
Un nuevo estudio indicó que el género de las personas, así como su estilo de apego, desempeña un papel en lo que los abrazos significan para ellas.
¿Puedes recordar la última vez que recibiste un abrazo especialmente bueno?
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Para Anna Lena Dueren, una psicóloga en Alemania, fue el día en que su madre murió. Tenía 19 años cuando recibió una llamada de su padre dándole la noticia. En estado de conmoción, se lo confió a una amiga, quien la abrazó de inmediato.
"Me abrazó durante un buen rato", dijo Dueren. El abrazo fue "supersignificativo", añadió, y aún es un recuerdo vívido más de 10 años después.
Ahora, Dueren y sus colegas han publicado un estudio que analiza la manera en que las personas recuerdan y perciben los abrazos. A partir de una amplia encuesta, analizaron las respuestas de más de 15.000 personas a las que se les preguntó sobre los aspectos positivos de los abrazos memorables, como el consuelo, la amabilidad o la felicidad. El estudio indicó que el género de las personas, así como su estilo de apego --o cómo se relacionan con otras personas en el contexto de las relaciones, según la teoría del apego--, desempeña un papel en lo que los abrazos significan para ellas.
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"La percepción de los abrazos es increíblemente compleja", dijo Dueren. Tus sentimientos sobre recibir un abrazo pueden verse influenciados por una variedad de factores, incluidas las experiencias que has tenido en relaciones pasadas, las formas en que te han tocado físicamente en el pasado y tu relación con tu cuerpo.
En el estudio, que fue publicado recientemente en la revista científica PLOS One, casi el 70 por ciento de los encuestados fue capaz de recordar un abrazo que los dejó con sentimientos positivos, la mayoría de las veces porque el abrazo les ofreció consuelo, apoyo o comprensión.
Los participantes de la encuesta completaron un cuestionario que midió su estilo de apego. Aquellos que obtuvieron una puntuación más alta en lo que los psicólogos denominan un estilo de apego evitativo --que muestran independencia y autosuficiencia en sus relaciones interpersonales-- tenían menos probabilidades de recordar abrazos que los dejaron con emociones positivas que aquellos que obtuvieron una puntuación más baja en esa escala. Aquellos que tenían un llamado estilo de apego ansioso --que muestran una tendencia a sentir angustia ante la perspectiva de la separación-- tenían una mayor probabilidad de recordar un abrazo positivo. (El cuestionario no evaluó a aquellos con un estilo de apego seguro).
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Gail Saltz, una psiquiatra del Hospital NewYork-Presbyterian, que no participó en el estudio, dijo que los resultados tenían sentido dado lo que sabemos sobre los estilos de apego.
Para aquellos con apego ansioso, que tienden a anhelar una reafirmación adicional, los abrazos podrían ser "exactamente lo que buscan", dijo Saltz. "Es una señal que reduciría su ansiedad".
Sin embargo, aquellos con estilos de apego evitativo podrían sentirse asustados o incómodos ante la perspectiva de la intimidad, dijo. Para ellos, los abrazos podrían provocar la sensación de "ser asfixiados", en lugar de consolados o apoyados.
Entre todas las posibles razones para recordar un abrazo, la "excitación" fue mencionada con menor frecuencia por los participantes del estudio, que eran en su mayoría mujeres. Los hombres encuestados tenían más probabilidades que las mujeres de recordar abrazos porque les resultaron físicamente excitantes. La encuesta no especificó si la excitación era de naturaleza sexual.
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Dueren y sus colegas analizaron datos del Touch Test, una encuesta a nivel mundial que exploró las actitudes sobre el contacto físico. Los investigadores incluyeron solo a sujetos que vivían en el Reino Unido y que no tenían problemas de salud crónicos. Los participantes en la encuesta del Touch Test fueron reclutados a través de programas de radiodifusión pública y otros medios de comunicación, por lo que la muestra de encuestados podría haber estado particularmente interesada en el contacto físico.
La falta de diversidad geográfica y el hecho de que los participantes hayan sido autoseleccionados presentaban limitaciones en la investigación, decía el estudio. Además, más del 70 por ciento de los que respondieron eran mujeres, lo que podría haber sesgado los resultados.
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Otras investigaciones han demostrado que a las personas que muestran estilos de apego evitativo parece no gustarles el contacto físico lento y que acaricia ni acurrucarse. Pero algunos estudios sugieren que experimentar contacto físico está correlacionado con un mejor bienestar, independientemente del estilo de apego.
Se sabe que el contacto físico tiene numerosos beneficios para la salud. Hay menos investigaciones específicamente sobre los abrazos, pero algunos estudios han demostrado que pueden ayudar a reducir el estrés, mejorar el estado de ánimo y disminuir los marcadores de inflamación.
Brooke C. Feeney, una profesora de psicología de la Universidad Carnegie Mellon que no participó en el estudio de Dueren, ha descubierto en su investigación que el contacto afectuoso fomenta los sentimientos de seguridad y protección, reduce el estrés y el dolor, e incluso podría disminuir la cantidad de celos que alguien siente en una relación.
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"Curiosamente, encontramos beneficios tanto para el contacto imaginado como para el contacto real", dijo Feeney, en referencia al proceso de pedir a los participantes del estudio que visualizaran recibir un contacto afectuoso y de apoyo.
El autocontacto también es saludable, dijo Tiffany Field, una profesora de los departamentos de pediatría y psiquiatría de la Universidad de Miami, quien ha investigado el contacto físico durante décadas.
Los estudios han demostrado que "cepillar" tu piel o masajearte usando las manos o los codos puede estimular los receptores de presión de la piel, lo que inicia una "cascada" de efectos físicos y mentales beneficiosos, dijo Field.
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"Todo el mundo necesita una dosis diaria de contacto físico", añadió.
Christina Caron es reportera del Times y cubre salud mental.
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