Con motivo de su debut en EE. UU., la artista afrocanadiense Esmaa Mohamoud habla sobre fluidez de género y sobre por qué las instituciones artísticas necesitan más diversidad.

"La mayoría de la gente, cuando ve mis obras, da por sentado que soy un hombre", dice Esmaa Mohamoud pensativa cuando nos encontramos en la feria de arte NADA, en Miami, donde recientemente mostró su obra por primera vez en EE. UU. "Mi perspectiva procede de mi propia masculinidad. Aunque soy una mujer, también soy masculina".

A sus 25 años, esta artista residente en Toronto ha llegado rápidamente a la primera línea de la escena canadiense del arte contemporáneo con sus evocadoras instalaciones multimedia que giran en torno a la intersección de la raza, el género y el deporte de élite. Sus esculturas de balones de baloncesto realizadas con cemento, en conversación con su sofisticada fotografía basada en performances, impulsan narrativas ambivalentes en torno a la identidad negra, desafiando su iconografía actual, creada por los medios de comunicación. "Me interesa cómo interpretamos el género dentro de la raza", dice la artista, que menciona a David Hammons y a Richard Serra como sus mayores inspiraciones. "Y he estado empleando el mundo del deporte como forma de adentrarme en este concepto".

La cultura del deporte desempeñó un papel importante durante los años de formación de Esmaa. La describe como un "lugar de comunidad". Pero conforme se fue haciendo mayor y vio que sus amigos (sobre todo chicos) obtenían becas universitarias para jugar al baloncesto o al fútbol, se dio cuenta de cómo pueden funcionar las políticas del deporte y la educación en Norteamérica: "Sin esas oportunidades que les brindaba el deporte no habrían podido acceder [a la educación] después de secundaria", explica. "Aquella era una realidad aterradora para muchos jóvenes negros".

Para su serie multimedia One of the Boys, Esmaa reclutó a dos modelos para que llevaran una vestimenta híbrida (diseñada en colaboración con el artista Qendrim Hoti) creada a partir de una camiseta de baloncesto que se transforma en un llamativo y abultado traje de noche de cintura para abajo. Dos de las fotografías resultantes (que se expusieron en Miami) muestran a un modelo negro visto desde atrás. Esmaa me explica que la modelo que lleva el vestido púrpura es una mujer, cuando doy por hecho incorrectamente que ambos son hombres. "Ese es en parte el motivo por el que están fotografiados en esta posición", explica la artista, "para que juegues con la ambigüedad de género y con la presuposición de quién se mueve en cada uno de esos reinos".

Cuando le pregunto quiénes son los modelos, sonríe: "En realidad fue bastante difícil encontrar un hombre negro dispuesto a ponerse un vestido", admite. Tras preguntar a una docena de personas ―incluyendo a otros artistas, que no se mostraron nada dispuestos― el hermano pequeño de una de sus amigas finalmente accedió a asumir la tarea. "Creo que esta obra es relevante ahora mismo, porque la masculinidad de los hombres negros es tan frágil que simplemente llevar una prenda de ropa supone un problema para muchos de ellos", afirma, explicando que estaba tan interesada en mantener esas conversaciones como en crear su obra final.

Esmaa comprendió la fluidez a una edad muy temprana. Pero siendo la única niña de cinco hermanos nacida de padres inmigrantes con una mentalidad bastante tradicional, su percepción de género no siempre coincidió con las expectativas familiares. De hecho, el título de su serie de fotografías, One of the Boys (Uno de los chicos), hace referencia a un recuerdo de sus primeros años de la infancia: cuando su madre le pidió que se pusiera un vestido antes de salir afuera a jugar, la respuesta natural de Esmaa fue ponerse un jersey por encima del vestido. Su madre, nada impresionada, le dijo entonces que ella no era "uno de los chicos".

"Encuentro que aquí, en Norteamérica, el género es mucho más fluido", dice la artista, que se crio en London, Ontario. "Realmente nunca sentí que tuviera que presentarme como una mujer o como un hombre".

Mientras Canadá celebra su 150º aniversario este año, el discurso en torno a la identidad cultural ―especialmente en el contexto de la reconciliación― continúa generando debate a nivel nacional. Durante el verano, mientras el Príncipe Carlos recorría Gatineau en un carruaje tirado por caballos durante una ceremonia oficial, un grupo de manifestantes indígenas montó un tipi en el exterior de Parliament Hill, en Ottawa, como representación de lo que ellos describieron como una reocupación.

El sector cultural tampoco ha escapado a la tensión. En septiembre de este año, el comisario de la Art Gallery de Ontario, Andrew Hunter, dimitió como protesta contra lo que describió como "una historia profundamente problemática y divisiva definida por la exclusión y la eliminación" de la que, según él, estaba cargada la institución. Sus declaraciones supusieron toda una bomba ya que llegaban poco después de que la AG de Ontario hubiera lanzado Every. Now. Then: Reframing Nationhood, una especie de exposición grupal contraria al 150º aniversario que observaba las historias nacionales alternativas de Canadá y en la que se incluía la obra de Esmaa. (Poco después de que Hunter se fuera, el museo anunció la designación de su primer comisario indígena).

"Es necesario que se incluyan múltiples voces, incluso para debatir experiencias colectivas compartidas entre grupos culturales", afirma Esmaa, reflexionando sobre la representación de los grupos minoritarios dentro de las instituciones. El año que viene formará parte de la exposición grupal en el Real Museo de Ontario Here We Are Here, que celebra la obra de siete artistas afrocanadienses contemporáneos. "Encuentro que la diversidad de identidades negras dentro de esta exposición es muy inspiradora", indica, describiendo la obra que está creando como una escultura performativa afrocéntrica inspirada en el fútbol, que hace referencia al gesto de "arrodillarse" que hacen los jugadores de la NFL.

En Miami, su obra fue expuesta conjuntamente con las fotografías impresas en seda de John Edmonds, que muestran a jóvenes negros llevando bandanas de nylon tipo do-rag. Edmonds solo es unos años mayor que Esmaa y también forma parte de una generación de artistas jóvenes interesados en tratar el significado iconográfico del cuerpo de las personas negras, junto con Tschabalala Self y Diamond Stingily. Pero Esmaa se muestra cautelosa con respecto a cómo se desarrolla la visibilidad institucional: "A veces tengo la sensación de que se convierte en una muestra simbólica de artistas contemporáneos negros organizada tan solo para cubrir el expediente", dice. Y además, pide que los artistas sean más conscientes de cómo funcionan las instituciones: "Lo que encuentro tan fascinante de la identidad negra es que se trata de una multiplicidad y no de un monolito. La responsabilidad recae en la institución, que elige representar una visión monolítica, pero también en el artista. No solo en el uno o en el otro".

Publicado originalmente en VICE.com