
El contingente salvadoreño en la fuerza respaldada por la ONU es ahora el punto focal de una operación de rescate de alto riesgo después de que cuatro de sus miembros fueran emboscados y desaparecieran.
El cielo sobre los barrios marginales y las colinas de Puerto Príncipe resuena con el zumbido de los helicópteros.
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Algunos de ellos están tripulados por un equipo de soldados, médicos y técnicos salvadoreños que vuelan con ametralladoras listas en caso de que les disparen.
Los salvadoreños están desplegados en Haití como parte de una misión internacional llamada Fuerza de Supresión de Pandillas, cuyo objetivo es erradicar la violencia desenfrenada de las pandillas. A menudo están encargados de evacuar a los heridos y transportar soldados sobre territorio de pandillas, y volaron una vez a través del país para recoger a un soldado de Sri Lanka que se había roto las piernas.
El contingente salvadoreño en la fuerza respaldada por la ONU es ahora el punto focal de una operación de rescate de alto riesgo después de que cuatro de sus miembros fueran emboscados el domingo y desaparecieran. Se espera que cientos de miembros de las fuerzas especiales salvadoreñas lleguen a Haití en los próximos días, según una persona familiarizada con el asunto que no estaba autorizada para hablar públicamente.
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El episodio marca un punto crítico en el despliegue de la Fuerza de Supresión de Pandillas, e intensifica rápidamente lo que a los críticos les preocupaba que fuera un comienzo lento y decepcionante de la misión. El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, advirtió sobre una respuesta militar severa si sus soldados no son devueltos con vida, lo que amenaza con convertir la misión respaldada por la ONU en un enfrentamiento entre los grupos armados de Haití y el polémico líder de El Salvador.
Por primera vez, la Fuerza de Supresión de Pandillas, que cuenta con pocos elementos y es conocida como GSF por su sigla en inglés, está llevando a cabo operaciones en Croix-des-Bouquets, una ciudad en las afueras de la capital donde los salvadoreños fueron secuestrados, la cual es uno de los bastiones de pandillas más arraigados del país.
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"Creo que esta es una llamada de atención", dijo Louis-Henri Mars, asesor principal del Instituto de Investigación y Acción para la Paz, una organización de consolidación de la paz en Puerto Príncipe, la capital. "Una llamada de atención para la comunidad internacional, para Estados Unidos, para todos: 'Oigan, hemos estado perdiendo el tiempo aquí y esos tipos no están perdiendo el tiempo. Entremos en acción'".
The New York Times pasó tres días el mes pasado con la fuerza internacional, incluida la unidad de helicópteros salvadoreña. Las tropas de un contingente chadiano realizaron patrullas en vehículos blindados de transporte de personal. El comandante de la misión internacional es de Mongolia.
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Pero la fuerza se ha visto obstaculizada por despliegues tardíos y problemas logísticos, que según los expertos han llevado a las pandillas a recibir la llegada de la misión con una indiferencia colectiva.
Las pandillas de Haití controlan muchas partes de Puerto Príncipe, lo que ha obligado a los residentes a huir de algunos vecindarios que se han convertido en tierras de nadie. En otros, las pandillas están tan arraigadas que ni siquiera la policía se atreve a entrar.
Más de 22.000 personas han muerto en una espiral de violencia de pandillas que empeoró desde el asesinato del presidente de Haití hace cinco años; más de 5000 han muerto solo en lo que va de este año. Las pandillas, antes controladas por poderosas élites y políticos, superaron a sus supervisores y se unieron y tomaron el control de carreteras principales y comunidades enteras.
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Al recorrer una antigua escuela que la GSF había despejado de pandillas, el mayor Tahir Bahar, del Chad, reconoció que sus tropas enfrentaban una curva de aprendizaje pronunciada: están acostumbradas a los desiertos, no a los terrenos urbanos con poco espacio.
Las expectativas de los haitianos son altas, pero prometió mejoras.
"Quieren resultados", dijo Bahar. "Debemos hacerlo. No puedo prometer un cronograma".
La capacidad de Haití para mantener las áreas despejadas sigue siendo un obstáculo crítico para los resultados a largo plazo, incluidas las elecciones que se habían programado para diciembre, que muchos aquí consideran un objetivo extremadamente poco realista. La escuela, en el barrio de Tabarre de Puerto Príncipe, se encuentra en un área tan peligrosa que todavía carece de residentes y servicios básicos.
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"Necesitamos que alguien entre después de nosotros", dijo Bahar. "Los civiles quieren regresar. Necesitan electricidad y necesitan escuelas. Nosotros no podemos traer electricidad".
La GSF llegó en abril con el mandato de llevar la lucha a las pandillas y recuperar el control. A diferencia de una iniciativa internacional anterior conocida como la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad, sería cinco veces más grande, llevaría a cabo operaciones guiadas por inteligencia, tendría facultades de arresto y trabajaría de forma independiente sin tener que coordinarse con la Policía Nacional de Haití.
También está financiada por contribuciones a un fondo fiduciario exclusivo de la ONU. Se espera que cueste alrededor de 400 millones de dólares al año, y el fondo ha recibido 194 millones de dólares, según los registros de la ONU.
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Se supone que la misión debe contar con 5500 soldados, con contribuciones de países de todo el mundo. Seis meses después, apenas recientemente alcanzó los 2000 efectivos, provenientes de seis naciones.
Las contribuciones de tropas se han retrasado, y el traslado de personas, vehículos y equipo por todo el mundo ha resultado ser un desafío.
La fuerza internacional ha despejado los controles de carreteras de las pandillas, ha incautado armas y realiza patrullas regularmente en el centro de Puerto Príncipe, con lo que la Policía Nacional de Haití queda libre para responder a brotes graves de violencia.
Pero de los 26 arrestos que ha realizado la fuerza desde su llegada, 18 personas fueron liberadas por falta de evidencias. En una ciudad, Gros-Morne, las pandillas mataron a civiles en represalia por las operaciones de la GSF.
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"Tenemos un largo camino por recorrer, lo reconocemos totalmente", dijo Jack Christofides, el representante especial de la fuerza, en una entrevista el mes pasado. "No creo que las pandillas puedan sostener una lucha contra soldados profesionales que provienen de tantos países diferentes. Tenemos capacidades reales en camino: no solo infantería, sino policía; tenemos una unidad marítima, tenemos una unidad aérea".
La misión debería tener a la mayor parte de sus fuerzas en el terreno para fines de este año y estar logrando más avances a principios del próximo, dijo.
"No estamos diciendo que en dos años no habrá pandillas en Haití", dijo. "Lo que estamos diciendo es que en dos años el Estado haitiano ya no necesitará una fuerza internacional como la nuestra, porque podrá encargarse de su propia seguridad y, eventualmente, estabilizar la situación".
Por sus publicaciones en redes sociales, no parece que el presidente Bukele planee esperar tanto tiempo. En un mensaje escrito en criollo dirigido a los pandilleros haitianos que secuestraron a los cuatro salvadoreños, advirtió que las operaciones militares solo se volverán más intensas.
"Ya terminamos con las pandillas en El Salvador, y también podemos terminar con ustedes", escribió.
Bukele, que ha estado en el cargo desde 2019, es tanto elogiado como criticado por una dura represión contra las pandillas salvadoreñas que puso a decenas de miles de personas en prisión. El Salvador solía ser uno de los países más peligrosos del mundo; ahora está entre los más seguros.
Los técnicos de El Salvador desaparecieron el domingo tras ser atacados mientras regresaban de un supermercado a través de un área controlada por pandillas. Su vehículo fue hallado quemado, pero desde entonces no se ha sabido nada de los cuatro salvadoreños.
Aunque la atención se enfoca en encontrarlos, el episodio ha planteado serias dudas sobre qué hacían conduciendo por una zona que muchos consideran "prohibida" para los extranjeros e incluso para la mayoría de los haitianos. Si bien el incidente está siendo tratado como un secuestro, muchos expertos temen que los hombres hayan sido ejecutados.
El jueves, Lanmò Sanjou, un líder pandillero en el área donde se llevaron a los salvadoreños, publicó un video en el que se refiere a Bukele y muestra baldes llenos de balas.
"Lucharemos por mantenernos con vida", dijo.
Gédéon Jean, el director del Centro de Análisis e Investigación en Derechos Humanos en Puerto Príncipe, dijo que Haití necesitaba una fuerza internacional para ayudar a reforzar a la policía local, pero que eso requiere de recursos tecnológicos y humanos adecuados.
"Desafortunadamente, este todavía no es el caso, aunque los esfuerzos son encomiables", dijo Jean. "Aún estamos esperando un despliegue total y completo, y especialmente resultados tangibles".
La emboscada a los cuatro salvadoreños será un punto de inflexión para la misión internacional, dijo.
"La desaparición de los cuatro salvadoreños cambia la situación", dijo, "porque ahora la GSF es víctima de la violencia de las pandillas".
André Paultre y Michael Anthony Adams colaboraron con la reportería.
Frances Robles es una reportera del Times que cubre América Latina y el Caribe. Lleva más de 25 años informando sobre la región.
André Paultre y Michael Anthony Adams colaboraron con la reportería.
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