acuerdo definitivo de paz?

— En una solución política no se trata de “pedir”, sino de acordar entre dos partes, pero teniendo en cuenta a la sociedad. Lo fundamental radica en que se haga un verdadero diálogo con la sociedad colombiana, que en esos espacios se analicen los problemas del país y se escuchen soluciones para los mismos. Está demostrado que el parlamento no interpreta el sentir de la gente, y también que la gente no quiere sentirse sólo representada, sino estar presente.

Tenemos que entender que un “voto” no lleva la voz de la gente, por lo general esa voz que aparece en los poderes es de quien coloca el dinero de los votos. Las soluciones las encontraremos escuchando al conjunto de la sociedad, a todos los sectores, a sus organizaciones sociales y políticas, a la diversidad que somos Colombia.

— Es fácil juzgar y difícil estar en los zapatos del otro. ¿Cuál cree que ha sido la raíz de tanta violencia en el país? ¿Dónde cree que está la mayor herida?

— En el uso de la fuerza y de las armas por parte del Estado para resolver los conflictos sociales, algo que no ha sido posible conversar con gobierno alguno ni en ningún proceso de paz; incluso con el actual gobierno, el tema sigue siendo esquivo.

Además de lo anterior, en el fondo, el Estado sigue pensando en someter a la guerrilla, aniquilarla o vencerla; en últimas, esa manera de pensar impide construir paz. La herida profunda está en la violencia que recibe el pueblo por parte del Estado y luego sólo queda el dolor, los muertos, los desaparecidos, los prisioneros y el despojo. Esos son los cien y más años de soledad, que el Gabo graficó para la eternidad: los vagones llenos de muertos que iban rumbo al mar, a la inmensidad del olvido.

— Si negocian La Paz, ¿quisieran un partido político como lo tienen hoy los Comunes?

— Hay que recordar que nuestra historia y nuestros idearios tiene sus orígenes en los Movimientos de Liberación Nacional, de los que llevamos los colores rojo y negro en nuestras banderas; que nacimos del fondo de los corazones de los marginados y pudimos haber luchado, como hoy, en cualquier otro instante de la historia. He dicho algunas veces que en el ELN poco nos gustan los “partidos”, nos gustan más los “unidos”, la unidad de los desposeídos, estar juntos con ellos y otros, acompañar sus luchas.

ESTA ES UNA DE LAS
ESTA ES UNA DE LAS FOTOGRAFIAS MAS RECIENTES DE LOS INTEGRANTES DEL COMANDO CENTRAL DEL ELN. EN ELLA APARECE ELIECER HERLINTO CHAMORRO, ALIAS ANTONIO GARCIA. (COLPRENSA – CORTESIA POLICIA NACIONAL)

— ¿Cómo son los días en la selva?

— Días en la selva, tiempo y espacio, siempre juntos, pero, dependiendo de las circunstancias, cada uno prima sobre el otro. Nuestra existencia se da en esa juntura de los dos, existimos en esa arista espacio-temporal.

Hoy vivimos en un tiempo inundado de información y desinformación, tenemos que sacudirnos a cada momento, para saber en qué mundo cierto vivimos. Esa es la ventaja de estar en la selva, el tiempo discurre más lento y eso te permite caminar más seguro, las noticias anunciadas el lunes, el viernes ya casi son mentiras.

Desde la distancia, se ven las cosas distintas. El sol, siendo una estrella, por estar más cerca, quema; en cambio, una estrella distante es un punto luminoso que alumbra tu oscuridad. Para un guerrillero, la selva es más que un montón de árboles, vejucos o enredaderas, es la vida misma, a veces dura y agresiva, otras veces tierna y acogedora; depende del momento en que vives. El canto del pájaro que te alegra cada momento puede convertirse en la alarma que te avisa del ataque enemigo. También las aguas, el barro y cada matica tienen su lenguaje y te hablan.

También acontece en las ciudades, donde la selva es distinta, la maraña de información-desinformación, de carros y motos, de cosas inútiles que te acosan y te invaden; pero la verdadera selva de la vida, es la gente que no se ve o se olvida; es con ella con quien vive la guerrilla.

— ¿Qué es lo que más extraña de ser niño?

— La niñez es una etapa de todo ser humano, pero también de todo cuanto existe en el universo o el multiverso; de las sociedades humanas y demás, como se habla ahora. También se hablaría del Metaverso, pero le va ganando la Inteligencia artificial

Es la etapa del conocimiento directo, sensorial, es la ruptura negada de querer ser, que no nos dejan ser solos. De manera permitida o no, vamos conociendo y, por tanto, siendo otra persona en medio de juegos y alegrías, también de tristezas y nostalgias.

Mi niñez... mis padres me dejaron ser y me ayudaron a ser, no los puedo extrañar por cuanto siempre estuvieron ahí, han estado siempre conmigo. Mis hermanos y hermanas, entre juegos y travesuras me enseñaron a defenderme en medio de la ternura, mi aprendizaje de mundo fue mi familia y mis amigos de escuela y colegio.

Extraño el caminar diario, el ir y venir a pie desde mi casa a la escuela y al colegio, nunca necesité vehículo alguno distinto a mis pies, y en los juegos que inventaba -en ese trayecto- iba armando todo lo que sería mi día a día.

Mi vida se ha hecho en los caminos. No me di cuenta ni cuándo ni cómo transcurrió el tiempo. Luego el deporte y al final, pidiéndole permiso al rector de mi colegio, un sacerdote redentorista, para que me permitiera ayudarle a luchar por el colegio. Por eso tengo permiso por la iglesia para luchar por la gente.

Foto de archivo. Guerrilleros del
Foto de archivo. Guerrilleros del izquierdista Ejército de Liberación Nacional (ELN) caminan hacia un campamento en las montañas del departamento de Antioquia, Colombia, 30 de mayo, 2004. REUTERS/Albeiro Lopera

— ¿Cuál es su alegría más grande?

— Para todo ser humano la alegría es poder vivir. Pero en la cotidianidad es poder ver la alegría en los rostros de los más pobres y desposeídos, verlos sonreír. Por lo general, son cosas pequeñas: un pan, un dulce, una muñeca de trapo.

Los pobres somos muy conscientes de que la alegría son sólo instantes, lo demás es la lucha por sobrevivir o construir vida digna, y otra vez los instantes de alegría que nos propina la lucha cuando conquistamos una brizna de felicidad colectiva. Conquistar alegría es un asunto serio, pues la vida tiene muchos enemigos.

— “Humanizar el conflicto” ¿es eso posible?

— Claro que sí, para eso existe el Derecho de la Guerra y el Derecho Internacional Humanitario; quiere decir que mientras estamos en confrontación o guerra debemos tener un comportamiento, debemos tener una ética para evitar la degradación del conflicto, sólo así podrá buscarse una solución a las causas que originaron la guerra.

— ¿Cuál es su visión del mundo de hoy?

— El mundo, la humanidad, especie predominante, ha desarrollado etapas de civilización que han entrado en crisis a lo largo de su historia, crisis que están marcadas por las formas de producción, por las formas de organización político-social (el Estado-nación), por las formas de ocupar el territorio-mundo, por las formas de energía usadas, por las formas de relacionarse con el resto del mundo (especies, ecosistemas, entre otros), cuando estas formas se agotan, o causan más daño que lo que se espera, inevitablemente entramos en crisis de civilización, como la actual.

Los poderes en un Estado-Nación ya no representan a la sociedad, esa forma de organización político social está en crisis, sirvió para un momento de transición; se requiere otra forma que obedezca a los cambios culturales. Igual con las nuevas energías, que podrían usarse, pero que por la forma de producción y de organización político-social actual no es posible. Por ejemplo, la geotérmica, con mayor cooperación en al campo científico, político y económico lo harían posible. La misma energía nuclear, pero se usa más como arma de disuasión de los poderosos, y no para bien de la humanidad.

Está en camino un reordenamiento del mundo. Estados Unidos ya no pudo liderar la construcción de nuevos escenarios para la existencia de la humanidad, como tampoco lo pudieron hacer otros imperios pasados, pues sus construcciones obedecieron a otro momento de humanidad y sólo fueron pensadas para dominar y no para construir un mundo mejor.

Hoy se requiere conciencia de especie, y, más allá, conciencia de vida y planetaria. Para la existencia de cualquier país, se requiere pensar como humanidad; por eso, se está dando una reconfiguración del poder mundial, se requiere un mundo multipolar y pluricéntrico, con instituciones democráticas enfocadas en buscar soluciones para la humanidad y no para gravitar en los conflictos que crean los viejos centros de poder.

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