
La industria automotriz también se equivoca. No todos fueron aciertos. No todas sus creaciones convencieron. Los fabricantes más valiosos del mercado esconden entre sus páginas doradas, entre sus autos de culto, vehículos enraizados a la idiosincrasia popular, modelos que los avergüenzan. Son víctimas de estrategias comerciales precarias o urgentes, apuestas más audaces de lo aconsejable, innovaciones que no comulgan con la personalidad de la firma, invenciones desproporcionadas. Carentes de carácter, de calidad, de oportunismo. Todos modelos que repitieron la cronología: nacieron, fracasaron y cesaron su producción.
Rover CityRover

El CityRover soñó la épica del héroe que salvaría de la desaparición a una legendaria compañía británica. MG Rover se declaró en bancarrota en 2005, cuando las ventas no habían reactivado y la gestión de los propietarios careció de transparencia y prolijidad. Con 101 años de historia, la marca "gentleman" cesó su producción dejando un tendal de míticos modelos -por caso: P5, P6, SD1- y un inconfundible sello de elegancia automotriz.
El CityRover no pudo. La firma acudió a India en busca de un salvataje económico. Reversionó el Tata Indica sin suerte. Lo lanzó en 2013: en sus dos años en mercado recogió más críticas que ventas. Baja calidad de fabricación, pérdida de categoría, comportamiento ineficiente, rendimiento modesto, precio exagerado, interior discreto. La apuesta para rescatar a una compañía mítica fue desacertada.
Aston Martin Cygnet

Un Aston Martin de bolsillo. La marca británica tomó la estructura de un Toyota IQ para imprimirle su imagen: acabados delicados, terminaciones de lujo, cuero de Alcántara y perfumarlo con el espíritu Aston Martin. Sostuvo, incluso, su modesto motor 1.3 de 98 caballos de potencia. Era un "intercambiador urbano", un compacto exclusivo para los traslados en ciudad. Su interpretación comercial fue la de "segundo auto" de los propietarios ya distinguidos de la marca. Sus previsiones de venta tenían una estimación de cuatro mil unidades anuales: su fabricación desde 2010 a 2013 no alcanzó los registros esperados. Al menos, cumplió con la que, se presume, fue la única intención de la marca: reducir el promedio de las emisiones de su gama, para respetar la ley de emisiones europea.
Ford Edsel

"El auto menos indicado para el mercado menos conveniente en el momento menos oportuno". La calificación de la prensa especializada fue categórica. El Edsel fue una tragedia para Ford. Es uno de los más resonantes fracasos automovilísticos de toda la historia de la industria automotriz. El Edsel Ford, en honor al hijo de Henry Ford, inspiró una lista de quejas interminable: sus puertas no cerraban, su pintura se rajaba, los frenos fallaban, la transmisión se rompía, consumía demasiado, su potencia era defectuosa. Cuando la sociedad demandaba practicidad, eficiencia y utilidad, se lanzó un vehículo caro, grande y lujoso. Su diseño reprodujo una polémica inusitada en referencia, específicamente, a su frontal. Sus líneas no cautivaron. Su producción se extendió por tres años, con pérdidas cercanas a los 250 millones de dólares.
Porsche 924

El proyecto EA 425 iba a ser un Volkswagen diseñado por Porsche con motor Audi. Volkswagen lo desestimó y Porsche decidió, en una maniobra audaz, llevar el prototipo a producción masiva. La firma alemana de autos de alta gama necesitaba ampliar su oferta: presentaba en 1976 un Porsche económico, con una configuración para cuatro ocupantes, refrigeración líquida, motor delantero y motricidad posterior. Significaba una renovada relación comercial entre los encargados del proyecto: Volkswagen, Audi y Porsche.
El 924 fue un auto de crisis, la emergencia por oxigenar la economía de una marca que solo presumía de un Porsche 911 aún sin la inmortalidad de los tiempos contemporáneos. La historia lo acusa como un auto incomprendido, inoportuno para la época. Y los fanáticos de Porsche no perdonan el desprestigio de la marca con un deportivo modesto.
Jaguar X-Type

La marca británica estaba en poder del gigante estadounidense Ford. A comienzos de siglo, el segmento de las berlinas medias de lujo estaba dominado por tres tradicionales autos alemanes: BMW Serie 3, Audi A4 y Mercedes-Benz Clase C. Ford expuso a Jaguar con la creación de un modelo rupturista, el más compacto de su historia. El X-Type quiso rivalizar con los consagrados del segmento D sin muchos argumentos. Utilizó la plataforma de un modesto Mondeo y pretendió convertirse en un auto de corte premium. Soportó nueve años y tres grandes transformaciones que no pudieron torcer el rumbo de su historia. Quedará en la retina de los historiadores un auto de comportamiento imperfecto y acabados discretos.
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