(Pixabay)
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Los expertos en perros y gatos han discutido durante mucho tiempo sobre qué especie posee los mejores cerebros.

El equipo de los gatos señala la autosuficiencia de los felinos como un signo de inteligencia. Los animales pueden cazar, lo cual no es tan bueno para la vida silvestre, pero muestra al astuto depredador que todavía acecha dentro de los gatitos. Los gatos también se limpian a sí mismos, hacen sus necesidades en cajas de arena de forma ordenada, son inodoros y, generalmente, son mejores en el control de las porciones de comida que las mascotas caninas.

El equipo de los perros cita la habilidad de los caninos para aprender tareas complejas, especialmente aquellas que benefician a los humanos. Los perros guían a los ciegos, crían ganado, olfatean explosivos y ayudan a encontrar a los sobrevivientes enterrados bajo los escombros de un terremoto. También tienen buenos recuerdos y una impresionante capacidad para comprender el lenguaje humano.

Pero resulta que toda esta lista de conclusiones puede ser innecesaria. Según un nuevo estudio publicado en Frontiers in Neuroanatomy, la mejor forma de medir la capacidad cognitiva es contar las neuronas de cada animal.

(Wikipedia)
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Las neuronas son células que se comunican a través de la carga eléctrica y pueblan el cerebro y el sistema nervioso central. Son las unidades que procesan la información. Aunque medir la inteligencia es una tarea increíblemente difícil, Suzana Herculano-Houzel, neurocientífica de la Universidad de Vanderbilt, y sus colegas creen que su método de cualificación de neuronas en el cerebro de un animal, especialmente en la corteza cerebral, es la herramienta más precisa para juzgar su capacidad para pensamientos complejos.

Entonces, ¿qué animal sale adelante en el censo de la Gran Neurona? Preparaos equipo de los gatos.

"Los perros tienen aproximadamente el doble de neuronas que los gatos", señala Herculano-Houzel, que escribió un libro sobre cerebros llamado La Ventaja Humana.

Pero espera: el perro, de media, es más grande que el gato. ¿No es cierto que los perros tendrían cerebros más grandes y, por lo tanto, más neuronas? Aquí es donde las cosas se ponen más interesantes.

El estudio encontró que la masa total de materia gris no es lo importante. Además del perro y el gato, el equipo examinó los cerebros de un hurón doméstico, una mangosta rayada, un mapache, una hiena rayada, un león africano y un oso pardo. Mientras que el cerebro del oso pardo era tres veces más grande que el del perro, el perro tenía más neuronas. De hecho, el recuento de neuronas del oso pardo fue similar al del gato, un animal cuyo cerebro es aproximadamente 10 veces más pequeño.

Para poner algunos números en juego aquí, un gato tiene 250 millones de neuronas en la corteza cerebral frente a los 530 de los perros. Ambas especies son eclipsadas por el ser humano, que de media registra 16,000 millones de neuronas corticales.

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Pero una de las ideas más sorprendentes de la investigación no tiene nada que ver con los gatos, los perros o las personas. Se trata de los mapaches que durante mucho tiempo han sido descartados como parásitos o vectores del virus de la rabia. Dentro del cerebro de un mapache, del tamaño de un gato, acecha una cantidad similar a las neuronas de un perro. Tantas que, de hecho, si observaras únicamente el recuento de neuronas y el tamaño del cerebro, podrías confundir al mapache con un pequeño primate.

"Y eso es mucho decir porque algo que descubrimos anteriormente es que hay una gran diferencia entre la cantidad de neuronas que encuentras en un primate o en un cerebro no primate del mismo tamaño", sostiene Herculano-Houzel.

Jessica Perry Hekman, genetista veterinaria en el MIT y el Broad Institute de Harvard, remarca que hay una serie de razones por las que hay que ser cauteloso al interpretar los resultados del estudio. Por un lado, el vínculo entre el número de neuronas y la inteligencia no está probado.

"Lo cual no quiere decir que esté mal pero definitivamente es algo con lo que están empezando a recopilar información", explica el genetista.

El estudio también tuvo un tamaño de muestra bastante pequeño. Con la excepción de los perros, que contribuyeron con dos cerebros para el estudio, cada una de las otras especies estaba representada por un solo cerebro (los cerebros buenos son difíciles de conseguir, según Hekman).

(Max Pixel)
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La comparación del estudio de animales domesticados, salvajes y de zoológico también podría tener una influencia importante en los resultados. Los investigadores han descubierto que la experiencia afecta al desarrollo cerebral, especialmente en los primeros años de vida: las ratas criadas en corrales con mucho enriquecimiento, como juguetes o territorio complicado para explorar, desarrollan más sinapsis o conexiones entre neuronas que las ratas criadas en jaulas estériles. Por lo tanto, es posible que la historia de vida de la hiena o la mangosta analizadas desempeñan un papel en la anatomía de su cerebro. Hekman cree que el número de sinapsis de un animal, en lugar de neuronas, podría ser una medida más precisa de su inteligencia.

Pero el mayor problema, y el que tanto Hekman como Herculano-Houzel están tratando de resolver, es que la inteligencia es un hueso duro de roer. Cada especie tiene habilidades y desafíos distintos.

"Ni siquiera estoy realmente seguro de que deberíamos llamar a la inteligencia un rasgo. Son muchas cosas diferentes", comenta Hekman.

Incluso si este documento no es la guía definitiva para la inteligencia animal, revela algunos datos interesantes. Por ejemplo, ¿por qué los carnívoros más grandes como el león y el oso tienen menos neuronas de las que esperaríamos para los animales de su tamaño?

Según Herculano-Houzel, no es que los depredadores más grandes se salgan con la suya siendo estúpidos. Al comienzo del estudio, ella y su equipo supusieron que los depredadores tendrían significativamente más neuronas que la presa que cazaban, porque pensaban que la caza es una forma de vida más desafiante. La mayoría de las cacerías de los leones terminan en fracaso, por ejemplo, y cada día es una batalla para consumir suficientes calorías para llegar a la siguiente matanza. Un ñu, por otro lado, puede llenarse de plantas en su tiempo libre y formar manadas grandes que minimizan sus posibilidades de convertirse en un almuerzo de leones.

(Skitter Photo)
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En cambio, el equipo descubrió que los leones y las hienas tenían rangos similares de neuronas como animales de presa de tamaño relativo, como el blesbok y el kudu.

Pero ¿no tendría sentido para la evolución producir depredadores cada vez más inteligentes, cuya astucia se traduciría en atrapar más presas? Bueno, sí, pero incluso la evolución tiene que funcionar con un presupuesto.

"Las neuronas, especialmente las de la corteza cerebral, son extremadamente costosas en términos energéticos. Hay un punto en el que no puedes permitirte tanto un cuerpo enorme como una gran cantidad de neuronas", remarca.

La ciencia en comparar animales todavía está evolucionando y Herculano-Houzel subraya que sería genial incorporar de manera consistente la información neuronal con estudios de comportamiento. También sería valioso contar las neuronas de muchos cerebros de la misma especie para obtener un mejor rango, tal y como sugiere Hekman. El conteo de neuronas de perro provino de solo dos animales, una raza mixta y un Golden retriever. ¿Quién sabe qué tipo de diferencias se pueden encontrar entre chihuahas, mastines y corgis?

Por el momento, parece que el jurado todavía está deliberando sobre si los perros o los gatos son más inteligentes, no es que unos pocos millones de neuronas cambien la mente del dueño de una mascota.

Ahora, ¿quién quiere comenzar a incorporar a un mapache en su equipo?