Dudamel aterriza en Nueva York con grandes ambiciones y una agenda repleta

Reportajes Especiales - Lifestyle

Imagen A3J46YFUDRGK5NSXMMIFMTB3GA
Guardar

"Este no es un trabajo, es una misión", dijo el nuevo director de la Filarmónica de Nueva York, al iniciar un mes de presentaciones antes de llevar a la orquesta a una gira europea.

Con brillantes tenis blancos y una bolsa de tela de la Filarmónica de Nueva York, Gustavo Dudamel salió de una camioneta negra en el Lincoln Center en la mañana del Día del Trabajo y se dirigió a la puerta del escenario del David Geffen Hall. Este era su primer día de trabajo, sin importar que pareciera estar por todo Nueva York durante el año pasado.

PUBLICIDAD

"Aquí estamos", dijo mientras cruzaba la puerta abierta, pasando junto a los músicos que llegaban para el ensayo. "Vamos". Dudamel, el nuevo director musical y artístico de la filarmónica, tomó un elevador al piso de arriba para inspeccionar su nueva oficina, antes de dirigirse a un día de ensayos con continuas pausas y arranques de la Quinta Sinfonía de Mahler y la Sinfonía n.º 5 de Prokofiev.

Hace menos de un mes, Dudamel fue el centro de cuatro noches consecutivas de celebraciones de despedida en el Hollywood Bowl que captaron las influencias musicales que moldearon sus 17 años al frente de la Filarmónica de Los Ángeles: música clásica, pero también latina, rock, pop y bandas sonoras de películas. Se presentó con el bajo-barítono Ryan Speedo Green (noche de apertura) y el fundador de Coldplay, Chris Martin (noche de clausura). Hubo participaciones de Los Tigres del Norte, Foo Fighters, Natalia Lafourcade y Beck. Una de esas noches, casi todo el concierto se cantó y habló en español.

PUBLICIDAD

Y sí, hubo fuegos artificiales.

En esa desierta mañana del Día del Trabajo, Dudamel comenzó una llegada no menos elaborada a la costa este. Dirigirá 14 conciertos en tres salas durante las próximas tres semanas antes de llevar a la orquesta a su primera gira europea en una década. Es una llegada meticulosamente coreografiada en su programación (más de 30 obras musicales, incluidos tres estrenos mundiales) y en su elección de artistas invitados (un elenco que incluye a Yo-Yo Ma, St. Vincent y Aaron Tveit). Y señala que Dudamel se está moviendo con rapidez para dejar su huella en la Filarmónica de Nueva York y en la música clásica en general.

"Este no es un trabajo, es una misión", dijo Dudamel durante una entrevista en su oficina. "Es importante abrir las puertas y empezar a conectar con la gente. Sé que a veces la gente entra en pánico: ¿Dónde está Brahms? ¿Qué es todo esto?".

"Pero mira, estoy empezando esto como un viaje", continuó. "Tendremos la oportunidad de desarrollar el repertorio principal, lo cual es crucial, pero también de ser flexibles y estar abiertos a hacer estas cosas maravillosas con grandes artistas de otros campos y de otros estilos. Para mí, esto no ha sido algo incómodo. Nunca".

Sin embargo, a pesar de todo el interés que ha recibido su llegada --es difícil caminar por la calle en Midtown sin ver su rostro en un cartel--, Dudamel, de 45 años, enfrenta desafíos en esta ciudad que no tuvo en Los Ángeles. Con sus exigentes públicos y críticos, y su gran reserva de instituciones artísticas, Nueva York es un entorno musical más duro. Competirá por patrocinadores y atención, ya sea con el Carnegie Hall o al otro lado de la plaza del Lincoln Center en la Ópera Metropolitana. Y asume la dirección de la Filarmónica en un momento en que el interés por la música clásica está disminuyendo en la ciudad y en todo el país.

"Es difícil impresionar a la comunidad cultural de Nueva York porque la gente cree que lo ha visto y oído todo", dijo Darren Walker, exdirector de la Fundación Ford que también fue miembro de la junta directiva del Lincoln Center. "Nueva York, sin duda, tiene el panorama cultural más vibrante de Estados Unidos y posiblemente del mundo. Ese es el contexto al que está llegando".

"Dicho esto, Gustavo Dudamel es un tesoro raro: es un unicornio", agregó Walker, quien vive en Nueva York y Los Ángeles. "No había habido tanta emoción y anticipación por una temporada en la Filarmónica desde Bernstein".

Ha pasado mucho tiempo desde que una figura cultural llegó a Nueva York generando tal ola de atención y altas expectativas. No importa cómo expanda la idea de lo que puede ser una orquesta moderna, los fanáticos de la música clásica esperan que Dudamel rejuvenezca un estilo de música que alguna vez estuvo tan arraigado en la sociedad que aparecía regularmente en las caricaturas de Bugs Bunny y en The Ed Sullivan Show. Ahora, a menudo se le descarta como algo elitista o anticuado.

"Todo este peso está cayendo sobre sus hombros", dijo en una entrevista Alec Baldwin, el actor que presenta The New York Philharmonic This Week en WQXR. "El Dudamel que llega aquí sabe lo importante que es esto. Sabe lo que la gente espera. Sabe lo que está en juego".

Dudamel ya parece haber captado la atención del público que compra boletos. Cuando llevó a la orquesta a tocar con la Spanish Harlem Orchestra en el teatro United Palace en mayo, casi dos tercios del público compraban boletos de la Filarmónica por primera vez. Los ingresos por boletos para esta temporada han aumentado un 8 por ciento en comparación con esta época el año pasado; y las ventas de suscripciones han superado los 12 millones de dólares, un récord.

"No solo es la llegada de un nuevo director musical; es la extraordinaria nueva música, la nueva sala", dijo Matías Tarnopolsky, presidente y director ejecutivo de la Filarmónica, en referencia al renovado Geffen Hall. "Es un mundo nuevo en comparación con lo que teníamos antes".

En Los Ángeles, Dudamel demostró que se sentía cómodo moviéndose por diferentes círculos sociales y profesionales, desde compositores hasta celebridades, políticos y donantes adinerados. Entre sus amigos se cuenta el compositor John Adams, cuya obra On the Transmigration of Souls será interpretada por Dudamel en el Geffen Hall este mes; y John Williams, el compositor detrás de Star Wars, quien fue homenajeado en el Hollywood Bowl a principios de este año. Dudamel aparece regularmente junto a algunos de los nombres más importantes del pop y el cine: esta noche en el Radio City Music Hall, se presentará con la cantante y rapera Lizzo en un evento presentado por el actor Liev Schreiber.

Recientemente, Dudamel fue a Londres para grabar un álbum de música clásica escrita por Anthony Hopkins, el actor de 88 años, con la Orquesta Philharmonia.

Hopkins, quien dijo haber conocido a Dudamel a través de su amigo en común Bradley Cooper, dijo que Dudamel estaba ansioso por ayudar y ofreció sugerencias sobre formas de mejorar la pieza mientras se dirigían al estudio.

"Él me sugirió: vamos a ralentizar la pieza", dijo. "Para resaltar toda la melodía. Entrega en eso su cuerpo y su alma. Es un hombre encantador".

En Los Ángeles, a Dudamel se le atribuyó haber tomado una orquesta aclamada y ampliar su atractivo en una ciudad que, al igual que Nueva York, experimentaba un cambio demográfico. Como muestra de esto, los latinos constituyeron una gran mayoría del público en la segunda noche en el Bowl.

Con ese fin, Dudamel dijo que tenía la intención de acabar con la percepción persistente de que las artes clásicas son elitistas. Describió haber visto un video del director de orquesta Bruno Walter de la década de 1960, en el que menospreciaba el jazz y la música dodecafónica. Dudamel argumentó que esto sugería un tipo de intelectualismo que alejaba a posibles nuevos públicos.

En este primer día de ensayo, Dudamel subió al escenario entre los vítores de los músicos, quienes lo habían recibido con abrazos en los pasillos y en el elevador. "Creo que vamos a tener un viaje increíble", dijo en el podio. "Estoy muy emocionado y me siento muy privilegiado. Empecemos el ensayo".

Levantó su batuta y comenzó la Quinta de Mahler, una de las obras favoritas de Dudamel: durante la hora siguiente, cantó, habló en inglés y alemán, recitó historia sobre Mahler y teoría musical, e intentó persuadir a los músicos para que interpretaran la música de la forma en que él la imaginaba.

"Para ser honesto", dijo en un momento dado, sonriendo, "somos hermosos, pero no estamos juntos". Levantó su batuta e hizo que lo volvieran a intentar.

Para el primer descanso, la camiseta de Dudamel estaba manchada de sudor. Mientras estaba de pie entre bastidores y los músicos pasaban a su lado, bajó la mirada hacia su camisa y anunció que iba a cambiarse.

Deborah Borda, quien se ha desempeñado como directora ejecutiva de las Filarmónicas de Nueva York y de Los Ángeles, y reclutó a Dudamel para venir a Nueva York, dijo: "Uno de los grandes placeres de mi vida ha sido ver su desarrollo, verlo convertirse en un líder tan grande". Agregó que la vida sería diferente para él ahora: "Nueva York es el centro del mundo en muchos sentidos, por lo que todo lo que dices es juzgado y muy visible".

Dudamel se enfrenta a adaptaciones en una ciudad definida por su intensidad y competitividad, y llena de grandes personalidades --en las artes y en la política-- que compiten por atención. Cuando estaba en Los Ángeles, contaba entre sus amigos a alcaldes, incluido Antonio Villaraigosa, que solía asistir a las presentaciones; y a Eric Garcetti, que una vez lo acompañó en el escenario en un concierto para tocar el piano en el Walt Disney Concert Hall con Moby.

Por el contrario, Dudamel, en respuesta a una pregunta, dijo que todavía no había sabido nada de Zohran Mamdani, el alcalde de la ciudad de Nueva York, y otro milénial que ha irrumpido en la escena neoyorquina este año.

Aun así, Dudamel dijo que veía a Nueva York como un lugar diferente, más que difícil.

"Esta es la capital del mundo en muchos sentidos", dijo. "Aquí tenemos miles de posibilidades. Hay miles de cosas --miles de metas-- que podemos alcanzar, pero tenemos que ser muy flexibles, muy abiertos, para crear esta historia. Para hacer evolucionar la tradición. No para retroceder".

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD