La contienda para elegir al próximo líder de la ONU se ha vuelto caótica

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La elección para reemplazar a António Guterres como secretario general de la ONU se ha visto sacudida por aspirantes de último minuto y profundas divisiones entre los miembros del Consejo de Seguridad.

Angustia. Confusión. Un sinfín de conjeturas. Ese ha sido el ambiente en la Organización de Naciones Unidas en las últimas semanas, mientras las potencias mundiales han deliberado a puerta cerrada sobre quién será el próximo secretario general.

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Durante 80 años, el puesto ha recaído en el clásico hombre gris: un diplomático de democracias como Suecia, Corea del Sur y, más recientemente, Portugal.

Los tiempos han cambiado.

La contienda más reciente ha enfrentado a dos candidatos respaldados por rivales regionales --Turquía y los Emiratos Árabes Unidos-- junto a un diplomático apoyado por el líder de derecha de Argentina, Javier Milei, así como a otros cuatro diplomáticos de América Latina.

Otros participantes aún podrían sumarse a la contienda. El exlíder autoritario de Hungría, Viktor Orban, incluso fue propuesto como contendiente en un editorial de The Wall Street Journal. Y es posible que el actual secretario general, António Guterres, de 77 años, quien deja el cargo a finales de año tras dos mandatos, se retire sin que se haya elegido a un sucesor.

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En los 80 años de historia del organismo mundial, eso nunca ha sucedido.

Teniendo en cuenta lo castigada que ha estado la Organización de Naciones Unidas por las crisis --las guerras en Ucrania y Gaza, el cambio climático y el alarmante crecimiento de la inteligencia artificial--, resulta notable que alguien aspire al puesto más alto, y que haya tanta agitación al respecto.

El presidente Donald Trump ha atacado reiteradamente a la organización, se ha retirado de numerosos acuerdos de la ONU y ha desmantelado el financiamiento de la organización. Aun así, al menos en teoría, es el secretario general quien establece la agenda de la ONU e incita a las potencias mundiales a trabajar juntas para promover la paz mundial.

La contienda de este año por el cargo se vio sacudida por dos aspirantes de último minuto.

Lana Nusseibeh, la poderosa exenviada de los Emiratos Árabes Unidos ante la ONU, se unió a la contienda en octubre, lo cual provocó indignación por los informes de que su país ha apoyado a rebeldes acusados de atrocidades en Sudán. Luego, el rival regional de los Emiratos, Turquía, nominó a su propio candidato: Feridun Sinirlioğlu, el jefe de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, un organismo de la Organización de Naciones Unidas.

La agitación ha abierto de par en par el panorama y echó por tierra las esperanzas de que un funcionario latinoamericano obtuviera el puesto, de acuerdo con un pacto informal de rotación regional en el cargo, o que una mujer finalmente tomara las riendas (los nueve secretarios generales han sido hombres).

"Este es territorio no explorado", dijo Daniel Safran-Hon, un exmiembro del personal de la Organización de Naciones Unidas que ahora es investigador no residente en el Instituto Internacional de la Paz, una organización de investigación en Nueva York. "Simplemente, nunca ha habido una contienda tan caótica por la secretaría general de la ONU".

Tampoco se había vivido nunca un momento más caótico en el organismo mundial.

El presupuesto general de la ONU tiene pagos atrasados por 6,5 millardos de dólares, impulsado en gran medida por los recortes de financiamiento del gobierno de Trump. Su reputación ha sido duramente golpeada por su incapacidad para negociar la paz en cualquiera de las zonas de guerra del mundo, incluyendo Sudán, Siria y Gaza. La moral entre el personal de la ONU se encuentra por los suelos, según varios empleados actuales y antiguos. Miles de puestos de trabajo han sido eliminados.

El Consejo de Seguridad de la ONU es responsable de elegir al próximo secretario general. Pero las relaciones entre sus países miembros, especialmente sus cinco miembros permanentes con poder de veto --el Reino Unido, China, Francia, Rusia y Estados Unidos--, van desde la desconfianza hasta ser pésimas.

Para complicar las cosas, la postura de Trump no está clara. Sus prioridades están moldeadas por asesores de política exterior contrapuestos que ahora se enfocan en la guerra con Irán. Su embajador ante la Organización de Naciones Unidas, Michael Waltz, asumió el cargo solo después de renunciar como asesor de seguridad nacional, tras informes de que había compartido información militar confidencial con un periodista.

Algunos candidatos a secretario general, incluido Rafael Grossi, son vistos como cercanos a Estados Unidos. Grossi, un argentino, lidera el organismo de control nuclear de la ONU, el Organismo Internacional de Energía Atómica, y sus partidarios en Washington son conocidos en algunos círculos de la ONU como los "Grossi bros".

Otros, como Rebeca Grynspan, una diplomática costarricense que encabeza el organismo de comercio de la ONU y ayudó a negociar un efímero acuerdo comercial de granos en el mar Negro, son vistos como demasiado reacios a sacudir la agencia lo suficiente como para complacer al gobierno de Trump.

Nusseibeh también es vista como cercana a Washington y Moscú, pero, en última instancia, demasiado unida al gobierno autoritario de los Emiratos Árabes Unidos.

Además, China ha dejado claro que favorece a un secretario general latinoamericano, aunque no ha dicho a quién.

"Demuestra lo profundamente divididos que están los miembros del Consejo de Seguridad", dijo Robert A. Wood, un exdiplomático estadounidense en la misión de Estados Unidos ante la Organización de Naciones Unidas. "Se ve en los principales temas de política exterior de los que se ocupa el Consejo. Ahora se ve en la contienda por la secretaría general".

(La última gran crisis de sucesión se produjo en 1961. Tras la muerte del secretario general Dag Hammarskjöld en un accidente aéreo, la organización fue dirigida por un secretario general interino. Pero no sin que antes Moscú propusiera una troika que representara a la Unión Soviética, a Occidente y a los países no alineados).

El Consejo de Seguridad trata de elegir al próximo jefe de la ONU mediante una serie de "votos de sondeo", o votaciones informales. Nadie sabe por quién votaron los demás, pero han surgido indicios de las deliberaciones.

El sondeo más reciente, el octavo, se llevó a cabo el jueves por la tarde, y a Nusseibeh no le fue bien: según Security Council Report, una publicación independiente, seis de los 15 miembros del Consejo votaron en contra de su candidatura. A Sinirlioğlu le fue peor. Ninguno de los dos se retiró. Grynspan quedó en primer lugar, con 12 de los miembros del Consejo que apoyan su candidatura y tres que dijeron que no lo hacían.

¿Pero cuáles tres? ¿Y acaso incluían a alguno de los cinco miembros permanentes? ¿Qué tipo de intercambio de favores sería necesario? ¿Afectarían las elecciones intermedias en Estados Unidos la postura estadounidense?

Todo seguía sin estar claro, lo cual solo ha llevado a más especulaciones y más ansiedad.

"Hay una sensación generalizada de que en un momento en que la Organización de Naciones Unidas necesita con urgencia un liderazgo muy fuerte", dijo Richard Gowan, analista del International Crisis Group, "es posible que no consiga el liderazgo que necesita".

Somini Sengupta es la reportera internacional del equipo climático del Times.

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