Ratko Mladic, el 'carnicero de Bosnia', muere a los 83 años

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Uno de los responsables de la masacre más mortífera de Europa desde la Segunda Guerra Mundial, el asesinato de unos 8000 hombres y niños musulmanes en Srebrenica en 1995, murió bajo custodia en La Haya. Tenía 83 años.

Ratko Mladic, el exgeneral serbobosnio cuyas acciones durante las guerras de los Balcanes en la década de 1990 lo llevaron a ser llamado el "carnicero de Bosnia" y a quien se responsabilizó de la masacre más mortífera de Europa desde la Segunda Guerra Mundial, el asesinato de unos 8000 hombres y niños musulmanes en Srebrenica en 1995, murió bajo custodia en La Haya. Tenía 83 años.

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Su muerte fue anunciada el jueves por los medios de comunicación estatales serbios. Las autoridades de La Haya dijeron que murió mientras estaba hospitalizado allí, pero no proporcionaron una causa específica de muerte.

Mladic fue capturado el 26 de mayo de 2011, en un pueblo agrícola al norte de Belgrado, la capital de Serbia, después de casi 16 años como fugitivo, lo que puso fin a una de las persecuciones más largas de la historia moderna. Su condena en 2017 por un tribunal internacional por cargos de genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra marcó el final de un capítulo oscuro y sangriento.

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Al dictar sentencia de cadena perpetua, el juez presidente, Alphons Orie, dijo que los crímenes de Mladic se encontraban "entre los más atroces conocidos por la humanidad". Mladic apeló el veredicto, que fue ratificado en 2021.

Las guerras de los Balcanes estallaron mientras Yugoslavia se dividía en Estados independientes. Slobodan Milosevic, el presidente nacionalista de Serbia, uno de esos Estados, tenía la intención de crear una Gran Serbia. Despertó viejas enemistades étnicas y religiosas y comenzó guerras que enfrentaron a los serbios contra eslovenos, croatas, musulmanes bosnios y los albaneses de Kosovo.

Aproximadamente 100.000 personas murieron durante el conflicto y más de 2,5 millones fueron desplazadas.

Mladic, oficial del Ejército Popular Yugoslavo, un hombre intimidante y de rostro rubicundo, con una voz atronadora, ojos azules penetrantes y una autopercepción grandiosa de sí mismo, lideró el ejército de los serbobosnios a principios de la década de 1990.

En la víspera de la masacre de Srebrenica, prometió vengar la conquista de Serbia, siglos atrás, a manos de los turcos musulmanes otomanos. Durante 10 días, sus soldados persiguieron, capturaron y ejecutaron sumariamente a miles de musulmanes bosnios, formándolos en fila con las manos atadas a la espalda y disparándoles. Las mujeres fueron violadas. Las súplicas internacionales de moderación fueron ignoradas.

Las fuerzas serbias enterraron los restos, los desenterraron nuevamente y los esparcieron en fosas comunes distantes en un esfuerzo organizado por ocultar pruebas condenatorias de crímenes de guerra.

El juicio de Mladic fue de los últimos de alto perfil en el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia en La Haya. El tribunal concluyó sus actividades después de juzgar a casi 100 de los responsables de las atrocidades de las guerras de los Balcanes, incluido el jefe de Mladic, Radovan Karadzic, el líder político de los serbobosnios.

Arrestado en 2008, Karadzic fue condenado en 2016 por cargos casi idénticos a los de Mladic, y su sentencia se extendió a cadena perpetua tres años después.

El arresto de Mladic fue un momento decisivo en el largo esfuerzo de Serbia por deshacerse de su estatus de nación paria. Eliminó un obstáculo importante para la adhesión --aún pendiente-- del país a la Unión Europea, que se había cansado de la negativa de los sucesivos gobiernos serbios a capturarlo.

Cuando finalmente lo localizaron, se encontraba escondido en la casa de un primo y estaba tan desesperado por dinero que una de sus repetidas exigencias era la restitución de su pensión militar congelada.

Durante su juicio, Mladic, quien alguna vez pareció un guerrero aparentemente invencible, en ocasiones parecía reducido a un anciano dócil mientras un testigo tras otro ofrecía un testimonio desgarrador sobre la violencia que había desatado. Su brazo derecho estaba discapacitado por los efectos de al menos dos derrames cerebrales que sufrió mientras era fugitivo, y no podía tomar notas.

Sin embargo, quedaban destellos del general temperamental y dominante. En su primera comparecencia ante el tribunal en junio de 2011, desestimó los cargos en su contra como "repugnantes" y "monstruosos". En otras ocasiones, les gritaba a los jueces.

En una ocasión estuvo ausente de una sesión, aparentemente para recibir tratamiento por presión arterial alta. Cuando regresó, se enfureció contra el tribunal, gritando: "¡Todo lo que están diciendo es pura mentira!". Fue expulsado de la sala.

Además de orquestar la masacre de Srebrenica, Mladic finalmente también fue condenado por múltiples crímenes vinculados al asedio de casi cuatro años a Sarajevo, la capital de Bosnia, en el que murieron 10.000 personas, incluidos 1500 niños.

Durante el asedio, el más largo en la historia de la guerra moderna, los hombres de Mladic bombardearon la ciudad desde las montañas circundantes y aterrorizaron a los civiles con balas de francotiradores. Los jueces también lo declararon culpable de la persecución y el exterminio de personas no serbias que vivían en grandes zonas de Bosnia.

Dentro de Serbia, la destreza militar de Mladic era legendaria. Ljiljana Bulatovic, quien escribió una biografía sobre él, dijo que seguía siendo un héroe para muchos serbios, quienes siempre lo considerarían "el mítico protector del pueblo serbio".

Pero la magnitud de los crímenes de los que se le acusó --y el inmenso sufrimiento que infligió a los bosnios y croatas expulsados de las tierras destinadas a los serbios-- provocó repulsión internacional y el ofrecimiento de una recompensa de 14 millones de dólares por su captura, aunque nunca fue reclamada después de que los investigadores de crímenes de guerra serbios lo detuvieran.

Sus primeros años de vida, de desolación y lucha, podrían haberlo ayudado a sostenerse durante sus largos y austeros años como fugitivo.

"Tenía una gran fortaleza psicológica", dijo más tarde Ratko Skrbic, un exgeneral que sirvió bajo su mando. "Tiene que ver con el honor militar. Fue educado para no rendirse nunca".

Ratko Mladic nació en la pobreza en el remoto pueblo de Bozanovici el 12 de marzo de 1943, cuando la zona era parte del Estado Independiente de Croacia, un Estado títere nazi dominado por nacionalistas croatas fanáticos.

Su padre, Neda Mladic, un serbio étnico miembro de la resistencia partisana liderada por los comunistas, fue asesinado cuando Ratko era un niño pequeño, y su madre, Stana (Lalovic) Mladic, lo crió a él y a sus dos hermanos. La experiencia de su familia plantó en Mladic un profundo temor de que los serbios étnicos, a menos que tuvieran la ventaja, siempre enfrentarían la persecución de los croatas y otros grupos étnicos.

De joven fue trabajador metalúrgico, pero pronto recurrió al ejército para su formación. Con su mente aguda, fuerza física y un carisma que inspiraba una profunda lealtad, Mladic ascendió rápidamente en el Ejército Popular Yugoslavo.

Se decía que en los inicios de su carrera militar se había adherido a la versión del comunismo de Josip Broz Tito, que rechazaba el nacionalismo y en su lugar promovía la hermandad yugoslava como una forma de mantener unida la frágil asamblea de repúblicas multiétnicas y multirreligiosas de Yugoslavia.

Tito murió en 1980, y después de que Milosevic avivara los rencores nacionalistas y Yugoslavia comenzara a desintegrarse a principios de la década de 1990, Mladic asumió la causa de Milosevic: detener el separatismo y asegurar el dominio de los serbios, el grupo étnico más grande. En 1992, un mes después de la declaración de independencia de la República de Bosnia, las fuerzas de Mladic comenzaron el asedio a Sarajevo.

En 1994, su hija, Ana, una estudiante de medicina de poco más de 20 años, se suicidó con su preciada pistola militar, aparentemente perturbada por las acciones de su padre en la guerra.

Zoran Stankovic, un exministro de defensa serbio y amigo de Mladic que le realizó la autopsia a la hija, dijo más tarde que Mladic le había pedido que cortara un mechón de su cabello y extrajera la bala de su cabeza, y que se los entregara para conservarlos como recuerdos.

Sus amigos dijeron que perdió la razón después de la muerte de su hija, e insistió en visitar su tumba bajo vigilancia antes de su extradición de Serbia a La Haya.

"Después del suicidio", dijo Stankovic, "nunca vi brillo en sus ojos, solo tristeza".

Antes de la masacre de Srebrenica, Mladic convocó al comandante neerlandés de una fuerza de mantenimiento de la paz de la Organización de las Naciones Unidas que protegía a la comunidad musulmana allí, y lo llevó a una habitación donde había un cerdo vivo atado.

Mladic ordenó a sus hombres que le cortaran la garganta al cerdo, lo que hizo que la sangre brotara a borbotones por el suelo. "Así es como tratamos a nuestros enemigos", dijo Mladic, según testigos.

En julio de 1995, con las cámaras de video grabando, los guardaespaldas de Mladic repartieron dulces a los niños musulmanes bosnios. "Nadie resultará herido", les dijo Mladic a mujeres y niños aterrorizados el 12 de julio, mientras le daba unas palmaditas en la cabeza a un niño pequeño. En ese momento, sus soldados se preparaban para llevar a cabo los asesinatos en masa.

Después de la masacre, la indignación en Washington y Europa provocó una campaña de bombardeos de la OTAN que superó a las fuerzas serbobosnias y condujo a los Acuerdos de Dayton, que pusieron fin a las guerras de los Balcanes en diciembre de 1995, aunque el conflicto en la antigua Yugoslavia estalló de nuevo en 1998 por Kosovo.

En 1995, el tribunal internacional de La Haya, que había sido creado dos años antes, acusó a Mladic de crímenes de guerra y genocidio relacionados con el asedio de Sarajevo y la masacre de Srebrenica.

Mladic, que contaba con la protección de Milosevic, no se fue a la clandestinidad de inmediato. Se movía entre cuarteles militares, según amigos que dijeron que lo visitaban para jugar tenis de mesa o ajedrez. Durante varios años, visitó la tumba de su hija. Rodeado de guardaespaldas, asistió a un partido de fútbol entre China y Yugoslavia en Belgrado en 2000.

Milosevic cayó del poder en 2000 y al año siguiente fue arrestado y enviado a La Haya para ser juzgado. (Murió en 2006, cuando su juicio se acercaba a su fin).

Mladic se vio obligado a pasar a la clandestinidad, y se cree que fue protegido por aliados en el ejército y los servicios de inteligencia serbios. Su esposa, Bosiljka, y su hijo, Darko, intentaron sin éxito que lo declararan muerto. Ambos le sobreviven.

Al final, fue capturado solo, con dos pistolas cargadas a su lado, y se rindió voluntariamente.

"Felicidades", dijo cuando los oficiales irrumpieron. "Soy el que han estado buscando".

Marlise Simons, Doreen Carvajal y David Rohde colaboraron con reportería.

Marlise Simons, Doreen Carvajal y David Rohde colaboraron con reportería.

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